Uno de los grandes dilemas que tiene ante sí el Gobierno es la adopción de un estándar tecnológico abierto que permita a los televidentes ver todas las cadenas con un único descodificador. Ante la llegada de la televisión digital terrestre y la aparición de nuevos operadores, los telespectadores no tendrán más remedio que comprar un descodificador para recibir la señal en sus televisores o adquirir un nuevo televisor digital, cuyo precio es aún prohibitivo para la gran mayoría de los ciudadanos.
Hasta ahora, los descodificadores han sido subvencionados por las propias cadenas y desarrollados por diferentes fabricantes, usando especificaciones técnicas incompatibles entre sí. Esta situación puede provocar la confusión de los usuarios y paralizar el mercado, ya que los televidentes quieren acceder a todos los servicios que ofrecerá la televisión digital pero sin tener un descodificador para cada operador.
La búsqueda de un estándar universal que ayudase a la implantación masiva de esta tecnología impulsó la creación, hace siete años, del consorcio Digital Video Broadcast (DVB), al que pertenecen fabricantes y desarrolladores de software. El resultado de sus investigaciones ha sido el estándar MHP (Multimedia Home Platform), rodeado de polémica, y que hasta el momento sólo está funcionando en Finlandia (donde se han vendido únicamente unos 1.000 descodificadores).
Hay dudas de que MHP sea el estándar adecuado. Por su precio, que estará en torno a 500 euros (unas 83.000 pesetas), y porque necesita gran capacidad de memoria RAM, un procesador potente y disco duro. La industria está abierta a la creación de un estándar hacia el que vayan migrando los actuales descodificadores. A pesar de que aún faltan años hasta que las televisiones digitales que operan actualmente (Canal Satélite Digital, Vía Digital y Quiero TV) amorticen su millonaria inversión en descodificadores, estos tres operadores, al igual que el resto de cadenas terrestres que aún no han empezado a emitir (Net TV y Veo TV), están dispuestas a un estándar común.
Las televisiones se preguntan quién financiará esos descodificadores. ¿Estará dispuesto el usuario a pagar esa suma por acceder a los servicios de televisión digital terrestre? O, por el contrario, ¿deberán invertir las propias cadenas en las cajas sin tener asegurada la viabilidad del negocio digital?
«Es una pescadilla que se muerde la cola», afirma el responsable de una televisión en abierto que prefiere ocultar su nombre. «No hay ancho de banda suficiente para emitir contenidos atractivos, y además, se obliga a las televisiones a invertir una suma millonaria en descodificadores que no serán prácticos para el televidente. El ministerio debe darse cuenta de que son las televisiones generalistas, que llegan al 80% de la población española, quienes deben liderar la transición al entorno digital. Pero no lo pueden hacer solas».
Descartadas las ayudas directas a las televisiones por parte del Gobierno, en el Ministerio de Ciencia y Tecnología se debate desde hace meses la imposición o no del estándar MHP en reuniones periódicas con representantes de la patronal tecnológica Aniel que nunca llegan a buen puerto. De hecho, Aniel, la principal asociación que está promoviendo la adopción del estándar MHP a través de una comisión de televisión digital que dirigen representantes de Philips, tiene redactado desde hace tiempo un memorando de ocho puntos que nadie en la industria ha firmado aún.
En el sector se rechaza la imposición de un estándar que, como señalan muchos expertos y reconoce el propio documento de Aniel, todavía tiene que incorporar especificaciones técnicas, como cuestiones relativas a la interactividad. «La madurez del MHP no llegará hasta 2003», afirman los directivos de Interisa, el único fabricante español de descodificadores. «Quizás sea prematuro imponer estándares en una industria que aún no ha echado a andar».
Operadores, fabricantes y desarrolladores de contenidos piden que el ministerio coja el toro por los cuernos y fomente la creación, como ha hecho el Gobierno francés, de un consorcio que incluya a todas las compañías afectadas. «¿Por qué se invita a las reuniones del ministerio sólo a Philips y a Sony?», preguntan algunas voces. En el mercado de la televisión digital hay demasiados intereses en juego para dejarlo en manos de un único interlocutor.
