La extraña pareja

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Si sales a la calle y ves que el suelo está mojado, quiere decir que ha llovido. Si oyes ladrar a un animal, quiere decir que un perro está cerca. Si hallas arena en el bolso en el que guardas las chancletas y la toalla, la respuesta es muy sencilla; has estado en la playa. Y si te encuentras con dos personas que trabajan juntas, que confían la una en la otra, se cuentan sus problemas, se protegen en las adversidades, discuten por nimiedades o con solo una mirada ya se entienden, ¿qué conclusión sacarías? Los que conocen por primera vez al Capitán de Fragata Steve McGarrett y al inspector de policía Danny Williams lo tienen claro, ¿sois pareja?

Como si de dos flechas sin rumbo fijo se tratasen, ambos parecían destinados a no trabajar nunca en el mismo barco, el 5.0. Steve se crio en la misma isla donde falleció su abuelo el 7 de diciembre de 1941 (ataque a Pearl Harbor) con la ilusión de convertirse algún día en policía y seguir con los pasos dados por su padre. Tal era su empeño que con apenas unos años de vida se ponía pijamas de camuflaje y ordenaba que le llamasen G.I. Joe, como los muñecos militares. Sin embargo, la inocencia de aquel niño se desvaneció la mañana en la que su madre murió en un coche bomba, y su padre les envió a él y a su hermana al continente con el fin de que estuviesen a salvo.

Mientras, Danny nació en Nueva Jersey y vivó en una casa llena de vida en compañía de sus padres y sus tres hermanos. Se enamoró y trabajó en el departamento de policía de la ciudad que le vio creer. Su vida era feliz junto a su mujer y su hija. Para él, Grace, la niña de sus ojos, es su aliento y lo más importante que existe en la faz de la tierra. Por ella sería capaz de hacer lo imposible, hasta trasladarse a 8.000 kilómetros a “un infierno plagado de piñas”, porque donde esté una “ciudad sin tsunami y con rascacielos” que se quite Hawái.

Cada uno llegó por motivos diferentes al paraíso aloha. Steve para atrapar a quienes acabaron con la vida de su padre, y Danny para estar cerca de su hija después de que se divorciara. Su primer encuentro, ambos se apuntaron con un arma, ya dejaba a la vista que sería una relación con mucha acción y sorpresas. Y no han defraudado. Persecuciones en coche, tiroteos, interrogatorios con tiburones o desde lo alto de un edificio, explosiones, bombas o secuestros. Un sinfín de sobresaltos que siempre terminan con un cariñoso “empapélalo Danno”.

Además, no hay nada en lo que coincidan, son como la noche y el día. Pantalones militares o camisa con corbata, pizza con piña o con mozzarella, los Beatles o los Rolling Stones. Pero lo cierto es que la cabezonería de uno y el sarcasmo de otro, han hecho que en más de una ocasión salgan airosos de situaciones comprometidas. Y es que, una agradable mañana pescando puede terminar en un secuestro en una lancha que se hunde. Aunque parezca mentira, con ellos los habitantes de Hawái están más seguros.