“Brassic”: los perdedores también tienen su corazoncito

brassicFilmin sigue trayendo mes a mes, contenidos de calidad y que marcan diferencias a sus suscriptores. Así, el pasado 24 de septiembre la plataforma estrenaba la serie británica “Brassic”, un retrato tragicómico de la juventud británica olvidada por Blair. Protagonizada por un grupo de inadaptados y perdedores que viven (a su manera) en los suburbios de Lancashire, esta serie creada por el actor Joe Gilgun (Misfits) es de esas ficciones que va más allá de la realidad, para hablar de amistad, de sueños por cumplir y de vidas que no son tan malas como aparentan.

No siempre una primera impresión es la que cuenta. A priori puedes pensar nada más leer la sinopsis de una serie, que lo que a priori te va a ofrecer no es algo que pueda interesarte. De Reino Unido nos llegan todos los meses ficciones televisivas de todo tipo y género. Lo más habitual son los thrillers policiacos al estilo de “Line of Duty”, “Luther” o “Marcella”. También tenemos esos dramas de época como “Poldark”, “Llama a la comadrona” o “Downton Abbey”. Y por supuesto no podemos olvidar de las comedias, como las míticas “La víbora negra” o “Allo, Allo”, a las más recientes y exitosas como “Back to Life” (estrenada el mes pasado en Filmin) y la triunfadora de los Emmys “Fleabag”. Con todo lo que ofrece la ficción británica, como en que categoría podríamos encuadrar a “Brassic”. Hablé al principio de tragicomedia y aunque es cierto que, a lo largo de su primera temporada, en la historia subyace un tono amargo y descreído, realmente la serie a pesar de que narra la vida de unos perdedores (¿sin futuro?), deja traslucir más alegría que tristeza. Una forma de vivir el día a día a tu manera, sin amargura, siendo consciente de quién eres y donde estas.

brassic2Creada por Joe Gilgun, que ha contado con la ayuda del guionista Daniel Brocklehurst para poner en orden un buen puñado de ideas y anécdotas personales sobre su propia juventud, “Brassic” nos presenta a una pandilla formada por Vinnie (Gilgun), Dylan, JJ, Cardi, Ash y Tommo. Un grupo de inadaptados, que regentan una pequeña plantación de marihuana y que viven anclados en una juventud que quedó atrás hace muchos años. Esa juventud que como menciona el protagonista, al principio, es la gran olvidada de la época de Tony Blair en el gobierno y que ha quedado lastrada en suburbios como en el que ellos llevan a cabo pequeños robos, estafas y alguna pelea ilegal.

brassic3El propio Gilgun da vida a Vinnie, el líder de este grupo de marginados, cuya infancia está marcada por el abandono de su madre y una relación complicada con su padre. Con un trastorno bipolar (que el propio actor sufre) que le lleva a la consulta de un médico bastante particular (en la piel de un sorprendente y divertisimo), el personaje de Vinnie es nuestro particular Cicerone que inevitablemente nos recuerda en su tono y en su trasfondo a otras ficciones británicas, ya sean televisiva o cinematográficas. Podemos hablar de “Trainspotting”, “Full Monty” o “Snatch, cerdos y diamantes”, de la serie “Shameless” (la versión original inglesa) y del cine de Ken Loach. Las influencias están ahí, pero con matices. Esa amargura que la ficción británica retrata sobre la clase trabajadora se deja ver, sobre todo en el personaje de Erin (Michelle Keegan), una joven madre soltera que sigue estudiando para poder abandonar los suburbios de Lancashire y darle una vida mejor a su hijo.

brassic4Frente a su personaje que es la voz de la razón, de la edad adulta que te dice que tienes que madurar porque ya no tienes 16 años y la vida es solo de un camino de ida, se encuentra Vinnie. Con su trastorno bipolar, con su miedo a que todo cambie y que su vida, caótica en su forma, pero sencilla en su fondo se vea trastocada para siempre. Peter Pan contra Wendy. La imaginación frente a la razón, en un viaje por las tierras de Nunca Jamás, con una especie de Peter Pan de los suburbios ingleses. Un viaje que los lleva a él y a los niños perdidos que forman su pandilla, a situaciones disparatadas, a veces surrealistas, algunas que te arrancaran una carcajada y otras que te dejaran patidifuso, pero nunca indiferente.

“Brassic” no es una comedia, ni tampoco un drama lacrimógeno. Hay mucho más detrás. Es una serie que habla de la vida, de cómo queremos vivirla y de cómo afrontar nuestras decisiones para no quedarnos en el camino. Sí, es una serie sobre un grupo de perdedores, que a pesar de que la vida no les ha tratado precisamente bien, no pierden la sonrisa (y no solo por la marihuana). Ellos te demuestran que te puede gustar la vida tal como es, haciendo lo que te gusta, disfrutando de los pequeños instantes de felicidad que te proporciona, sin pedir nada a cambio. Pero también nos habla sobre tener las mismas oportunidades que los que nacieron con un pan bajo el brazo. De no conformarse con lo que te ha tocado vivir. Porque básicamente es una serie que te puede servir a ti, a mí y a cualquiera. Porque perdedores de buen corazón hay en todos lados, ya sea en un suburbio inglés o en el extrarradio de una gran ciudad española. Y “Brassic” nos habla de eso, de vivir al día a día y que, a pesar de caernos, nos levantamos con una sonrisa en los labios.