“Alguien tiene que morir”: un bonito envoltorio que pierde la oportunidad de ir más allá

alguientienequemorircriticaSe suele comentar en este mundillo, que, si la publicación de una crítica de una serie está embargada hasta el día mismo del estreno, hay algo que no pinta bien. Se entiende que no hay confianza en el proyecto, o lo que es lo mismo, que la serie es “mala”. Si a esto unimos una escasa promoción, el resultado final es fácil. Ha pasado muchas veces (tal vez demasiadas). A medio camino de todo esto anterior, nos encontramos con “Alguien tiene que morir”, miniserie creada por Manolo Caro que Netflix estrenó el pasado viernes. Un fallido intento de ser muchas cosas, pero que se queda a medio camino de dar un resultado aceptable. Encontrándonos con un producto final facilmente olvidable, a ratos entretenido, que te deja con la sensación de haber visto un culebrón muy vistoso (el vestuario es fabuloso) pero cuyo maniqueísmo es tan previsible como su final.

alguientienequemorircritica3La historia de “Alguien tiene que morir” comienza cuando el hijo de una importante y poderosa familia, regresa a España tras diez años viviendo en México. El padre (Ernesto Alterio) es Subdirector General de Seguridad, un importante cargo dentro de la burocracia del régimen, y que utiliza su posición, vendiendo a las reclusas de las cárceles como mano de obra esclava para las grandes empresas del país. Una de estas empresas es propiedad de la familia Aldanza, amigos de la familia y cuya hija Cayetana (Esther Expósito) es la prometida de Gabino (Alejandro Speitzer). Sin embargo, para sorpresa de todos, el joven llega acompañado de Lázaro (Isaac Hernández), siendo la intención de ambos, viajar por Europa sin detenerse demasiado en España. Secretos del pasado van saliendo a la luz, mientras las habladurías, el odio y la sinrazón se van abriendo paso entre quienes rodean a estos dos jóvenes. Aunque también habrá tiempo para la pasión, el amor sin medida y los celos más incandescentes. Todo un cóctel, más cercano al culebrón que asume una pátina de suspense que no es tanto como se nos promete. El relato de “Alguien tiene que morir” transcurre así, en la España de los años 50, en una sociedad tradicional donde las apariencias, el orden, la falsedad y los lazos familiares desempeñan un papel crucial.

alguientienequemorircritica2Donde “La Casa de las Flores” podía resultar divertida, audaz, alocada y hasta subversiva, en “Alguien tiene que morir”, la serie de Manolo Caro se queda en la superficie de un relato que apuntaba maneras pero que termina trazando eses sin rumbo fijo. Ambientada en una España de los 50, opresiva, corrupta, deudora de una Guerra Civil fratricida, en la que los vencedores campan a sus anchas, y los perdedores se ocultan en las sombras o se arrastran para sobrevivir, “Alguien tiene que morir” funciona bastante bien al comienzo como un retrato de la asfixiante sociedad española de la época.. Sin embargo, lo que podía ser un relato que ahondara en ese momento (no dejo de recordar mientras escribo estas líneas, la maravillosa novela de Julia Navarro “Dime quien soy”, que pronto veremos adaptada en Movistar+), explorando las debilidades humanas, y como el ser humano sucumbe ya sea por miedo, hambre o deseos de supervivencia, todo resulta demasiado obvio. Demasiado sencillo. El relato apuesta por el maniqueísmo más evidente para construir una historia de amor, incomprensión, miedo y odio. Pero, como digo, resultando todo demasiado evidente, sin mostrar esos grises que inundan nuestras vidas a diario. Porque no todo es blanco y negro, y hay razones por lo que ocurren las cosas. Resultando los personajes demasiado planos, sin ninguna profundidad. Quedando los malos como muy malos, y los buenos, como muy buenos.

alguientienequemorircritica5No digo que “Alguien tiene que morir” sea una serie mala. Todo lo contrario. Como producción está muy por encima de muchas, pero creo que pierde la oportunidad de ir más allá, y termina por no arriesgar, mostrándonos una imagen demasiado facilona, demasiado evidente, demasiado deshumanizadora. No hay razones, solo odio sin razón. En cierto modo, más parecido a un culebrón de los caros que a una serie que realmente se tome en serio aprovechar el gran reparto del que disponía, para contar una historia profunda y llena de matices, con personajes que fueran algo más que clichés mil veces representados. Y, sí, claro que todo lo que vemos en “Alguien tiene que morir” ocurrió. Precisamente, en julio de 1954, la Ley de Vagos y Maleantes, fue modificada e incluyó a los homosexuales entre los perseguidos por el régimen. Una ley que fue sustituida por la de peligrosidad y rehabilitación social, que no se derogó completamente hasta 1995. ¡Casi nada!

alguientienequemorircritica4Sin embargo, a pesar de narrar hechos brutales, recordándonos de paso que el poderoso se ensaña con quien está abajo, con quien es diferente, con quien es capaz de mirar de frente y a los ojos, “Alguien tiene que morir”, funciona a base de personajes y situaciones estereotipadas. Un gran reparto (fantástica Cecilia Suarez, muy por encima del resto), un maravilloso vestuario y una fotografía muy cuidada, deben ser parte de un todo, y en el caso de esta produción, nos acaba dejando con la sensación de estar ante una oportunidad perdida. Habiendo desaprovechado la ocasión de ofrecer una mirada (completa y diferente) desde fuera a esa época y a ese momento de nuestro pasado.

2 pensamientos en ““Alguien tiene que morir”: un bonito envoltorio que pierde la oportunidad de ir más allá

  1. Alguien tiene que morir esta muy mala…
    Esperaba algo mejor…
    Que decepción

  2. En parte estoy de acuerdo con lo que dice pero a mi se hizo muy entretenida y trepidante , Manolo siempre hace lo mismo querer y no poder…. Para mi la serie estuvo bien .

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