Los mayores operadores de cable españoles juegan al ratón y al gato. La semana última fue Ono quien quiso comerse a Auna, mientras el pasado mes de octubre la caza se había planteado en sentido inverso.
Después de cuatro años de escarceos la fusión no llega y los 2,14 millones de usuarios de esta alternativa en «telecos» comienzan a dar muestras de cansancio porque las compañías dan prioridad a un objetivo que, en lo inmediato, deteriora el precio y la calidad de los servicios.
Los sueños de grandeza de los principales ejecutivos de Ono, Eugenio Galdón, y de Auna, Joan David Grimá, han chocado una vez más la pasada semana con el cálculo conservador y especulativo de los accionistas y reales propietarios de los dos principales grupos españoles de servicios de telecomunicaciones por cable.
En esta ocasión ha sido Galdón quién ha movido ficha proponiendo una oferta de 2.700 millones para hacerse con su competidora. El envite ha concluido en fiasco, al menos por ahora; la propuesta primero fue ninguneada por los propietarios de Auna, y finalmente resultó desmentida por los mismos accionistas de Ono.
El pasado mes de octubre la situación se había planteado de manera inversa. En aquella ocasión fue Auna la que realizó una oferta por 2.400 millones (de los que 1.350 estaban dedicados a asumir deuda) para absorber a su competidora. El escarceo quedó inmediatamente zanjado por los dueños de Ono que rechazaron la oferta y exigieron, para tomarla en cuenta, que debía superarse a si misma al menos en un 30%.
Una fusión necesaria para España
La conveniencia y aún el advenimiento inevitable de la fusión entre Auna y Ono es un axioma que se ha instalado en el panorama de las «telecos» españolas. Todos los agentes del sector la han asumido como si fuera un dogma de fe.
Esta verdad irrefutable fue formulada por primera vez en diciembre de 2001 por un directivo de una operadora de cable, Retecal. «La existencia de un solo operador de cable en España –dijo– no sólo sería ideal porque permitiría ofrecer una competencia fiera a Telefónica (TEF.MC), sino también posible porque, al actuar por demarcaciones, los cable operadores no establecen competencia entre si«.
La idea prendió como la pólvora, y a lo largo de los cuatro años transcurridos ha sido reclamada por diferentes ministros, Josep Piqué, Juan Costa, José Montilla, por el hoy ex presidente de la CMT, Carlos Bustelo, e incluso se incorporó al contenido de los programas electorales de las principales formaciones que concurrieron a las últimas elecciones generales.
Todo queda en manos de Botín
La propuesta de fusión ha sido teorizada también por quien tiene una posición de privilegio para poder lograrla. Esto es, el Banco de Santander (SAN.MC), que desde una situación de legalidad dudosa aunque consentida, cuenta con una participación del 32% en Auna y del 18% en Ono.
El problema es que su presidente, Emilio Botín, tiene en este asunto al corazón partido. Unas veces escucha los cantos de su hombre de confianza en Ono, el presidente Eugenio Galdón, y asume sus propuestas de compra de Auna, y otras veces está más inclinado a los intereses de su alfil en Auna, Joan David Grimá, y se declara favorable a que el juego del ratón y el gato se resuelva a la inversa.
Este estéril ir y venir de declaraciones y propuestas vacuas ha terminado por agotar la paciencia de los 2,14 millones de clientes de cable que existen en España. Después de ocho años de crecimiento lento pero sostenido, han comenzado a aparecer síntomas de cansancio.
La evolución del sector del cable
Aunque el desarrollo del cable no ha sido lo amplio que en principio se esperaba, hoy se ha convertido en la alternativa más clara al histórico monopolio. Mientras Telefónica conserva el 75% del mercado fijo convencional, la suma de Auna y Ono ha alcanzado el 11%, según los últimos datos de la CMT.
En banda ancha el progreso de las operadoras alternativas ha sido más evidente; mientras Telefónica mantiene el 58% de los clientes, las dos empresas de cable alcanzan el 22%. La evolución constantemente positiva de los ratios del negocio del cable, sin embargo, se ha visto quebrada durante 2004. Los usuarios no sólo comienzan a dudar de la calidad del servicio que reciben, sino también de su precio.
Una encuesta realizada en el último verano por la organización de consumidores OCU entre 1.300 personas revela que, si bien Ono con el 38% y Auna con el 25%, siguen siendo las compañías de «telecos» más valoradas por sus propios clientes, en los últimos tiempos han visto crecer el número de usuarios (Ono el 19% y Auna el 22%) que afirman que «en ningún caso» o «probablemente nunca» se las recomendarían a un amigo.
El año pasado el crecimiento de la banda ancha en ambos referentes del cable sufrió una desaceleración hasta el punto que se vieron superados por la evolución de Wanadoo.
Apuntando en la misma dirección, los encuestados de la OCU no quisieron incluir a Ono ni a Auna entre los 10 operadores que consideraban como «los más baratos del mercado«.