Hay que aprender a dejar una serie

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Tan o más importante que escoger una serie (con la sobresaturación de oferta que tenemos hoy en día), es saber dejarla cuando te das cuenta de que algo te pasa con ella y que lo mejor que puedes hacer es abandonarla y ponerte con otra (y sigo hablando de series eh). Hay algunas fáciles: si con 5 minutos ves que ya odias profundamente Anatomía de Grey no sigas viéndola; es como una relación tóxica: lo único que hará es hacerte daño.

Las razones son como las series: múltiples y variadas. La más importante es darte cuenta que la serie que has empezado a ver con toda la ilusión y de la que has oído muy buenas críticas no te interesa lo más mínimo. Me ha pasado con dos pelotazos: Orange is the new black (aguanté una temporada entera con un sufrimiento inhumano por acabar cada capítulo y sin entender si estaban intentando hacer un drama, una comedia carcelaria lesbiana o una mezcla infumable de todo eso; decidí que era exactamente eso) y Outlander (después de ver un episodio y medio la quité casi ofendido de la mierda que me estaba tragando teniendo 20 series atrasadas).

Hay una razón que a mí me molesta mucho: series que me tendrían que gustar por diferentes razones pero que cuando empiezas a verlas te aburren como si fueran un telefilme de Antena 3 de sábado para la siesta. Empecé a ver Better call Saul con todas las ganas del que acaba de flipar con todas las temporadas de Breaking Bad (incluso tiene una imagen que ha marcado mi vida televisiva creo que para siempre); le vas dando margen de reaccionar, mejorar, cambiar, matar al hermano de Jimmy McGill, al que odias cada vez que aparece… pero no hay manera. Ni mejora ni lo matan: pues disfrutad vosotros con la segunda temporada, yo paso. Penny Dreadful lo tenía todo: grandes actores (sobre todo Eva Green), temática oscura, teóricos buenos guiones y directores; pero me di cuenta que me divertía más ver a mi gato jugando con una goma que verla episodio tras episodio. Y como último ejemplo de aburrimiento desaforado: Ballers. Otra serie que en principio me tenía que encantar por tema (fútbol americano), productores involucrados (Mark Wahlberg y Peter Berg), y por ser la serie teóricamente heredera de una de las mejores de la historia, Entourage. Y nada. Ni la primera temporada pude acabar porque no me interesaba lo más mínimo lo que le pasaba a ninguno de los personajes. Ni a los jugadores, ni a sus mujeres, ni a Dwayne Johnson, a nadie.

La razón más dolorosa es cuando ves una serie que te encanta pero al cabo de 4 o 5 temporadas has perdido todo el interés por verla. La culpa, normalmente, suele ser de la misma serie que o no ha sabido reinventarse o la han alargado más de lo debido sin necesidad alguna. Ninguna serie me ha atrapado más que las 5 primeras temporadas de 24 y su insufrible y facha Jack Bauer. Bueno, miento. Otra que me atrapo de manera parecida fue Cómo conocí a vuestra madre. Al también insufrible (pero esta vez no facha) Ted Mosby lo idolatré, e incluso hasta casi imité en mis relaciones, hasta la temporada 5 o 6 (trato de olvidar hasta cuando la dejé por no sufrir más). Ambas series tienen otro punto en común: de Mosby y compañía vi con cierta curiosidad los dos últimos episodios para ofenderme con la muerte de la madre, y de 24 vi la última temporada para saber cómo acaba (¿?).

Saber dejar una serie no es fácil. Se tiene que aprender e ir perfeccionando el criterio. No todas las series se merecen una segunda o tercera oportunidad para ver si mejoran. Y no porque le guste a todo tu entorno seriéfilo, a ti te tiene que gustar Ray Donovan o Glee.