Nadie quiere reír con la NBC

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Nadie quiere reírse con NBC, y eso es una triste realidad. Triste por varios motivos. El primero, y el principal, es que su parrilla tendrá menos variedad de géneros. Pero también es importante tener en cuenta que ha sido justamente este canal el que nos ha dado algunas de las mejores joyas de las últimas décadas. No solo hay que remitirse a las noventeras Friends o Seinfeld: 30 Rock, The Office y Parks and Recreation se ganaron un hueco en nuestros corazones que difícilmente alguien podrá rellenar.

No es una casualidad que todas las comedias que ha emitido esta temporada se hayan cancelado (excepto Undateable). Ni tampoco que las estrenadas en la temporada 2013/2014 corrieran la misma suerte (solo About A Boy llegó al segundo año). NBC lleva bastante tiempo en una crisis de identidad de la que le va a resultar muy difícil salir. A ello le hay que sumar una crisis de audiencias: si no contamos estrenos de temporada o el The Blacklist emitido tras la todopoderosa Super Bowl, solo han logrado superar la barrera del 2.0 en demográficos nueve capítulos de la mencionada, siete de Chicago Fire, tres de Ley y Orden: SVU y uno de Chicago P.D. Y he tardado menos de un minuto en contarlos.

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¿Qué ha hecho la cadena ante todos estos graves problemas? No apostar. Series de absoluto relleno, con tramas nada atractivas y ejecuciones rozando lo bochornoso. Y mientras que en el drama se ha podido salvar (más o menos) gracias a sus series de mayor tirón y creando la factoría Chicago, sus comedias se han caracterizado en líneas generales por unos planteamientos irrisorios, manidos y faltos de originalidad. No hay nada peor en una crisis que el dar constancia de estar atravesando un momento difícil. En lugar de poner toda la carne en el asador se han conformado con proyectos que huelen a saldos y, los proyectos interesantes que cayeron en sus manos, contaron con ejecuciones pobres o se los vendieron a Netflix a la primera de cambio (Unbreakable Kimmy Schmidt).

Hubo un momento en el que las sitcoms de NBC fueron tan populares que, a mediados de los 90, la cadena creó el eslogan de must-see TV, la televisión que debes ver. Nada queda ya de que esa televisión que tienes que sintonizar si quieres estar al día o poder echar unas risas con tus compañeros de trabajo en los descansos la mañana siguiente. Ahora solamente reservan para ellas un hueco en la noche más temida de todas: ¿los jueves, la de mayor consumo y competencia? No, los viernes. Esa noche en la que sabes de antemano que la cadena no confía lo suficiente en ti o que, salvo si te conviertes en una excepción, van a darte la última oportunidad antes de cancelarte. Ocuparán esta ubicación, en el otoño, la tercera temporada de Undateable y el estreno de People Are Talking. Ambas, comedias de pandilla. La primera, sobre la necesidad de ligar de un grupo de amigos losers a los que de repente les cae del cielo el típico chulito que les dará consejos para triunfar en el terreno amoroso. La segunda, sobre dos parejas vecinas que no tienen pelos en la lengua y recurre a tramas como que la niñera a la que acaban de contratar es en realidad una estrella del porno. Me desorino solo de pensarlo.

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No crean que solo a NBC ha llegado este problema. La comedia no está atravesando su mejor momento televisivo y acumula la mayor tasa de cancelaciones. Sin embargo, otros canales como ABC seguirán apostando por consolidar su oferta incluso en varias noches (todavía no han facilitado la parrilla de la próxima temporada, pero sus proyectos así lo indican). La comedia es un género demasiado importante como para marginarla pero, si por NBC fuera, sufriría un descanso con fecha de retorno por confirmar. ¿Les funcionará centrar su programación en una oferta dramática? Puede ser y, si así resulta, nos alegraremos por ella. Sobre todo porque, en este giro radical, parece que al menos se han puesto las pilas (si bien algunas como Heartbreaker huelen de lejos a Anatomía de Grey más de lo mismo). Por suerte, cada vez la oferta de ficciones es mayor y siempre podremos recurrir a otros lugares cuando necesitemos evadirnos de nuestros problemas o, sencillamente, queramos explotar nuestro buen humor frente a la pantalla.