“Fear The Walking Dead”, algo podrido en California

ftwdSe presentaba el pasado lunes, en proyección simultánea con su estreno televisivo, el episodio piloto de Fear The Walking Dead, precuela, spin-off, serie independiente o lo que se quiera pensar de la popular The Walking Dead.

Los creadores de la serie insisten en su carácter autónomo: se trata de narrar lo que ocurrió durante los meses en que Rick Grimes, el protagonista de la serie nodriza, permaneció en coma, al inicio de la primera temporada. Un intento, por lo tanto, de llenar una elipsis, figura narrativa muy útil, pero poco querida por el fan televisivo siempre ávido de destacar sobre sus correligionarios con más y más datos sobre su pasión. Parece que no basta con disfrutar de una novela, serie de TV o película con un mundo de ficción bien construido, el fan necesita convertirse en erudito de lo irreal para obtener esos breves minutos de gloria que proporciona un detalle preciso en una intrascendente charla de bar o, mejor aún, en un foro especializado. Lo mismo da que se trate de las dioptrías de Harry Potter, del color de bragas de la Khaleesi o de con quién terminó Spiderman en la cama una nochevieja: la cuestión es sentar cátedra de experto en eso que se ha dado en llamar conocimiento inútil.

Aunque maldita la necesidad que tenía The Walking Dead, de que viniesen a contarnos como la Tierra acabó convertido en una gusanera de muertos vivientes. Lo interesante de esta y de otras series que tratan de la vida en un mundo post-apocalíptico no es cómo se ha llegado al fin de nuestro mundo de pequeñas preocupaciones y Facebook, sino como se comporta el hombre en dicha situación. Poco importa que se trate de una invasión alienígena, de una pandemia, de una guerra mundial o de un holocausto caníbal, lo que mantiene el interés del espectador es contemplar como se quiebran los barnices de nuestra civilización y preguntarse qué haríamos nosotros en una situación como esa.

Pero imagino que los intereses del dueño de la gallina de los huevos de oro televisiva no son dejarla poner tranquilamente, sino forzarla a poner más y más. Este es el siglo del contable y ningún creador escapa a su influjo: primero se tantea el mercado, y si hay suficiente demanda se crea el producto, ya sea una bebida isotónica o un superhéroe que dormía el sueño de los justos. De ahí que la cadena ACM, tras constatar el éxito de su anterior creación, decidiese producir esta nueva serie para deleite de los miles de aficionados a la casquería, a la vida tras la muerte y … a Beverly Hills, 90210.

ftwd2Porque para esta nueva entrega se olvida de los personajes de la trama original y toma como protagonistas a una familia californiana de clase media (alta) que es, junto con un comando de ISIS, el último grupo humano capaz de generarle a uno empatía. Los guionistas se han dejado llevar por la corrección política y el café descafeinado a la hora de crear a esta familia “disfuncional” (la definición no es mía es de la Wikipedia) cuyas principales razones para dicho etiquetado son: 1- que se trata de una pareja de divorciados con hijos a rastras; 2- que forman parte de esa pamplina que hoy en día se dice multiétnica y que da la impresión de que se ha inventado ayer; y 3- que el hijo adolescente, un sosias de Johnny Depp, nos trata de hacer creer que es un heroinómano. Dejando aparte que es posible que el jaco californiano deje un cutis admirable y te perfile las cejas como a una cumbiera colombiana, es evidente que lo más cerca que ha visto Robert Kirkman un yonki es en una novela de Burroughs…

Tal vez en eso resida la nueva propuesta: en ver como afectaría un holocausto zombi a una familia pija de los Ángeles, versión siglo XXI de aquellos niñatos de Sensación de vivir tan repeinados ellos, tan políticamente correctos, tan integrados racialmente… Uno también tiene curiosidad, no por creer que alguno de ellos vaya a convertirse en merienda de cementerio, algo que se antoja impensable dado el target al que va dirigida la serie, sino por ver como los diferentes directores logran amalgamar, sin que chirríen, las pieles bronceadas en Venice Beach y la carroña ambulante de los no-muertos.

El resto es fácil de imaginar para cualquiera que haya visto un poco de cine, otro poco de televisión y que tenga una mínima afición por el ¿género?. Un gobierno que trata de ocultar lo inevitable, una ciudadanía confusa, caos en expansión, violencia y lo peor del ser humano asomando en cada esquina. Nada que uno no pueda encontrarse ahora mismo en cualquier rincón del Congo o de Siria. De modo que ¿qué podemos esperar de Fear The Walking Dead que no hayamos visto ya antes?

ftwd3Siendo optimistas y a juzgar por el primer episodio poco. Allá donde la serie original de Kirkman y Darabont mostraba sorpresa frente al hecho consumado y personajes en continua adaptación al nuevo entorno, aquí nos encontraremos viejos conocidos y desintegración de un mundo que, personalmente no me resulta muy simpático. Si no lo evita el equipo de guionistas la media de edad del espectador descenderá a medida que avance la serie. Si en la original ya lastra bastante la presencia del hijo del protagonista qué decir de los dos hermanos tontivanos que nos endilgan con generosidad en este primer episodio.

Dicho lo cual no dudamos de que la producción nos asombrará con imágenes espectaculares de Los Angeles convertido en un camposanto, y las variantes, más o menos grotescas de “como acabar con un zombi”. Todo ello es lo que espera el fandom, ahora bien, ¿Qué hay del común de los mortales, el que se ve lo mismo esta serie que una de la BBC sobre mineros galeses? Los índices de audiencia dictarán sentencia.

Por lo pronto esta y otras creaciones recientes nos confirman que el fenómeno “muertos vivientes” sigue, paradójicamente, vivito y coleando. Aparte de la citada The Walking Dead que está a punto de estrenar su sexta temporada, tenemos con dispar suerte Z-Nation (2014) y Helix (2014) ambas del canal SyFy. Junto a ellas, las ya finalizadas Dead Set (2008) convertida en un referente de calidad dentro del género, Death Valley (2011) con su formato de falso documental; la alemana ¡Viva Berlín! (2011) o la miniserie británica de seis episodios In The Flesh. Merecen citarse, asimismo, las webseries Bad Timing (2014) y Cabanyal Z (2012) producción española que no desmerece del resto gracias sobre todo a su desparpajo y al casticismo de la carroña ambulante.

Merecería completar este artículo hablando de los orígenes, referentes e influencias de este pestilente género. Debería ser exhaustivo, y por ello lo reservamos para mejor ocasión. Solamente citar, para los aficionados, dos cómics indispensables aparte de The Walking Dead de Robert Kirkman, origen de la serie homónima: I am a hero, de Kengo Hanazawa, retorcido manga que da varias vueltas de tuerca al universo zombi y : The zombies that ate the world, divertidísima serie de Guy Davis con una visión paródica y existencial, que aporta frescura a un género que, debido a su propia naturaleza, amenaza con descomponerse a gran velocidad.