“American Crime”, el círculo vicioso virtuoso

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El pasado 4 de Marzo, los amigos de Movistar Series y BirraSeries nos invitaron a ver el primer capítulo de American Crime, que llegaba recién cocinado desde USA un día antes de su estreno mundial.  Con este estreno, Movistar deja clara su apuesta por minimizar el lapso de tiempo entre la emisión americana y la europea.

American Crime llega avalada por la figura de John Ridley, oscarizado guionista de “12 años de  esclavitud” y autor de otros libros y guiones llevados a la gran pantalla. Este proyecto le llegó de la mano de la cadena ABC, pero ha trabajado en su desarrollo desde el piloto hasta la temporada de 11 capítulos que ahora se nos presenta.

El título: “American Crime”,  resume la aproximación a la realidad que va a adoptar Ridley. El crimen que da origen a la trama es explícito desde el primer minuto, pero al mismo tiempo podría simbolizar muchos otros. De la noche a la mañana, cualquier persona puede despertarse inmersa en la espiral que genera un acto violento.  Si True Detective pretende resolver la autoría, American Crime da el asesinato por ocurrido. El foco, por tanto, se pone en los conflictos y el entorno social que ha dado lugar a que el homicidio se cometa, y en los efectos, es decir, cómo responden los diferentes protagonistas al desarrollo de la investigación y el proceso judicial. En ese planteamiento, factores raciales y de clase van a ser muy relevantes para entender, no sólo esta historia, sino la propia sociología de campo del sistema penal. La presencia hispana es cada vez mayor, y más relevante, en los nuevos productos de ficción,  al igual que lo es en la propia realidad americana.

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Aunque con un reparto coral, los personajes más relevantes son los padres de la víctima,  con un pasado de relación conflictiva  y una actitud frente a la tragedia totalmente opuesta ejemplificada por el cartel-imagen de la serie: entre incrédulo y resignado Russ- Timothy Hutton-, rebelde y racista Barb- Felicity Huffman-. Sorprende, por menos habitual en las series americanas, la escasa relevancia inicial de los roles policiales que resultan bastante neutros y con un papel poco emocional.

Quizás por ese afán en centrarse más en el después, en las consecuencias y circunstancias, el capítulo piloto va desgranando una gran cantidad de información sobre los personajes principales. En ocasiones, da la sensación de querer dejar de lado en 40 minutos todas las dudas que podamos tener sobre el pasado de los protagonistas, para que podamos centrarnos en lo que le interesa.  Este afán nudista resulta, en ocasiones, algo forzado, puesto que hablamos de hasta 6 tramas con varios personajes cada una y ello proporciona un escaso tiempo por hilo narrativo.

Con los mimbres actorales de partida, sobra decir que el cesto interpretativo que se construye es sólido y trabajado,  sólo faltaba.  A lo largo del capítulo, vamos trazando un círculo, que se revela vicioso por sus consecuencias, pero al mismo tiempo virtuoso, pues parece imposible que las cosas hubieran sido de otro modo.  Al mismo tiempo, se genera la duda en el espectador de si queda suficiente por contar, de si lo que nos queda por saber puede enganchar tanto a la audiencia como suele hacerlo la duda sobre la autoría. Ahí, en el último minuto, un twist de la trama nos sorprende, vuelve a abrir el círculo y nos deja pendientes de ese nuevo hilo.