El porno en TV no admite determinado tipo de películas – Una cinta cuesta unos 6.000 euros y se rentabiliza con 1.300 compras, de las más de 100.000 que se hacen cada mes al precio de 4,6 euros – En Vía Digital, la fecha que más se vendió fue un día de Navidad
Los 70 trajeron a la pequeña pantalla los primeros senos, los 80 las películas «S», los noventa las primeras cintas pornográficas, aunque pagando, y el nuevo siglo el ver gratis y sin codificar todo el asunto de la pelota picada, por obra y gracia de los canales locales. Pero como la mayoría de éstas no las sintoniza la mitad del personal, y buena parte del otro se tiene que conformar con hacerlo de mala manera, estropeándose la vista por culpa de las rayas y la niebla, Digital+ sigue siendo quien más feliz hace a los adictos a este género y por supuesto a sus accionistas, habida cuenta de que las cuentas que presenta la comercialización de estos largometrajes son las únicas que no tienen números rojos en su famoso «pay per view» (pago por visión). Eso sí, ni es oro todo lo que parece para éstos, ni tan siquiera para los telespectadores amantes de este género, habida cuenta de que no pueden ver todo lo que se produce en éste.
Y es que, pese a la libertad de la que gozamos, todavía sigue existiendo de alguna manera la censura en la tele que vemos, por mucho que Carlos Aured, hombre que lo fue casi todo en este campo (director, guionista…) y que ha estado seis años encargado del visionado y compra de todo el porno que entraba en la otrora Canal Satélite Digital, trate de disfrazar esa palabra: «No es que haya censura como tal, pero sí que está claro que no se pueden programar películas que muestren malos tratos, ni, por ejemplo, cintas de zoofilia».
Claro que, por motivos más vinculados a los gustos de los adictos a estas cintas, hay otros muchos temas que apenas aparecen en la programación «X» de la plataforma digital: «No se compran tampoco títulos de señoras embarazadas, ni de las llamadas de senos grandes, salvo que intervenga una famosa que se ha puesto una silicona considerable y puede tener su interés, ni de las protagonizadas por personas mayores, excepto, como ocurría con la categoría anterior, que se trate de un actor veterano que vuelve a trabajar».
Carlos Aured, por motivos de trabajo, ha sido uno de los hombres que más porno ha visto en España: «Veía al menos tres películas diarias, dado que no compraba nada sin haberlo visionado antes, y me fijaba tanto en la fotografía como en los actores, aunque a la media hora, tras enterarte de la trama, ya vas dando a la marcha rápida». Puede que por ello fuese también uno de los más envidiados, «la verdad es que a todos esos que me decían que vaya suerte de trabajo siempre les decía que si lo tuvieran ellos verían cómo a los tres meses estaban hartos de sexo».
Digital+ viene a comprar al mes unas 25 películas, teniendo siempre en cuenta las que son para sus taquillas y las que son para Canal+, para quien se reserva «los títulos que tienen unos cánones estéticos más fuertes, dado que aquí el telespectador tiene que ver la cinta que le ponen mientras en las taquillas puede escoger».
En los precios de estos largometrajes es donde se puede decir que reside la principal diferencia con el cine convencional. Mientras que en éste las «majors», las grandes norteamericanas, cobran millones y millones por los derechos de sus títulos más comerciales en televisión (Telecinco y los antiguos propietarios de Antena 3 llegaron a pagar 3 y 6 millones de euros, respectivamente, por los derechos en abierto de «Salvar al soldado Ryan» y «Titanic»), en el mundo del porno las cantidades que se exigen oscilan entre los 12.000 euros, las rodadas con mayor presupuesto, y los 3.000 euros, las de una calidad visual menor. La mayoría de las compras están en torno a los 6.000 euros. De esta forma, a la hora de pagar por ver, al precio de 4,6 euros por cada largometraje (los «normales» cuestan sólo 2,9 euros), las plataformas pueden rentabilizar el mismo por cada 1.300 compras de la misma, algo que vienen haciendo, dado la multidifusión de las cintas, en una semana (las menos demandadas suelen ser adquiridas en torno a las 3.500-4.000 veces al mes).
