Los no muertos se van bien muertos

truebloodfinalLlega por fin la última temporada de la serie más sangrienta de la década: True Blood. Retomando la masacre en la fiesta-trampa del último capítulo, se cargan a uno de los personajes principales y dejan la sensación de que todos irán muriendo poco a poco, despedorrados por una estaca, como ya es habitual en la serie.

Tensión, crueldad, intrigas y un sentido del humor muy “Tarantino” han hecho de esta serie una delicia para quienes gozamos de la sangre “ficticia”, es decir, aquella que no puede ser real y, por lo tanto, no nos deja el mal sabor de boca de lo que el ser humano en realidad es capaz de hacer. Escenas eróticas, parejas disparejas, ignorantes radicales y cuasi-talibanes a mansalva y todos los ingredientes que se encuentran en el típico “pueblo chico = infierno grande” en versión moderna que incluye casi todas las alternativas de género en las que el ser humano se puede desenvolver hoy en día.

Los seres mágicos empiezan a quedar expuestos, siendo objeto de la misma aversión que ya causan los vampiros, mientras vemos cómo los habitantes de  Bon Temps los meten a todos en el mismo saco.

Sin embargo, a pesar de todo el desmadre con que empezamos esta última temporada, hay cosas que se mantienen constantes, como las novias-coñazo/controladoras de Jason, los vampiros alimentándose amistosamente de altruistas seres humanos, en una extraña simbiosis surgida de la crisis, gente fuera de sí por haberse visto obligada a ingerir sangre de vampiro y el pueblo entero salpicado de charcos de sangre y tripas por todos lados.

Sin duda, no apta para susceptibles de estómago y corazón, pero deliciosa para los amantes de las grandes plastas cinematográficas. Sería interesante saber cuánta melcocha utilizan en cada vampiro muerto. Por lo pronto, sabemos que, según la ficción, caben en un recipiente con capacidad para unos 50 litros.