De las dos películas que viven dentro de esta extraña «Efectos secundarios», sin duda alguna, la más interesante es la primera, que también lo es en un orden cronológico. En ella, asistimos a la desesperación de una mujer joven (la magnética Rooney Mara) por las oscuras circunstancias en que se produjo la quiebra de sus sueños, y su cada vez más desaforada recurrencia a fármacos que le permitan vivir su día a día. Eso deriva hacia un cuestionamiento en toda regla de la medicamentación que parece la cara más horrenda del capitalismo avanzado. Ejecutivas, hombres de empresa y hasta psicólogos recurren a los ansiolíticos, y Soderbergh pone su oficio en aras de la denuncia de sus excesos, así como de la rapacidad de la industria farmacéutica en la promoción de su uso.
Pero… siempre hay en un pero en este tipo de planteamientos, porque pronto se abre paso lo que verdaderamente interesa al guión, que no es esa denuncia, sino su instrumentalización para crear una tensión dramática que lleve a un sorprendente, y muy impostado, crescendo final. Bien rodada, se ve sin desdoro, pero hay que lamentar que la aparente ambición de la primera mitad sucumba en aras de la creación de una trama hecha para contentar a los amantes del género.
Sinopsis: Emily (Rooney Mara), esposa de Martin (Tatum), acude al Dr. Banks (Jude Law) tras un intento de suicidio. Las píldoras antidepresivas que le receta tendrán terribles efectos adversos.
Fecha de emisión: martes 18 de agosto, a partir de las 00:10 horas, en Canal Sur Televisión.
