“La ciencia de la ciencia-ficción”: ¿qué hay de real tras nuestro género favorito?

lacienciacienciaficcionLo reconozco. Soy fan de la ciencia-ficción, ya sea en el cine, los libros o las series. Es cierto que la literaria la tengo algo más abandonada, pero por mis manos han pasado autores tan diferentes como K. Dick, Bradbury, Gibson, Stephenson o Scalzi, por decir algunos. En cine, desde pequeño alucine con “La Guerra de las Galaxias”, “Blade Runner”, “Terminator” y me encantó la versión de “Dune” hecha por Lynch (sí, soy así de raro). Y ya de mayor salí maravillado con “Matrix”, me uní a las discusiones que provocó “Interstellar” y me emocioné hace unas semanas con “Vengadores: Endgame”.

Como veis, ciencia-ficción de todo tipo. ¿Es factible lo que vemos en el cine? ¿Se antepone el espectáculo a la verosimilitud a la hora de escribir una historia? “La ciencia de la ciencia-ficción” (16,90 €, 176 páginas), editado por Shackleton Books, es un libro en el que sus autores (Jordi José Pont y Manuel Moreno Lupiáñez), a los que se nota que son fans del género, como científicos también que son, se encargan de forma amena y divertida de enseñarnos ciencia a los más neófitos. Proporcionándonos elementos para la reflexión acerca del contenido técnico y científico de filmes y novelas encuadrados en el género de la ciencia-ficción. Además de potenciar nuestro espíritu crítico, base del método científico.

Si buscamos por internet una definición de ciencia-ficción, podemos encontrarnos con algo parecido a esto:

Ciencia-ficción es un género especulativo que relata acontecimientos posibles desarrollados en un marco imaginario, cuya verosimilitud se fundamenta narrativamente en los campos de las ciencias físicas, naturales y sociales. La acción puede girar en torno a un abanico grande de posibilidades (viajes interestelares, conquista del espacio, consecuencias de una hecatombe terrestre o cósmica, evolución humana a causa de mutaciones, evolución de los robots, realidad virtual, existencia de civilizaciones alienígenas, etc.). Esta acción puede tener lugar en un tiempo pasado, presente o futuro, o, incluso, en tiempos alternativos ajenos a la realidad conocida, y tener por escenario espacios físicos (reales o imaginarios, terrestres o extraterrestres) o el espacio interno de la mente.

“La ciencia de la ciencia-ficción” se divide en cinco bloques, desde “Star Wars” a la aclamada “2001: una odisea del espacio”, pasando por “Total Recall” (la mala) e “Interestellar”, hasta llegar a los superhéroes de Marvel y DC.

En su recorrido, tanto por la ciencia-ficción cinematográfica como literaria, los autores de “La ciencia de la ciencia-ficción”, nos desvelan de forma amena y divertida, como ciertos aspectos de nuestras películas y libros favoritos, no serían factibles si tuviéramos en cuenta las leyes de la física. Así, por ejemplo, sería imposible que el Imperio Galáctico gobernara de forma efectiva, debidos a las enormes distancias que separan a los planetas que conforman dicho imperio. Tampoco os hagáis ilusiones si pensabais llegar a empuñar alguna vez un sable láser o viajar por el hiperespacio. Estaría genial ¿verdad? Pero va a ser que no. Si llegasteis a ver “Total Recall” (os acompaño en el sentimiento), aquel reboot protagonizado por Kate Beckinsale y Colin Farrell, un ascensor atravesaba el centro de la Tierra desde Gran Bretaña a Australia. Aunque las antípodas de Reino Unido están Nueva Zelanda (no les gustaría el país de Peter Jackson a los guionistas).

¿Habéis pensado alguna vez como generan la gravedad en las naves espaciales de nuestras películas favoritas? Mejor no lo hagáis. Una nave como la Enterprise cuenta con presuntos generadores de gravedad, aunque como nos indican los autores de esta obra, la existencia de gravedad implica la presencia de masa, y para conseguir una gravedad como la terrestre en una nave se requiere de una masa del mismo calibre a bordo de la nave. Por otro lado, si sois fans de “Juego de Tronos”, esos dragones capaces de arrasar ciudades enteras no serían posibles, ya que su peso debería ser inferior a los 20 kilos para que estos pudieran alzar el vuelo. Y si habéis asistido emocionados como el que suscribe al estreno hace unas semanas de “Vengadores: Endgame”, las hazañas de “Spiderman” dejan de tener sentido práctico, cuando entra la ciencia en juego y nos descubre que, debido precisamente a su tamaño humano, sería imposible que ascendiera por paredes verticales o se colgara del techo.

Pero al contrario de lo que pudiera parecer, “La ciencia de la ciencia-ficción” no está pensado para echar por tierra sin más, el cine y los libros de los que somos fans de la ciencia-ficción. Más bien, todo lo contrario. Como ya señalé al principio, sus autores nos invitan a pensar por nosotros mismo y a que potenciemos nuestro espíritu crítico y nuestra curiosidad. Ya que como bien se expone en esta obra, el género de la ciencia-ficción, con sus especulaciones, sus errores y aciertos, es una magnifica herramienta que puede entrenarnos para abordar en condiciones los retos del futuro. Este género tan vilipendiado por unos, es por un lado entretenimiento sin duda, pero también ayuda a estimular la imaginación tanto del espectador como del lector. Esa imaginación que ha permitido que avances tecnológicos que hace una década parecieran imposibles hoy ya sean una realidad.

No hay duda que “La ciencia de la ciencia-ficción” es una lectura que os hará disfrutar, tanto a los que las asignaturas de ciencias se os atragantaban en el instituto (como era mi caso), como a los que disfrutáis descubriendo los secretos del universo a través de la ciencia. Unos y otros, si además sois fans de la ciencia-ficción, seréis aún más conscientes de la importancia de este género como motor de nuestras vidas y de nuestra mente. Porque sin imaginación, no hay nada, solo el vacío.

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