“Justo antes de Cristo” a pesar de sus buenas intenciones se queda en una triste tragicomedia sin demasiada gracia

justoantesdecristo2¡Vaya dos semanitas que llevo con las comedias! Si me tronché de risa con “Lo que hacemos en las sombras” (atención a su segundo episodio) y sufrí una fuerte decepción, a pesar de lo interesante de su premisa con “Miracle Workers”. Con la nueva serie de Movistar+ que se estrena hoy, calificaría mis sentimientos como de DECEPCIÓN con MAYUSCULAS. Tras ver los primeros cuatro episodios (los 6 de su primera temporada se pueden ver ya hoy en Movistar+) de “Justo antes de Cristo”, a los que he tenido acceso con antelación, me quedo con las buenas intenciones y su ambientación, pero me llevo mucho aburrimiento y ninguna risa.

La historia de “Justo antes de Cristo” nos traslada al año 31 a. de C., en el que Manio Sempronio (Julián López), un acomodado patricio, mata sin querer a un senador y es condenado a muerte. Incapaz de acabar con su propia vida, pide que le conmuten la pena por cualquier cosa, lo que sea. Así es enviado como legionario a Tracia, la tierra donde su padre, El Magnífico, forjó su leyenda como militar. Allí, acompañado de su esclavo Agorastocles (Xosé Touriñán), su presencia pondrá patas arriba la vida del campamento tras años de paz.

Básicamente como veis, estamos ante la historia de un inútil con dinero (de esos que hay en todas las épocas). Julián López se pone en la piel de este malcriado patricio romano, haciendo suyo este personaje algo neurótico y con mucho afán de notoriedad. Un noble sin oficio ni beneficio, que vive a la sombra de la figura trascendente de su padre y que ni siquiera es capaz de morir con honor. Así que es enviado a Tracia como legionario para recuperarlo (como el que pide que vuelva a haber servicio militar en España habiendo pedido prorrogas para librarse), aunque todo termina desmadrándose un poco.

justoantesdecristo3Todo esto que podría hacernos pensar a priori, en una serie con la que no vamos a parar de reír, justamente ocurre todo lo contrario. En su intento por llevarnos por los caminos del humor absurdo, esas mismas situaciones estrambóticas del día a día de estos romanos del siglo I a.C. te dejan con la sensación de que no entendiste el chiste. Y que al final, o bien te falta información o te perdiste por el camino sin saber por qué. Y es que este humor absurdo de “Justo antes de Cristo” no te transmite nada. Si tenemos que comparar (sí, lo sé, las comparaciones son odiosas), el humor absurdo en situaciones reales con personajes a cada cual más ridículos, no podríamos dejar de pensar en Berlanga y su trilogía de “La escopeta nacional”. Pero si entramos en ese terreno, eso son palabras mayores. Porque el concepto berlanguiano hace referencia a un universo donde lo esperpéntico y lo real se entremezclan, añadiendo gotas de desencanto (typical spanish) y diálogos surrealistas. Sin embargo, el universo el creado por Montero y Maidagán (Camera Café) no se puede ni debe comparar con el berlanguiano pero que tampoco consigue tener su propia personalidad.

No se puede negar el cuidado trabajo de ambientación y vestuario del que hace gala “Justo antes de Cristo. Ahí sus responsables han hecho un gran esfuerzo para que no pensemos en ningún momento que estamos ante una parodia o una broma cochambrosa. Todo lo contrario. Esa gran labor de diseño de producción, dota a la serie de gran realismo, algo que sin duda debía servir como contrapunto, tanto a las situaciones inverosímiles a las que se enfrentan los personajes como a los diálogos que mantienen. Aunque dichas situaciones, aunque aparentemente inverosímiles y estrambóticas, no lo son tanto. Porque que un esclavo sea más inteligente y decidido que su inútil amo, que el general de una legión este en ese puesto sin saber de estrategia militar y se deje dominar por sus subordinados, que el sexo sin distinción de género fuera algo habitual o que los romanos tuvieran un gran complejo de superioridad (no, no me refiero a Trump), podéis leerlo en cualquier libro de historia. O en cualquier novela histórica que podáis imaginar. No hace falta ser Didio Falco ni Pijus Magnificus para saberlo.

justoantesdecristo1Además del gran trabajo de diseño de vestuario y decoración, dos miembros del reparto que acompañan a Julián López, destacan por encima del resto: Manolo Solo (La Peste, La Zona), un actor que siempre destaca en el papel que le pongan y que aquí da vida a Gabinio, un militar algo borrachuzo (quizá me quedé corto con el “algo”) y bastante irascible que añora los tiempos anteriores a la paz; y una estupenda Cecilia Freire (Velvet), aquí interpretando a Valeria, hija del general Cneo Valerio (César Sarachu). Una auténtica matrona romana que es la quien realmente ordena y manda en la legión y en su familia. Capaz de asesinar sin pudor, mientras busca marido para su joven hija. Un personaje que no desentonaría para nada, en la saga literaria de Marco Didio Falco creada por Lindsey Davis. Son sin duda ambos y sus interpretaciones, de lo mejor que ofrece “Justo antes de Cristo”.

Pero el humor, que supuestamente destila la serie, no llega por ningún lado. Y aunque hay que reconocer que “Justo antes de Cristo” va directa al grano desde el minuto uno, proponiendo sin medias tintas su humor absurdo frente a las situaciones cotidianas del día a día. Lo que debería ser una comedia (al menos se vende así), es de todo menos eso. Podría decirse que estamos ante un drama absurdo o ante una tragicomedia de lo estrambótico. Carcajadas ningunas, risas (uff, ¡qué difícil me lo ponéis) pero curiosamente, drama sí que hay bastante. Con situaciones y algunos personajes, que nos invitan a veces más a la tragedia que la comedia, “Justo antes de Cristo” no es lo que esperas, dejándonos finalmente con una sensación agridulce de decepción.