France Telecom ha comprado Amena. Después de varios meses estudiando la operación, la operadora gala rubricó ayer a primera hora de la tarde la adquisición de la filial de móviles de Auna por un importe total de 10.600 millones de euros, precio que abonará a partes iguales en efectivo y en acciones de la propia teleco.
Mientras el comité de dirección de Amena permanecía reunido en El Escorial, los accionistas de referencia de Auna, con Endesa, SCH y Fenosa a la cabeza, acordaban la venta del tercer operador nacional de móviles a France Telecom, deseoso de no dejar pasar esta oportunidad para entrar en España, que es su mercado natural y en el que ya opera bajo las marcas de Uni2 y Wanadoo.
Bajo la cobertura legal del bufete estadounidense Jones Day, las partes involucradas firmaron el acuerdo al término de un almuerzo celebrado ayer en Madrid. Mientras los accionistas españoles han contado con el asesoramiento de Merrill Lynch, la operadora gala ha estado asistida por BNP Paribas y el despacho Noqca Partners, con los que ha colaborado Societe Generale en representación del Estado francés, propietario de un 34,9%.
«El precio ofrecido no es descomunal«, explica un destacado ejecutivo del sector de telecomunicaciones. «Falta por saber qué parte de deuda irá incorporada a la compra de Amena, ya que Grimá unificó los 4.500 millones de euros de todo el holding«. Con esa incógnita por despejar, también ha extrañado la disposición de los vendedores a aceptar acciones de France Telecom como forma de pago.
Por parte de la operadora gala, la jugada parece redonda. De un plumazo, el gigante de las telecomunicaciones francés ha conseguido introducirse en un mercado donde ejercen como operadores dominantes dos multinacionales del móvil, como son Telefónica y Vodafone, y no castiga significativamente su balance, del que cuelga una deuda de casi 50.000 millones de euros.
Para sorpresa de los propietarios de Auna, la oferta presentada por la francesa supera con creces las propuestas a la baja vinculadas con los consorcios de capital riesgo que pujaban en la compra del holding, a los que se atribuía un precio máximo de 12.000 millones por todo el grupo. Para ellos, después de meses de especulaciones y sonados cambios de filas entre unos y otros, la decepción y el enfado por sentirse utilizados para encarecer el proceso de venta.
El fin de semana anterior a que concluyera el plazo de entrega de las ofertas vinculantes, el lunes 11 de julio, saltaron todas las alarmas. La presencia por Madrid del presidente de France Telecom, Didier Lombart, no parecía mera casualidad, sobre todo después de saber que se reuniría con el ministro de Industria, José Montilla. Desde ese día, los mensajes eran inequívocos. El Gobierno prefería un comprador industrial y France Telecom pedía tiempo.