“Scream Queens”: frenesí surrealista para millennials

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Mi relación con Ryan Murphy se ha ido enfriando en los últimos años. Glee fue una de esas series que me encantaron en sus inicios, que seguí con entusiasmo cada semana, que siempre me daban un motivo para comentar con mis amigos entre clase y clase, y que rápidamente se convirtieron en una carga hasta el punto de tener que abandonarla. Lo mismo me pasó con American Horror Story, cuya primera historia me resultó entretenida y que, con la llegada del hospital psiquiátrico, me perdió todo su encanto. ¿Qué decir de The New Normal, que hacía aguas prácticamente en todos los frentes? Y no hablaré de The Normal Heart, pero porque no la he visto (perdonadme la vida).

La llegada de Scream Queens, por tanto, se me presentó con muchas dudas que, en última instancia, me empujaron hacia ella, motivado quizás por el hype general y, por qué no, por algunas de las integrantes de su casting. ¿Conclusión? Vuelvo a estar a bordo de la locomotora Murphy, no sé durante cuánto tiempo, pero sí al menos como generador de buenas premisas.

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Scream Queens bebe, obviamente, del cine de terror, género del que nunca he sido demasiado admirador salvo excepciones como la saga Scream (circunstancia que me hace perderme en los homenajes, sin por ello estropear mi experiencia como espectador), pero también de otros títulos como la mítica Chicas Malas e incluso quizás cierta influencia consciente o no de uno de los grandes aciertos de la pasada temporada, Cómo defender a un asesino, en una de sus subtramas.

La mezcla es explosiva. Personajes con una exagerada diarrea verbal en clave ofensiva, algo a lo que ya nos habíamos acostumbrado en los pasillos del McKinley High. Constantes referentes a la cultura pop, algo que personalmente suelo considerar un acierto si están bien introducidas (atención a la maravillosa fan de Taylor Swift). Giros de tuerca surrealistas, paródicos y autoparódicos, tanto en el carácter de los personajes, los roles que adquieren y las consecutivas muertes que los rodean (decir que en una serie de terror hay muertos a cascoporro no se considera un spoiler, ¿verdad?). Es precisamente en estas donde reside uno de sus puntos más fuertes, adornadas siempre con un elemento humorístico tanto por las técnicas utilizadas para perpetrar los crímenes como por algunas reacciones conscientemente inverosímiles.

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No se puede contemplar Scream Queens desde una perspectiva demasiado crítica. No es un producto que transcienda las reglas televisivas ni que vaya a generar debate alguno. No destaca ni por su guion, ni por su ejecución técnica, ni por sus interpretaciones. ¿Qué la convierte, entonces, en una maravilla absolutamente adictiva? Su petardez. O petarderío. ¿Existe una palabra para expresar la cualidad de petarda? Se trata de una serie pensada expresamente para millennials, los que van a comentar cada minuto en Twitter, los que al día siguiente invertirán un minuto de sus vidas en crear y/o compartir un gif en Tumblr, los que emplearán sus imágenes online, más allá de la conversación sobre la serie en sí, para expresar reacciones sin necesidad de lenguaje verbal (propio, al menos). Un producto de la sociedad de consumo pura y dura que deja a otras grandes series petardas como Revenge a la altura del betún en cuanto a dosis de OMG, WTF, LOL y todas las siglas imaginables.

Si siempre creíste que Pequeñas Mentirosas era una serie demasiado blanda, esta es su sustituta perfecta. Además tiene un gran aliciente: es tan consciente de su nivel de locura que ese surrealismo (y algún cliché que otro) no es fruto de un mal equipo de guionistas, sino una de sus fortalezas. Ideal para ver en grupo, con muchas palomitas, las luces apagadas (el graciosete de la pandilla va a intentar asustar a alguien y lo sabes, ¿verdad? Favoréceselo tú mismo) y con una cerveza siempre en la mano.