Distribuidoras
En España son cuatro o cinco distribuidoras principalmente las más contratadas, aunque en ocasiones también compran alguna que otra a un particular. «Private» sigue siendo la más demandada, y el porno norteamericano el más adquirido, dado que la producción nacional en este sector, no es muy elevada. Digital+ adquiere el 80 por ciento del cine porno que se hace aquí, pero aún así el porcentaje de éste que se emite apenas llega al 8 por ciento de su oferta. Además, y como ocurre en televisión con las películas convencionales, los precios se abaratan con frecuencia con la adquisición de títulos casi al por mayor. Alguno de estos paquetes salen más baratos, dado que al tratar con frecuencia con determinadas productoras éstas a veces bajan el coste para que el negocio sea por ambas partes.
De ello da fe Agustín Serra, el director general de Savor Ediciones S.A., una de las tres distribuidoras que más trabajan en la actualidad con la plataforma y con el cable español, aunque precisando que «para nosotros el negocio principal siguen siendo los video clubs, mucho más que las televisiones, casi en una proporción de tres a uno». Eso sí, ni los primeros compran cualquier cosa, «ahora se han especializado más que antes y demandan más títulos de géneros determinados», ni a las segundas se les puede ofrecer todo tipo de cintas, «el porno más fuerte no lo compran nunca».
Compras
Lo que no tiene la plataforma controlado es el tema real de las compras que se hacen en taquilla de este tipo de filmes. Las «fichas» que utiliza Digital+ para que un abonado pueda tener en su casa un remanente para comprar sin tener que estar pasando cada dos por tres por caja, hace que los amantes de este cine se oculten en tamañas «artimañas» para adquirir el mismo sin tener luego que ver reflejado en sus recibos el título de las películas adquiridas.
Si les «presionas» mucho te pueden indicar eso sí que al final de cada mes pueden estar entre las 100.000 y 150.000 compras de estas películas (las tres cuartas partes de lo ingresado iría a la cuenta de beneficios), o datos interesantes como que las compras en Semana Santa se multiplican a veces casi por dos. En este sentido hay que recordar que en la extinta Vía Digital, la fecha que más negocio había tenido su Taquilla X había sido un día de Navidad. Los fines de semana se compra más porno que de lunes a viernes, aunque en una proporción tampoco excesiva, alrededor de siete a diez.
Dado el tirón de este cine, mientras que a Digital+ no le resulta rentable mantener determinadas taquillas convencionales abiertas, toda vez que la capacidad de sus transpondedores no es ilimitada, no ve inconveniente alguno en multiplicar su oferta pornográfica, tanto para deleite de los abonados a este género como de sus propios intereses monetarios. Así, en la actualidad dispone de tres taquillas para cine X heterosexual (la 122 es de XX) y otra más para el gay (la 124 se llama XY) que emiten las 24 horas del día y que en cada jornada ofrecen al menos una película nueva.
Todo ello sin contar con que los viernes «regala» a su clientela una cintas de estas características, a través del Canal+ (también en su versión analógica); los sábados otras dos, en Canal+ 2; y los domingos otras tantas, en el Canal+ Cine 1. A todo ésto hay que añadir las taaquillas porno de Auna e Imagenio, el sexo «light» del Canal Playboy. con chicas desnudas todo el día, o las películas «S» y «X» con que nos obsequian cada noche los canales locales, o la parafernalia de líneas eróticas que inundan éstos en la madrugada, con más mujeres muy ligeras de ropa, o…
Pese a llevarle la contraria a José Luis López Vázquez, lo verde ya no empieza en los Pirineos, sino en el sillón de nuestra casa.