“The Missing”: dolor que corta la vida

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El pasado jueves 11 de Junio, Movistar Series nos invitó adelantarnos al estreno en España de “The Missing”, miniserie dramática elaborada en coproducción entre EEUU y  Reino Unido. Cada temporada estará centrada en una desaparición, siguiendo el esquema de otras producciones de éxito del pasado 2014 como True Detective o The Killing. La intensidad dramática y la crudeza del tema quizás mariden mejor con este tipo de formato.

La angustia que provoca una desaparición se ve acrecentada por la desubicación de los protagonistas, puesto que cuando suceden los hechos se encuentran fuera de su entorno, en un idioma que no conocen, instituciones que les son ajenas y en pleno contraste con la situación especial en que se encuentra Francia.

Cuando un crimen se produce se inicia el proceso de duelo, con unas fases muy marcadas, pero cuando no tenemos claro lo que ha sucedido, el duelo se congela, el dolor se hace permanente. Ante esa terrible circunstancia toda tu vida anterior es como la tierra quemada tras una escena de guerra: no hay nada que quede en pie y nada vuelve a ser lo mismo. Este dolor está marcadamente representado por un sonido intenso e insoportable que aparece para simbolizar la ruptura interna de los personajes.

¿Qué ocurre cuando aparecen nuevos indicios una vez pasados 8 años? El guion de este primer capítulo mezcla hábilmente flash-backs temporales que nos permite ir acercándonos a los personajes y percibir cómo cada uno se ha enfrentado a la situación, así como su reacción ante las nuevas circunstancias.

Otro elemento que nos ayuda a visualizar el cambio psicológico que han experimentado los personajes es la lluvia, que cae intensamente en el presente, mientras que está totalmente ausente en las imágenes que reflejan el pasado feliz.  Curiosamente, la lluvia empieza a escampar cuando encontramos el cabo de la madeja que permite ir hilando el ovillo de una nueva investigación.

Esta mezcla de drama e historia de suspense a la françoise resulta creíble, tan creíble que asusta. Mérito, sin duda, de unos actores que dan a la interpretación un toque europeo, quizás más natural, sin artificios pero igualmente descarnado. Agradecer que, por una vez, los personajes no anglo-parlantes se expresen en su propio idioma con subtítulos.

El pueblo, Chalon du bois, es un personaje más que pasa del estupor a la ayuda y  de ahí a un cierto hartazgo a continuar apareciendo en las noticias por un motivo nada beneficioso. La prensa, de la peor calaña, intenta sacar provecho económico de la desgracia  e incrementa la tensión latente entre los personajes.

Todos estos ingredientes añaden sabor a una receta que no por clásica deja de resultar apetecible cuando se mezclan con la justa medida. Queremos saber qué pasa y, sobre todo, queremos dejar de tener encogido el estómago aunque intuimos que no va a ser posible hasta el último segundo.