“Glacé”: un thriller que te dejará tan frío como los paisajes pirenaicos donde se desarrolla la historia

glacecriticaLa competencia es cada vez mayor entre plataformas y cadenas de televisión lineal y esto solo nos beneficia al seriefilo aunque también nos abruma, ante tanta cantidad de series que se estrenan a la semana. Entre lo que llegó a España de la mano de Netflix a primeros de año estaba “Glacé”, miniserie francesa basada en la novela del mismo nombre de Bernard Minier. Y aunque su argumento apuntaba maneras, salvo los hermosos paisajes del Pirineo francés, nada se salva de esta producción francesa que no transmite nada de su aparente potencial.

No sé si es mala suerte o es que las series francesas no están al nivel de su cine. Pero tras la decepción que significó “La Mantis”, el resultado final de “Glacé” no ha sido mejor, dejándome frío de principio a fin. A pesar de que se intuyen buenas ideas y que la trama de fondo que genera todo el caso es más que interesante, su desarrollo es artificial y torpe, lo que provoca que no consiga implicarnos en lo que estamos viendo.

El inicio es aparentemente prometedor. El hallazgo por parte de unos operarios del teleférico de una central hidroeléctrica, del cadáver de un caballo decapitado desencadena los acontecimientos que irán desentrañando un pasado que lleva oculto durante muchos años en el lugar. Sólo esto, por sí solo, debería hacer que cualquier aficionado al thriller (como es el caso de un servidor) se enganchará a una trama aparentemente adictiva. Pero nada más lejos de la realidad. Que el nordic noir esté de moda, no significa que todo lo que se le parezca venga de donde venga, vaya a tener la calidad suficiente para hacernos pasar un rato de placer seriefilo.

¿Qué es lo que falla en “Glacé”? Son varias las cosas que hacen que la serie no funcione, pero si hay que empezar por algo, me centraría en los personajes. Tenemos un dúo de policías antagónico que se hace cargo de la investigación. Una joven e idealista inspectora de la policía local que debe colaborar con un veterano inspector venido de Toulose que carga con un pasado relacionado con el lugar de los hechos. Aunque son dos personajes arquetípicos, presentan algunas aristas interesantes que hace que sean de lo menos malo de la serie. Ambos descubrirán que el caso está conectado con un personaje siniestro que se encuentra recluido en un hospital psiquiátrico cercano, que a su vez tiene relación con el capitán Servaz, el veterano policía asignado por la fiscalía para investigar el caso. Y es este personaje, uno de los grandes fallos de la serie. Un sucedáneo de Hannibal Lecter, un asesino en serie, antiguo fiscal, amigo del capitán Servan y padrino de su hija. Lo tenía todo para ser el centro de la trama y sin embargo el personaje nos deja tan frío como los paisajes helados donde se desarrolla la serie. Porque incluso su relación de “quid pro quo” con la joven psiquatra Diane Berg es artificial, ya sea por él mismo como por la construcción del personaje de ella que se queda a medio camino, entre una joven que quiere venganza pero que resulta excesivamente vulnerable e influenciable.

Julian Hirtmann, este Hannibal Lecter de mercadillo, es el inquilino más peligro del psiquiátrico, es el arquitecto de todo lo que irá sucediendo en la serie, el pequeño dios que desencadena una trama de venganza y asesinatos causada por un tenebroso secreto del pasado del lugar. Y, sin embargo, una historia que tenía todo para enganchar al espectador acaba por no transmitir. Ni te preocupa ni te ocupa saber quién es el asesino que trae de cabeza a la policía ni tampoco te provoca ninguna sensación conocer la verdad sobre lo que sucedió años antes en la localidad donde tienen lugar los hechos. Al final todo te da igual porque te quedas tan helado como las cumbres pirenaicas que son testigos del devenir de los personajes.

Lo mejor de “Glacé” sin duda es su corta duración (sólo 6 episodios), algo que hace que no te arrepientas demasiado por habértela visto entera. ¿Y lo mejor? Sin duda su fotografía que enmarca unos paisajes espectaculares situados en el Pirineo francés y sus títulos de inicio, que si estas un poco avispado te darán la pista sobre lo que ocurre.

Lástima que los lobos se queden en simples corderitos.