“Chimerica”: no siempre una imagen vale más que mil palabras

chimericacriticaEn la era de lo digital, de la globalización, de la interconexión, de las noticias falsas (lo de fake news lo dejamos para otro momento) y de la ficción televisiva que remueve conciencias, Filmin estrenó el pasado 18 de junio “Chimerica”. Miniserie británica de cuatro episodios que adapta la obra de teatro de Lucy Kirkwood y cuyo visionado te hará cuestionarte todo lo que ves y lo que oyes. Porque casi nunca escuchamos, ni nos paramos a observar. Todo va demasiado rápido y “Chimerica” nos abre los ojos a una realidad que está ahí pero que no somos capaces de ver. O tal vez es que no queremos saber que está ahí.

“Chimerica” se basa en un hecho real, como fue el de la matanza de Tiananmen y la mítica foto del hombre enfrentado a los tanques, para construir una historia en la que realidad y ficción se entrecruzan. Y en la que, como espectadores, seremos conscientes de que realmente no sabemos nada del mundo, que todo lo que nos llega a nuestras televisiones, a nuestros móviles, a nuestras tablets y a nuestros quioscos, esta filtrado, tamizado y “purificado” por muchas manos. Por la visión de unos (no sabemos quiénes) que nos enseñan lo que está sucediendo a través de una sola óptica.

La serie nos traslada al año 2016 en Estados Unidos. Estamos a las puertas de las elecciones presidenciales que llevarán a Donald Trump a la Casa Blanca y un prestigioso fotoperiodista, Lee Berger (Alessandro Nivola), atraviesa una grave crisis profesional. Ha salido a la luz que una de sus fotografías más premiadas y reconocidas, la de una víctima de la guerra de Siria, está trucada. Este primer hecho nos plantea una pregunta ¿Es ético falsear la realidad para denunciar unos hechos reprobables? Cada uno tenemos seguro nuestra respuesta, nuestra propia conciencia dictará si nos posicionamos a un lado u otro de esta balanza ideológica. En el caso del protagonista, a pesar de que sabía que estaba mal, falseo la realidad, tanto por el propio ego de volver a una portada del periódico, tras meses viendo como sus fotos eran arrinconadas en la página 12 del mismo, como por dar visibilidad a un conflicto como el sirio en el que las imágenes de la represión y las atrocidades que allí sucedían se habían olvidado.

chimericacritica2Tras ser despedido del periódico, Berger intentará recuperar su prestigio y su dignidad como periodista, regresando a China para encontrar al joven, al que fotografió en 1989 y que se plantó frente a unos tanques, tras la protesta estudiantil que derivó en la matanza de Tiananmen. Un suceso terrible que ha quedado olvidado como tantos otros, tras el dinero, la expansión económica y el capitalismo encubierto que ha llevado a países supuestamente democráticos a dejar de lado la falta de libertades y derechos civiles, en favor de suculentos acuerdos comerciales. ¿Dónde están los principios morales? Como dijo Groucho Marx: “Damas y caballeros, estos son mis principios. Si no les gustan tengo otros”.

La investigación llevada a cabo por Berger irá afectando a todas las personas que le rodean. En primer lugar, a su amigo Zhang (Terry Chen), un hombre sin esperanza, que perdió la fe tras la muerte de su esposa durante la represión del ejército chino en Tiananmen y que ahora malvive enseñando inglés a jóvenes que no conocen el pasado. En su antiguo trabajo, su amiga y compañera Mel (Cherry Jones) se verá involucrada y afectada por la investigación de Berger. Y su antiguo jefe Frank Sams (F. Murray Abraham) lo apoyará en un primer momento, pero seguirá inmerso en un momento de cambios, con el ascenso de Trump al poder y la inclusión del periódico en un conglomerado chino. Finalmente, las acciones de Berger afectaran a Tessa Kendrick (Sophie Okonedo), una joven comercial de tarjetas de crédito y cuya relación con el fotoperiodista tendrá consecuencias inesperadas para ella.

chimericacritica3Noticias falsas. Las tan cacareadas fake news que han sido capaces de ganar unas elecciones en el país más poderoso del mundo. A lo largo de los cuatro episodios de “Chimerica”, afrontamos junto a los protagonistas, los mismos dilemas morales que les afectan. Estamos en una época en la que el periodismo utiliza nuevas formas de expresión, en la que se utiliza el Photoshop para todo y en el que muchas veces no sabemos si los periodistas buscan la verdad o su verdad. Y esto en gran medida de los que somos testigos en la serie dirigida por Michael Keillor (Line of Duty, Cormoran Strike). En un momento en el que un presidente norteamericano utiliza las redes sociales para manifestarse día sí y otro también, todos tenemos que afrontar (protagonistas y espectadores) estos cambios de un mundo que a veces no reconocemos.

Pero no solo el periodismo y todo lo que le rodea (ideologías y pensamientos incluidos), con la búsqueda de la verdad absoluta (¿eso existe?) como santo Grial, “Chimerica” se adentra en la soledad del ser humano. Los protagonistas, hombres y mujeres, están solos, se sienten solos. Desde el periodista frustrado que ha perdido el rumbo y el sentido de lo que es periodismo hasta el hombre que ha perdido la fe y la esperanza tras morir su esposa y cuyas visiones de esta se convierten en su conciencia adormecida. Unos y otros nos enseñan a lo largo de la serie que la verdad depende (aunque parezca un tópico) del cristal con que se mire. Y a través de un relato apasionante, esta miniserie nos muestra las miserias de un mundo donde solo importa el dinero, venga de donde venga y en el que los políticos solo son instrumentos de los poderosos, y en el que cada vez el pasado se olvida más rápido. Solo por esto merece la pena ver “Chimerica”, para pensar más y no dar nada por sentado.