La llamada televisión del futuro empieza a andar teóricamente mañana, pero en amplias zonas de Galicia acceder a la veintena de canales que inicialmente conformarán la oferta queda para fechas aún por determinar porque la cobertura se ceñirá prácticamente a las zonas más pobladas: las siete grandes ciudades y sus áreas metropolitanas; toda la costa de Pontevedra; el norte de la provincia de A Coruña y determinados puntos de la lucense. Carecerán de servicio casi toda la Costa da Morte, la mayor parte del litoral lucense, el Baixo Miño, el interior de Ourense y otros puntos.
El Ministerio de Industria, Turismo y Comercio fijó para mañana, 30 de noviembre del 2005, el relanzamiento de la televisión digital terrestre (TDT), un sistema de emisión con el que ya se estaba trabajando desde el 2002. De hecho, los canales analógicos de Televisión Española, Televisión de Galicia, Canal+ (ahora Cuatro), Telecinco o Antena 3 ya se pueden ver en este formato desde hace meses, en pruebas, pero el punto de partida oficial es mañana.
El decreto que regula el plan nacional de la TDT prevé que la cobertura llegue al 80% de la población española a finales de este año. Este período es la antesala del llamado apagón analógico que se producirá en el año 2010, cuando la cobertura alcance al 95 o 98% de los hogares. Acto seguido comenzará la transición digital hasta el final del sistema de emisión actual.
La amplia campaña informativa puesta en marcha por el ministerio, a la que hay que sumar las ofertas de las superficies comerciales e incluso promociones de grupos de comunicación, han animado a los usuarios a hacerse con receptores TDT, convencidos de que al llegar a casa se abrirá ante ellos un abanico de posibilidades similar a la televisión digital por satélite, y además, gratuitamente.
El primer impedimento con el que se encontrarán es la limitación de la cobertura, y su única satisfacción será acceder a los canales autonómicos con la imagen y el sonido mejorados. Con suerte, antes del 2010, su mando a distancia se le irá quedando pequeño, siempre y cuando no tenga la desgracia de que su casa caiga en esa horquilla del 5 al 2% a la que no llegará la televisión del futuro antes de la transición digital.