Vivimos en una sociedad dominada por los prejuicios. Juzgamos sin saber aquello que no conocemos y sentenciamos antes de tiempo al diferente. Una rama importante del cine social se ha encargado durante décadas de educar a la sociedad en la tolerancia y la empatía, a veces desde el drama social, a veces desde la comedia. En cualquiera de estas dos categorías, los guionistas y directores se balancean como un funambulista por unas líneas rojas tonales que van del paternalismo a la burla, de la sensiblería a la lágrima fácil.
Haciendo amigos pone el foco en los prejuicios que la sociedad sigue teniendo alrededor de la gente con discapacidad. Un desconocimiento que lleva, en este caso a un par de ladrones amorales y expresidiarios a sentirse con la potestad de juzgar a los demás. La premisa de la película entra de lleno en la comedia de enredos: dos ladrones de poca monta (Antonio Resines y Quim Gutiérrez) se infiltran en un campamento de personas con discapacidad para fugarse de un atraco. Para lograrlo, uno de ellos debe fingir una discapacidad para engañar a los participantes y monitoras sin revelar su identidad ni su crimen.
A pesar de partir de un guion previsible y muy encajonado en los códigos de la comedia familiar española -queda patente el sello de Santiago Segura como productor-, Haciendo amigos cuenta con varios aciertos que la elevan por encima de otras propuestas parecidas. Para empezar, el dúo de consagradas estrellas cómicas formado por Resines y Gutiérrez desborda carisma y conforma los cimientos del entretenimiento de la película. A esta pareja se suma un elenco de actores noveles con discapacidad que son el corazón de la película y que construyen unos personajes que, además de divertidos, resultan reales y convincentes.
El otro gran acierto del film es el tono. Haciendo amigos rehúye el paternalismo con el que muchas películas tratan temas como la discapacidad y, a pesar de pasarse de didáctica en algunos momentos que pueden resultar subrayados, tiene su componente de mala leche y unos personajes que van más allá de sus circunstancias. Es sorprendente ver como elabora algunos gags de humor muy adulto a pesar de su envoltorio de comedia familiar, lo que puede hacer dudar del público objetivo de la cinta. Como si se tratara de una comedia de Adam Sandler, el guion firmado por Marta González de Vega -actriz de la película y guionista habitual de Santiago Segura- no juzga la inteligencia de su público y se permite bromas sencillas propias del cine familiar y salidas de tono como llevar a toda la cuadrilla a un prostíbulo.

La dirección de David Marqués (guionista de otra cinta de tono parecido como Campeones), no brilla en lo formal, sino que demuestra entender que la potencia de la película está en la dirección de actores. El carisma del elenco principal, al que hemos de sumar una sólida interpretación de Megan Montaner como monitora/interés romántico, logra cautivar lo suficiente como para no exigir una puesta en escena rompedora. Quizá la nota discordante esté en los cameos (David Guapo, Pantomima Full…) que nos recuerdan a los amiguismos propios del cine de Segura y distraen del alma que desprende el grupo principal de personajes.
Haciendo amigos es una película que tiene toda la fuerza en su corazón y su entrañable reparto. La temática entorno a la que gira su argumento puede hacer pensar que es una película con mensaje y, a pesar de que todos podemos extraer una lección como hacen los protagonistas, el film se beneficia de sus momentos más gamberros, en los que la integración y la mirada desprejuiciada se siente natural y no impuesta.
