“Mom”: la importancia de contar días felices

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No hace mucho, de hecho ni tan siquiera un año, escribía en este mismo blog una entrada sobre la maestra mezcla entre drama y comedia de una gran sorpresa personal televisiva. Una pequeña comedia, aunque avalada por el nombre de quizás el más importante productor de sitcoms estadounidense de nuestra época, Chuck Lorre, era capaz de tocar las fibras más sensibles a la vez que nos regalaba enormes carcajadas. Y lo sigue haciendo.

En el ecuador de su tercera temporada, Mom se ha convertido en el perfecto ejemplo de la vida después de. En este caso, de la vida después de abandonar las adicciones. Curiosamente, este pasado fin de semana hablaba de ello alrededor de una mesa, bebiendo gin tonic unos y cerveza otros (¿o es que acaso estas conversaciones son competencia exclusiva del café?). ¿Cómo es posible que la sociedad haya normalizado hasta tales límites el uso de ciertas drogas, que incluso resulta extraño que alguien nunca las haya consumido cuando debería ser el caso contrario? Por supuesto, los casos son singulares, pero Mom nos demuestra que es posible dejarlo atrás, incluso si todos los días están llenos de peligros y señales de advertencia, de incitaciones a una recaída.

Hace ya muchos años que hemos aprendido, a base de cultura audiovisual, que a los asistentes a las reuniones de alcohólicos anónimos en EE.UU. se les regala pequeñas fichas parecidas a las de un casino con las que se celebran los días de sobriedad. En uno de los últimos capítulos de Anatomía de Grey, alguien regalaba la suya de 30 días. No hace falta haber estado en una situación similar para poderse ver reflejado, salvando las distancias, en esta pandilla de mujeres que solo quiere ver sus malos días en el pasado, cuanto más lejano mejor. Ni tampoco que uno de nuestros amigos, a quien quizás hayamos conocido precisamente debido a esos mismos abusos que estamos superando o queriendo abandonar, no vaya a volver a nuestro lado porque ha sido débil y su vuelta a los malos hábitos le haya provocado tal daño que lo ha mandado directo a eso que hay una vez que un corazón deja de bombear sangre.

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Mom nos recuerda la importancia de dejar atrás los fantasmas, las piedras que nos atamos a las espaldas y que se convierten en una carga. Porque todo el mundo merece ser libre, sea lo que sea aquello que le atormenta. Seguramente nuestras rocas no sean el alcohol o las drogas, o quizás sí. Y quizás nadie nos regale una ficha para recordárnoslo. No es necesario. Podemos fabricárnoslas nosotros mismos incluso si no tenemos nociones de diseño gráfico. No es tan difícil encontrar alguna plantilla buenrollera al más puro estilo de Mr. Wonderful con una simple búsqueda en el navegador. Aunque el premio no es la ficha, ni el pin, ni el diploma. El premio es lo que uno lleva dentro, y mejor si no nos infecta el hígado, nos debilita las venas o nos causa ese deje tan reconocible en el habla de por vida.

Christy y Bonnie son difícilmente un ejemplo literal que seguir. Pero nadie debería serlo porque la vida no es un camino recto de buenas decisiones altruistas, sin complicaciones ni reveses. La vida no es una comedia de los 60 sobre un matrimonio bien avenido. Ni tampoco una de nuestros días. Pero se parece más. Por supuesto, esta lectura es personal. Quizás algunos no saquen ninguna lección de ella porque no hacen lecturas más allá de los que se puede leer exactamente en cada línea del guion. Pero qué sentido tendría cualquier vehículo de comunicación, sobre todo Internet, si no pudiésemos expresarlos, compartirlos e incluso refutarlos. ¿Verdad?

Un pensamiento en ““Mom”: la importancia de contar días felices

  1. Será que las sitcom ultimamente no me dicen nada, salvo honrosas excepciones. Pero esta, sino es por Allison Janney no me llama. Será que ya veo a Anna Faris y me acuerdo de sus Scary Movie y sus secuelas.

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