Veteranas al rescate (1 de 2): HOMELAND

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(AVISO: ESTE ARTICULO NO CONTIENE ESPOILERS)

En los tiempos modernos, de la inmediatez y la novedad, es obligado estar atentos a lo que las cadenas de televisión y las productoras van ofreciendo en cada estación de la temporada. Es evidente que es el comienzo del curso (septiembre-octubre) es el principal escaparate de series en Estados Unidos, sobre todo de aquellas que aspiran a obtener un lugar estable en la programación de las cadenas. Cada curso se estrenan allí docenas y docenas de series, muchas de ellas con atractivos planteamientos (argumentales, actorales o de productores o directores contrastados), pero pocas consiguen destacar, y aún menos consiguen la ansiada continuidad.

Este año, se juntan dos circunstancias extrañas en este inicio de temporada estadounidense: resulta que ninguna serie está destacando especialmente (con la excepción, quizá, de Gotham o The Affair), como otros años por estas fechas. Sin embargo, al mismo tiempo, las cadenas no acaban de decidirse por iniciar las cancelaciones, dado que ninguna quiere ser la primera en reconocer sus errores (y eso que algunas series, entre las que están las dos adaptaciones hispanas, están recibiendo palos por igual de crítica y público).

En este ambiente cargado y confuso, sacan la cabeza, como si fueran novedades, dos series veteranas que comparten una temporada anterior convulsa (aunque una fue brillantísima y la otra dando tumbos), y que se pusieron a sí mismas en una tesitura de difícil inicio de nueva temporada, dados los precedentes. Estas series son Homeland y The Good Wife que, con los eventos acaecidos en los episodios precedentes, pusieron a sus espectadores en guardia, sembrando la duda razonable de que una trama argumental dramática sobreviva a las exigencias que a sí mismas se impusieron ambas.

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En el caso de Homeland, la tercera temporada dio la impresión de estar escrita mientras los guionistas rodaban cuesta abajo por una ladera empedrada, con golpes en la cabeza incluidos. La crítica se lo hizo ver, y el público retiró paulatinamente su apoyo a una serie que brilló notablemente en sus dos primeras temporadas. Afortunadamente, el barco consiguió llegar a puerto (a algún puerto, que por momentos parecía imposible), y amarrar, a la espera de un poco más de inspiración para una nueva temporada que, cuando se anunció esa renovación, se antojó un suicidio por parte de Showtime. Sin embargo, la confianza en el equipo de Alex Gansa y Howard Gordon se ha demostrado fundada, y los planteamientos desplegados en la cuarta temporada en desarrollo están resultando gratificantes para los espectadores que buscaban recuperar de nuevo la intriga política y de espionaje que tan bien supo narrar la serie en sus inicios. La serie cambia casi todo para, en definitiva, potenciar su verdadera esencia, volver a sus brillantes orígenes.

La mutación de la serie se apoya, fundamentalmente, en un movimiento de fichas no por natural (y previsible), menos acertado. Por un lado, descolocando a los antiguos personajes principales que siguen siéndolo, pero en situaciones nuevas para ellos. Por otro lado, el afianzamiento de secundarios que, en esta nueva temporada, devienen más importantes, sobre todo en el ascenso a personaje principal de Peter Quinn (interpretado por Rupert Friend), del cual podría sospecharse que tenía más que ofrecer a las tramas de lo que los demás personajes le permitían mostrar, y que en los nuevos episodios confirma esas sospechas.

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El golpe de efecto final se culmina con la introducción natural de nuevos personajes que, en nueva localización y trama, otorgan credibilidad y sentido a los sucesos que los protagonistas deben enfrentar. El lujo de contar con Corey Stoll (ese congresista manipulado por Frank Underwood), aunque sea un personaje episódico), así como con Laila Robins (secundaria episódica habitual de series, con papel más destacado en algunas como En Terapia), y Suraj Sharma (inolvidable en La Vida de Pi, que aquí cuenta con un personaje prometedor), enriquecen enormemente la serie.

Este nuevo elenco que se ha conformado, en combinación con la inconsistencia argumental que sufrió la serie en la tercera temporada, evita que surja el menor resquicio de melancolía por otros personajes que ya no continúan en la trama. Afortunadamente, Homeland sigue adelante siendo lo que nunca debió dejar de ser, el buque insignia televisivo del thriller político y la intriga internacional. (Emisión en España en Fox).