“Quirke”, un Sherlock Holmes irlandes y bebedor

quirkeOtra vez desde la BBC nos llega otra buena miniserie de tres capítulos que sabe a Whisky de malta y huele a pub atestado. Se trata de Quirke, la adaptación a la pequeña pantalla de la serie de novelas escritas por el considerado como aspirante al Nobel de literatura John Banville (Alias Benjamin Black).

La serie está protagonizada por el nunca suficientemente valorado Gabriel Byrne, un hijo de la vieja Irlanda de los pies a la cabeza que se mete perfectamente en el pellejo de un personaje que si bien no encaja en algunos de los típicos clichés acerca del irlandés medio (de creyente tiene poco) sí que lo hace en otros (muy aficionado a los elementos líquidos ingeribles por vía oral) Le acompañan el gigante de la interpretación Michael Gambon y Nick Dunning (El Tomás Bolena de Los Tudor) entre otros.

¿Y qué es lo que nos ofrece Quirke? Pues lo primero un personaje que cumple con muchos de los requisitos que muchos de los fans del género negro exigen a un buen protagonista: Atormentado, autodestructivo, contestón (aunque casi nunca grosero ni fogoso) que ejerce una profesión que deja lugar a mucho optimismo) es forense) y dotado de un sentido moral que le lleva a hurgar las narices en asuntos turbios (casi siempre relacionados con sus seres queridos) y a buscarse problemas con quienes manejan los hilos de una Irlanda en la cual hasta su ciudad más grande y capital siempre ha sido una especie de microcosmos en el cual todo el mundo se conoce. En ese sentido Quirke  está bastante bien ambientada, trasladándonos a un país austero con más bien pocos pasatiempos (muchos de nosotros estaríamos perdidos allí sin televisión ni internet) dónde la única evasión del aburrimiento, la lluvia (casi siempre llueve) y una sociedad opresiva suele ser el pub en el que hasta señoritas como Phoebe (Aisling Franciosi) se beben las copas a palo seco y sin hielo, como se bebe de verdad. La serie transcurre a finales de los 50, pero parece que el país se haya quedado a finales de los 30.

En éste entorno no precisamente adecuado para un espíritu libre pensante, nuestro hombre se verá poco a poco envuelto en tramas cuyo fin es más bien describir la vida en aquella Irlanda (que sigue pareciéndose mucho a la de hoy) en la cual casi todo el poder recaía en la Iglesia y los cuatro prohombres del momento. En ese sentido resulta de candente actualidad el argumento del primer capítulo en el cual se nos da una pequeña muestra de los turbios tejemanejes de una la iglesia católica intocable en aquella época. Me estoy refiriendo al escalofriante descubrimiento de 800 esqueletos de bebés en un convento irlandés, casi con toda seguridad pertenecientes a madres solteras. Lo mostrado en éste primer capítulo no llega a tanto, pero la arrogancia y prepotencia con la que los clérigos tratan a nuestro protagonista nos da una idea del poder y la inmunidad de la que se sabían provistos.

Esta miniserie abarca tres de los seis libros de los cuales consta la serie actualmente, lo cual debería suponer que habrá una segunda miniserie en la que se nos seguirán narrando las peripecias de éste forense que, a pesar de la resaca, y como buen personaje de novela negra, siempre acaba dando con el culpable. Aquí le esperamos con un vaso de Bushmills en la mano.