La magia del Empire State

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En un reino muy lejano, una princesa hindú de nombre Mindy Lahiri, esperaba que la ardua búsqueda del amor terminara cuando a su puerta un príncipe azul a lomos de su blanco corcel llegara. Parecía que su suerte había cambiado cuando conoció a Casey, un pastor de la iglesia luterana. Con él se fue hasta Haití donde levantó un hospital, veía amaneceres desde lo alto de los árboles y se volvió adicta al reality de mayor éxito, las moscas invaden Puerto Príncipe. Todo era perfecto, hasta se iban a casar. Sin embargo, como en todo cuento de hadas, el príncipe azul se transformó en sapo y Mindy bajó de su nube a la tierra para volver a pisar con fuerza las calles de Nueva York.

Regresó a la clínica en el que le esperaban sus fieles compañeros y amigos de ‘Shulman y Asociados’, quienes durante su ausencia de apenas dos meses, no tardaron en contratar a un médico, con un pasado de modelo, que hacía las delicias de todos los empleados y socios. Pero su presencia fue muy efímera, y es que acostarse con la exmujer de un compañero trae sus consecuencias. Una plaza bacante que fue ocupada por el alocado, fiestero y míster bodas, Peter Prentice. Su llegada no fue muy bien aceptada por Mindy, no congeniaban. No obstante, con el paso de las semanas las asperezas se fueron limando, y gracias a la inestimable colaboración de Peter, la doctora logró deshacerse de un vídeo guarrillo grabado años atrás y pudo acudir con acompañante al enlace del infiel y drogadicto de su exnovio.

Pero qué tendrá esa clínica que los problemas entran sin llamar a la puerta. No hay día tranquilo en ‘Shulman y Asociados’. Si no les acusan de ser racistas por un comentario en una web neonazi, nadie quiere entrar en su clínica móvil porque piensan que son unos pervertidos que solo quieren tocarles los pechos. Además, los problemas no son los únicos que no piden cita. Hay momentos donde esas cuatro paredes cambian de decoración para transformarse en un zoológico donde los búhos, perros o mapaches, de nombre Pepe, campan a sus anchas, y se realizan batallas con pistolas de goma y fiestas de navidad. Pero lo cierto es que todos son una pequeña familia que se inmiscuyen en el día a día de los demás. Morgan y Tamra teniendo encuentros furtivos, Jeremy superando su estrés que le lleva a comer de forma compulsiva, Danny gruñendo por todo y Betsy suspirando por el doctor Castellano. Aunque parezca mentira, en esa clínica los niños llegan al mundo sin ningún inconveniente.

Entre tanto alboroto, Mindy ha sacado tiempo para buscar el amor. Eso sí, al estilo de las comedias románticas que tanto le encantan. Si en el primer acto de ‘The Mindy Project’ había hombres para todos los gustos y colores, en esta ocasión, la segunda temporada tampoco ha defraudado. Un periodista, un abogado, un skater, un policía y hasta llegar al que parece el definitivo, Danny Castellano, médico de profesión y crítico por naturaleza. “Contaré hasta tres y si no me besas volveré humillado a mi asiento”. Esa única frase en boca de Danny provocó un terremoto de categoría cinco en el universo de la doctora Lahiri. Desde ese instante en el avión, las excusas para mantener oculta la relación a ojos de sus compañeros fueron de lo más variopintas, aunque nada se pudo hace por evitar una frase típica de las películas que tanto le gustan a Mindy. “Eres mi mejor amiga, y única amiga. Y necesito que estés en mi vida, necesito tenerte. Y me da miedo que todo esto vaya a…”

De nuevo Mindy había llenado su caja de rupturas con una nueva foto, la de Danny Castellano. Sin embargo, las últimas líneas todavía no habían sido escritas. Arrepentido, celosos, incomodo… Danny emprendió una medida desesperada que le llevó hasta el Empire State, escenario clave de muchas de las comedias románticas en la que todavía faltaba que tuviera lugar la suya. Dicho y hecho. No fue la hora ni el día elegido, pero la llama entre Lahiri y Castellano resurgió como aves fénix de sus cenizas. “He logrado ver Nueva York a través de sus ojos, y es como en una película. Y he conseguido que ella vea un poco de mi Nueva York, y creo que le ha gustado”. ¿Y ahora?