“True Blood”, hasta la última gota

truebloodfinalserieAsí disfruté la serie True Blood y, sobre todo, la última temporada. Vengo con retraso porque la guardé para degustarla especialmente sin interrupciones y saborearla al máximo.

No es que sea la mejor serie que he visto en toda mi vida, pero a los tarantinos, como yo, nos es difícil encontrar contenido tan gore de ficción (no me gusta la sangre que puede ser real, como las películas de Charles Bronson) y esta serie la he disfrutado mucho por el cochinero que han montado a lo largo de sus 7 temporadas.

Y no sólo eso, sino que además han cerrado la historia de manera magistral. Está uno con el moco colgando por un suicidio por amor cuando se desencadena el último reventón vampiril de la serie, y no se puede más que mezclar la carcajada con las lágrimas. La heroína ahí, toda triste y cubierta con las vísceras de lo que, alguna vez, fuera el amor de su vida. Poesía pura!

Sin embargo, mis personajes favoritos fueron otros, todo el tiempo. En primer lugar, Erik Northman, tan frío, tan despiadadamente atractivo y con toda esa antigüedad en sus hombros. Y, a la vez, tan buen amigo de sus pocos amigos. Y en segundo lugar, Pam. Es como el ingrediente extremadamente House de la serie. Siempre tiene palabras desagradables para quien está muriendo o sufriendo delante de sus narices y jamás pierde el glamour. Real como la vida misma!

Yo creo que estos dos personajes han alimentado, de alguna manera, mis ansias de dejarme llevar en más de alguna ocasión por mis instintos más primarios y mandar al carajo todas las elementales normas de cortesía que me enseñaron durante toda mi niñez.

Reconozco que la serie tuvo sus “malos momentos”. Por ejemplo, la segunda temporada y la Comunidad del Sol. Casi no la soporté, aunque quizá tenga que ver con una experiencia cercana al relato que tuve en mi juventud. Y una, para mi gusto, sobresaturación de seres sobrenaturales que tuvo, me parece, en la cuarta temporada.

A pesar de eso, creo que no gozaba tanto de una serie desde que vi Fringe. Cada capítulo visto era para mí, como haberme puesto un chute de alguna droga de esas que dan subidón (no he consumido nunca ninguna y no pienso hacerlo. Ya el café me sienta mal, de por sí…) y me iba tan contenta y satisfecha a dormir. Definitivamente, una de esas series que vale la pena coleccionar.

P.D. Si eres de los que te gustan Sonrisas y Lágrimas no he dicho nada.