¿Por qué, Galavant?

20935Empecé a ver Galavant por una imagen: un caballero, un castillo, una princesa…vale, reconozco que las series épicas y de época me gustan. No había leído nada sobre la serie, por tanto, sin nada de prejuicios ni ideas preconcebidas procedí a ello, sin saber que lo que mis ojos estaban a punto de ver sería algo así como una ridícula obra de arte.

Sí, era de época (anacronismos y lenguaje a parte, claro) pero…y la épica? Pues bien, duró exactamente 2 minutos 21 segundos, tiempo en el que nos introdujeron a los personajes con una…canción. Exacto, un musical. Creo que me reí más por lo inesperado que por la gracia objetiva que me produjo. Pero me reí. En esta primera intro nos presentan a los tres personajes principales, que protagonizarán un triángulo amoroso muy escaleno:

Galavant: personaje que lleva el nombre de la serie (y no al revés). Es un héroe de leyenda que está enamorado de Madalena. Tras ser ésta secuestrada por el Rey Richard, Galavant trata de recuperarla allanando su fortaleza. Madalena rechaza a Galavant porque prefiere la fama y fortuna del Rey. Tras ese enorme batacazo, nuestro cantarín Aragorn de pelo corto se vuelve un vago borracho.

Madalena: la amada de Galavant, que de la noche al día se convierte en princesa por sorpresa (o por decreto). Se alegra al ver que Galavant trata de rescatarla, pero se inclina por el poder y la riqueza de Richard, con quien nunca será feliz.

Rey Richard: un estudiante de primero de crueldad en la academia de Joffrey Baratheon, sin mucho éxito, que no se da cuenta que su amada princesa podría apellidarse Lannister (y no por ser rubia). Él tratará de complacerla y progresar en su lucha feroz de convertirse en un sangriento despiadado.

El Rey Richard, cansado de escuchar las bondades de Galavant, usará a la princesa Betta del reino de Valencia (al que ha masacrado) como señuelo para atraerlo a sus dominios, gracias a una preciosa joya y a un agudo chantaje emocional con Madalena.

Algunos me dirán que hay más tensión entre Austin Powers y el Doctor Maligno que entre el Rey y Galavant y sí, es cierto, pero aquí se canta: se cantan las batallas y…bueno, básicamente todo. ¿Es eso bueno? Es distinto. ¿Qué mérito tendría en narrar la enésima historia de príncipes y reyes y castillos y…? Galavant es novedosa en la forma, podría ser la fusión serie C de Glee y Juego de Tronos. Absurdo, ¿verdad? ¿Y por qué no? ¿Qué tiene de malo? Galavant no pretende ser nada distinto a lo que nos muestra. Es una sátira, una burla, una caricatura del género, con buenas dosis de crítica implícita y algún que otro homenaje. Hasta los propios personajes miran a cámara y se mofan de la serie. El humor es el canal para destruir cualquier tópico y ofrecerle al espectador un producto ligero y rápido, lejos de lo trascendental y enigmático, pues no todas pueden parecer Lost (gracias a Dios).

Yo esperaba sangre y dragones y me topé con rimas y bufones. Tenía todo para decepcionarme y para que cerrara de inmediato la televisión pero…finalicé el capítulo, quizás para determinar qué canción me había gustado menos o para discernir qué parte de la infancia me había perdido, pero lo hice. Sin ninguna pretensión, sin mirar a la serie por encima del hombro. ¿Es prescindible? Sí. ¿Es recomendable? También. ¿Cuál es el mejor momento para verla? No, tras una copa no, mejor dos. Entonces te ríes seguro. Ya sabéis, si bebéis Galavant no conduzcáis. Vaya, qué torpeza…