Dramas y comedias y madres

006portada

La cultura evoluciona con la sociedad. Es una de sus características más primordiales. No es nada que no pueda apreciar cualquiera a simple vista: no son iguales las canciones pop de hoy que las de hace diez años (vintage aparte y por no remontarnos a décadas anteriores), como tampoco lo son las series. De hecho, en un momento en el que el espectador demanda historias de personajes con trasfondo, con mucha historia y personalidad, una de las máximas de la sitcom según la cual todo debía volver a la normalidad tras los 20 minutos del capítulo se va volviendo cada día un poco más obsoleta. Las reglas de un producto cultural nunca deben ser rígidas, y sino que se lo digan a Björk.

Todo esto se me ocurría mientras avanzaba hacia el final de la segunda temporada de Mom (de la que, reconozco, me quedan dos capítulos por ver), una de las sorpresas más gratas de los últimos años. Quién le iba a decir a Chuck Lorre, a quien muchos consideran como uno de los máximos exponentes de la caspa televisiva (supongo que en una liga más sutil que en la que juega José Luis Moreno), que alcanzaría este mérito, ¿verdad? Aquella serie que comenzó como un rifirrafe entre una madre (que ya es abuela) e hija (que ya es madre) dedicado a hacernos sonreir con sus tira y afloja mientras intentan mantenerse en la sobriedad, resulta que ha conseguido que lloremos. E, incluso, que cambien las motivaciones de nuestras carcajadas.

006mom01

Esa ha sido una de las grandes bazas que ha jugado en la segunda mitad de esta segunda temporada. Cómo el dolor nos condiciona, cómo nos hace volver a lugares del pasado que creíamos superados, cómo perdemos el juicio y somos capaces de anteponer nuestras necesidades egoístas a las del mundo que nos rodea. Cómo, en definitiva, derrumbamos todo lo que hemos conseguido a base de esfuerzo con una facilidad insólita. Incluso hasta el punto de ser incapaces de reconocerlo. Justificándonos ante lo injustificable.

No podría haberlo hecho mejor Allison Janney, quien es más que probable que no se vaya a librar de otra nominación a los Emmy. De hecho, ayer mismo se hizo con el galardón a mejor secundaria de comedia en los Critics’ Choice Television Awards. No es para menos. La capacidad interpretativa de esta mujer es exuberante. Tampoco se queda corta Anna Faris que, en su defensa, tiene un papel mucho más plano que el de su madre ficticia, haciéndole quedar en un injusto segundo plano.

006mom02

A Bonnie la hemos visto llorar ante la pérdida, nos hemos ido recuperando al mismo ritmo que su personaje y nos han dado ganas de darle una colleja en el momento en que intuimos que podría volver a las andadas. Pero a la vez nos hemos reído en el proceso porque, inteligentemente, los guiones han buscado la comicidad en la tragedia de una manera en la que no nos olvidásemos ni un solo segundo de toda la carga emocional por la que pasaban sus protagonistas. Sabiendo siempre el lugar en el que se encontraban tanto ellas como nosotros, abandonando las risas (incluso las enlatadas) cuando tocaba que se nos agarrotase la garganta.

Mom ha demostrado que se puede salir de los esquemas aun repitiendo fórmulas a priori gastadas. No solo ha sido la única de las nuevas series de conflicto/vuelta a la convivencia generacional que ha aguantado más de dos temporadas en el aire (¿se acuerda alguien de Dads, How To Live With Your Parents (For The Rest Of Your Life) o incluso de The Millers a estas alturas?), sino que es uno de los títulos que más han crecido en relación a su temporada anterior (reconozcámoslo: esto es mérito de pasar a emitirse tras su hermana mayor The Big Bang Theory) y, a golpe de chiste y emoción, se ha ganado a pulso su lugar en el corazón de los espectadores. A mí, si sigue por este camino, me seguirá conquistando cada semana.

Un pensamiento en “Dramas y comedias y madres

  1. Cada vez que revisiono El Ala Oeste en el Yomvi, me quedo maravillado por la interpretación de Allison Janney. Una grande

Los comentarios están cerrados.