La Gala de la 8ª Edición de Premios Bonobo celebrada el pasado jueves 30 de mayo fue, un año más, todo un éxito.
Por segundo año consecutivo, se ha elegido como marco de entrega de los premios, el Teatro El Principito. Hablamos nada más y nada menos, de un lugar que se convirtió en regalo del monarca Alfonso XIII a su amante, la actriz Carmen Ruiz Moragas.
Rodeados de la belleza del lugar y del divertido ambiente que se creó entre el público asistente, los actores Joaquín Tejada y Ana Bragado condujeron una gala muy divertida, con momentos de teatro improvisado y mucha interacción con los invitados.
Este año el público también disfrutó de la actuación al piano del artista Juan Sinmiedo, que con canciones compuestas por él, como una dedicada al dramaturgo Jean Genet y una copla muy especial sobre el amor y la libertad, entre otras, puso el punto musical a la velada.
Palmarés 8ª Edición Premios Bonobo
– Premio Especial al Mejor divulgador sexual del año. Este galardón reconoce a profesionales que llevan a cabo la divulgación y naturalización de la sexualidad. Sonia García Barbera por su libro Sexo sin genitales.
– Premio Especial Bonobo Travieso. Este galardón lleva a cabo un reconocimiento a profesionales que contribuyen a normalizar el sexo contra los convencionalismos. Pilar Ordóñez (actriz) por sus espectáculos Miss Tuppersex y Miss Sex, donde a través de sus monólogos normaliza el sexo.
– Premio Especial a la Trayectoria. Este galardón se suma este año a los Premios especiales otorgados por la organización, como reconocimiento a profesionales del sector erótico. Marta Corrales por su dedicación al comercio de productos eróticos.
– Premio Especial Bonobo Senior. Otro galardón que se suma este año y se otorga a los creadores de obras de carácter erótico mayores de 60 años. Pedro Pozas Terrados por su poesía erótica.
– Premio Especial Blog del Cine Español al Mejor cortometraje español. Demelsa López por Die Sünde (El pecado)
Pintura e Ilustración Digital
– Pintura e Ilustración Digital. Premio del público dotado con 300€ Ángeles González Romo por Felina.
– Pintura e Ilustración Digital. Premio del Jurado dotado con 300€ Laura Sánchez Espejo por Sinfonía de la piel.
Poesía
– Poesía. Premio del Público dotado con 300€ Valeri Valera por Tu piel.
– Poesía. Premio del Jurado dotado con 300€ Vanesa Lemes Dos Santos por Miel de verano.
Audio-Relatos
– Audio-Relatos. Premio del Público dotado con 300€ Ángeles González Romo por El bar mon amour.
– Audio-Relatos. Premio del Jurado dotado con 300€ José Miguel Bautista Cruz por Soy tuya.
Relatos
– Relatos. Premio del Público dotado con 300€ Salvación Padilla por Luna roja.
– Relatos. Premio del Jurado dotado con 300€ Ana Beatriz Angulo Como si fuera un sueño.
Reels
– Reels. Premio del Público dotado con 300€ Salvación Padilla por Sumisión.
– Reels. Premio del Jurado dotado con 300€ Abel Fernández Silva por Song of devotion.
Fotografía
– Fotografía. Premio del Público dotado con 300€ Valeri Valera por Foto V.
– Fotografía. Premio del Jurado dotado con 300€ William Trigueros por Foto 1 W.
Cortometrajes
– Cortometrajes. 3º Premio del público dotado con 500€ Carlos David Buelvas por Tentaciónl.
– Cortometrajes. 2º Premio del público dotado con 1000€: Valeri Valera por Sensualidad vintage.
– Cortometrajes. 1º Premio del público dotado con 1.500€ Weiio por El proceso creativo.
– Cortometrajes. 3º Premio del Jurado dotado con 500€ Inés León Salazar por Consentido sabe mejor.
– Cortometrajes. 2º Premio del Jurado dotado con 1000€ Bibian Norai por Depravación.
– Cortometrajes. 1º Premio del Jurado dotado con 1500€ Demelsa López por Die Sünde (El pecado)»









La nueva apuesta de Caye Casas supone su debut en solitario después de Matar a Dios, que fue codirigida con Albert Pintó. Con muchos menos recursos que su ópera prima, Casas consigue abrazar su espíritu low cost para dotar a la historia de una atmósfera costumbrista que oscurece más si cabe una premisa ya de por sí oscura.
Conviene no mencionar mucho acerca del argumento para no desbaratar la experiencia. Algo que sin duda agradecerán algunos espectadores y afearán otros cuya sensibilidad quizás no comulgue con el detonante que propone Casas en colaboración con Cristina Borobia –co-guionista y directora de arte-. David Pareja y Estefanía de los Santos interpretan a una pareja que acaban de ser padres. Él no parece haber tenido ni voz ni voto en esa decisión y es por eso que resulta de vital importancia tomar el control en algo mucho más banal como la adquisición de una mesita hortera con la que coronar el comedor de su casa. El vendedor, Eduardo Antuña, encarna aquí a un Mefistófeles de barrio que consigue engatusar a un afanado protagonista, que piensa que con este gesto, reconquistará, si acaso un poco, su masculinidad puesta en duda.
Casi toda la película transcurre en la vivienda de la joven pareja, y es en el trabajo de ese espacio donde el carácter perverso de la historia adquiere unos tintes más opresivos y asfixiantes. La situación que trata es atroz, pero el modo en que es narrada resulta aún más atroz, porque coquetea con el humor negro, y es ahí donde el artefacto corre en ocasiones el riesgo de descarrilar. Es ahí, donde podríamos decir aquello de «con la iglesia hemos topado».
Y es que la película propone un tema tabú con el que es difícil estar a la altura, tanto en su desarrollo como en su desenlace. Resulta casi imposible enfrentarse a una situación que no podemos –o no queremos- imaginar, y es por esto que su resolución se presenta casi irresoluble, ya que no consigue eludir lo inevitable. Así, la respuesta que se da a la premisa, tiene forma de un final previsible en el que se echa en falta un último revés. Pero quizás todo sea, a fin de cuentas, una consecuencia lógica e inevitable de lo propuesto anteriormente.
En contraposición a Matar a dios, La mesita del comedor, está rodada con un presupuesto exiguo que deviene en una factura técnica con aire de cortometraje pero que también refuerza lo cotidiano que rodea a la historia. A pesar de la locura que cuenta y cómo ésta es llevada al paroxismo absoluto, todo se narra en el marco de un ambiente de andar por casa, y esta naturalidad choca con las oscuridades que hay debajo del sofá, generando un constante rechazo y desafiándote en los momentos en que sus autores parecen querer sacarte una sonrisa.
Resulta sorprendente que el ritmo no decaiga en ningún momento cuando estamos ante la clásica historia ambientada en su mayor parte en un escenario, y que sin duda será carne de adaptación teatral en el futuro. Cada momento destinado a rellenar minutos consigue sumar angustia en esta pesadilla cuesta abajo y sin frenos, y esto se debe también a un trabajo de guion muy medido y a unos personajes con sustancia interpretados por unos actores bastante inspirados.
Pareja corre el riesgo de especializarse en turbiedades, si tomamos como referencia aquella perturbadora película que hizo con Javier Botet, Amigo (Óscar Martín, 2019). Según parece, el actor estuvo enfermo durante el rodaje, lo cual contribuyó sin duda a una desquiciada interpretación con la conduce la película a través de un trabajo muy ensimismado, que te hace empatizar con la angustia de su personaje. El resto del elenco se coloca como contrapunto al infierno que está viviendo él y, por extensión, nosotros como espectadores.





