“Gilmore Girls, A year in the life”, un desencuentro de reencuentros

gilmoregirlsayearLorelai (Lauren Graham) y Rory (Alexis Bledel), las Chicas Gilmore, volvían el pasado 25 de noviembre a Stars Hollow de la mano de Netflix. Lo que durante años los fans habían(mos) clamado, por fin se hacía realidad. Volvían los diálogos imparables, las discusiones de las Gilmore, las emociones, los sentimientos y las frustraciones. Volvía un trocito de la “vida real” ficcionada que madre e hija (y abuela) habían construido durante siete años en antena. Sin duda, Gilmore Girls fue una serie en la que había lugar para el drama, la risa, el humor retorcido y la cultura. De ello, y de mantenerla vida, se encargaron sus productores, Amy Sherman-Palladino y David Palladino.

El regreso de las Gilmore ha sido un run-run de rumores desde principios de 2016, cuando se confirmó la noticia. Desde ese mismo instante se especuló acerca de las posibles tramas, de las ausencias, de las presencias y, como no, de qué habría sido de la vida de las Gilmore durante estos nueve años sin ellas.

Una de las ausencias más sentidas (tanto por sentimiento como por la gran presencia en escena de Edward Herrman) fue la del patriarca Gilmore, Richard. Aquí se cuidaron los detalles al máximo. Podrían haberlo tratado más dramáticamente, pero no lo hicieron, y eso me encantó porque no había necesidad.

gilmoregirlsayear2La trama parte meses después de la muerte de Richard y, sin duda, es el catalizador de la historia, el reencuentro y el desencuentro entre Emily (Kelly Bishop) y Lorelai. Tal es el punto que terminan las dos juntas en terapia. Algo que necesitaban desde hacía mucho. Y es esa terapia el segundo catalizador.

Lorelai se ha vuelto insegura, pese a tener una relación que parece firme y estable con Luke (Scott Paterson), quien había estado enamorado de ella durante las siete temporadas. Ella misma lo dice “siempre ha sido Luke”. Y mantiene por encima de todo esa certeza. No obstante flaquea ante las críticas de su madre, Emily. Y comienza su declive. Un declive que la lleva a irse a la aventura ella sola (lo que le dura 48 horas), a dudar de sí misma y de todo lo que tiene alrededor y, sobre todo, lo que la lleva a casarse con Luke. Casarse, como si eso fuese lo que soluciona sus vidas. Aunque, claro, de una sociedad americana no me puedo esperar menos. No sé, me faltó la fuerza real de Lorelai, de una Lorelai madura y entendida ya en esta materia tan complicada que es la vida.

Por su parte, Rory está perdida. La segura Rory Gilmore a la que dejábamos camino a la campaña electoral de Obama, se ha convertido en una persona sin rumbo. Aun manteniendo su hiperactividad, se ha convertido en una persona insegura, que no se reconoce ante el espejo (ni ella ni nosotros). Y, al tiempo, se convierte en esa luz al final del tunel para todos. Cierto es que, salvadas las distancias, siempre me he identificado con Rory en ciertos aspectos emocionales. Somos una generación que tenemos todo al alcance de la mano, que nos han preparado para todo, menos para el mundo real. Nos han dicho que podríamos conseguir lo que quisiésemos, pero no ha sido cierto. En ese punto, Rory encaja a la perfección ciertos aspectos de estas situaciones. Y aun así no puedo más que contradecirme en lo que siento respecto a ella. Porque Rory tiene lo que muchos no tienen, una situación económica (aunque matice que ni tiene para ropa interior), una madre que la apoya, oportunidades. Además, ha perdido la disciplina, un hecho que matizan en un artículo de The Atlantic que me parece escrito más desde el desprecio que desde el raciocionio, la verdad. Que pierda la disciplina es lo que más me ha decepcionado y, a la vez, lo que me ha demostrado que, muchas veces, nos perdemos tanto que es imposible reconocernos. Y en ese punto nos desmonta la fantasía y nos abre una puerta a la realidad, a esa “vida real ficcionada” que siempre me ha gustado de las Gilmore. No sé, salvando las distancias, he visto un punto muy realista en Rory. Y ojo, aclaro que “salvando las distancias”.

Por su parte Emily es la única que va de menos a más. La muerte de Richard es un punto de inflexión total para ella. Tras cincuenta años de matrimonio, cualquiera pensaría que ahí terminaba su propia vida. Pero Emily, auque a bandazos, la encauza, se reconoce a sí misma, se encuentra en ese camino retoricido y se convierte en Emily, sin disfraces, sin rencores, pero con su fuerte y firme caráter.

gilmoregirlsayear3El regreso de las Gilmore provoca un sabor agridulce. La decepción viene porque nuestras heroínas ceden a los convencionalismos, ceden a la vida planeada, a la vida segura, a la sociedad. Y, al mismo tiempo, ese sabor dulce y delicioso de volver a la vida de Stars Hollow, el reencuentro con tantos personajes, aunque solo digan una frase; de esos diálogos de madre e hija, de esos “reencontrarse”, de esas luchas, aunque a tientas y dando golpes. De esa maravillosa pintura de una vida que, aunque no real, tiene tintes con los que todos, más adultos, más jóvenes, más inteligentes o más inseguros, conseguimos empatizar.

Ha sido un feliz regreso, aunque no ha sido lo mismo. No obstante, yo quiero más. Porque ha sido un paso hacia delante en sus vidas y quiero saber cómo pueden continuar.

Gilmore Girls, A year in the life, está disponible en Netflix. Yo la he visto una vez, y sé que no será la única.