Mientras la segunda mitad del siglo XX pasa a la historia como la era de la televisión, los albores del XXI determinarán en qué medida ese medio debe adaptarse al nuevo panorama del sector audiovisual. Según un estudio del Centro de Estudios Audiovisuales de la Universidad de Navarra, el entorno de los medios, hoy muy distinto al de hace tres años, tendrá poco que ver con el del 2005.
Basándose en una serie de parámetros que permiten evaluar la magnitud de los cambios, el estudio anuncia algunas de las nuevas tendencias: la implantación del euro, la recesión económica, el éxito de nuevos servicios de comunicación (como el i-mode en Japón, con más de 30 millones de usuarios) y la diversificación multimedia de los grandes grupos de comunicación, tanto en Europa como en Estados Unidos.
En el Mercado Internacional de Programas de Televisión (MIPTV) celebrado en Cannes esta semana, en el que han participado 22 empresas catalanas, pocas han sido las conclusiones alcanzadas más allá de que «el mercado audiovisual funciona al ralentí», según Jordi Penas, director del Institut Català de les Indústries Culturals. Otros datos que aireó el MIP son que en Europa vemos menos televisión (203 minutos al día) que en el continente americano (250 minutos), y que la media mundial de 203 minutos se mantuvo estable con respecto al año anterior a pesar de los atentados del 11-S.
Pero las nuevas tendencias no vienen marcadas por el comportamiento de la audiencia frente al televisor, sino por los avances tecnológicos. El estudio de la Universidad de Navarra enuncia hasta once tendencias de cambio. Entre ellas, la llamada convergencia de redacciones que aprovecha las ventajas de la tecnología digital. El soporte -papel, televisión, Internet…- deja de ser importante: en su lugar, los empresarios de la comunicación hablan de la información como base de su negocio, y el periodista debe ser polivalente y versátil.
Otra de las tendencias se refiere a la apuesta creciente por los «reality shows», más baratos que las telecomedias y más apreciados por la audiencia que la ficción. De hecho, el último informe de Eurofiction constata que estos contenidos han tocado techo en los principales países europeos y que en su lugar se apuesta por ofrecer informativos (reportajes, investigación…) en «prime time». De esta manera, la ficción tendrá que buscar su continuidad en la interactividad. Sus contenidos no cambiarán, sólo la forma, pero los espectadores podrán participar en los guiones.
Y es que la interactividad es ya una realidad en las principales cadenas anglosajonas. Incluso los anunciantes reconocen las ventajas de la segmentación de audiencias que proporciona la televisión digital. Otra de las posibilidades que ofrece la tecnología es la fragmentación de la pantalla, asimilando la estética del ordenador y combinando imágenes, datos, fotografías, etcétera, tan útiles en los informativos. Por no hablar del presentador virtual. Nada nuevo: hace diez años, Max Headroom popularizó ese concepto, que ahora cobra sentido en webs de noticias.
Las conexiones de banda ancha a Internet se están convirtiendo en una nueva vía de entrada para los contenidos televisivos, y este será uno de los pilares tecnológicos de la televisión del futuro. La pequeña pantalla se hará mucho más grande y el DVD producirá otros contenidos. A todo eso hay que añadir el servicio de vídeo a la carta (VOD), fundamental para la implantación de la televisión interactiva. Por no hablar de la televisión personalizada: los videograbadores personales (PVR), unos pequeños vídeos digitales que funcionan sin cintas y graban emisiones en un disco duro, lo que permite acceder a la información como si se tratara de una base de datos.