El poder de un brebaje

poder-brebaje

Perdido en medio de un país imaginario se encuentra un peculiar bosque encantado rodeado de plantas de colores, árboles de más de cinco metros y setas tan altas como la luna. En él, los cadáveres son hallados en maleteros de lujosos coches, los tenientes de marina son encontrados en tanques de combustible de un avión o peligrosos terroristas roban bombas nucleares. Tres formas diferentes de cometer un delito, y tres mentes capaces de averiguar quién se esconde detrás de la careta del asesino. Sus habitantes no conocen el paradero de los malhechores que han perturbado la tranquila calma que inundaba aquel pintoresco escondite.

Con señales que cambian de dirección cada segundo, solo unos pocos elegidos son quienes reciben la misiva con un acertijo, que si es acertado, permite al remitente asistir a la fiesta del té. En ella, una mesa de dimensiones estratosféricas, con sillas de todos los tamaños y épocas, y con pequeños manteles de flores que resaltan las dulces delicias, invitan al asistente a disfrutar de una agradable merienda en compañía de tres personas que adoran y veneran esta bebida proveniente de Asia: Patrick Jane, el doctor Donald Mallar y Hetty Lange. Solo ellos eligen quienes son dignos de disfrutar de una  buena taza de té en compañía de una historia que atraiga las miradas, y abra las mentes en busca de respuestas.

Cada uno de ellos acude a este mágico lugar proveniente de diferentes direcciones, pero con un mismo fin. Sentarse en una de las estrambóticas sillas, contemplar el paisaje y reflexionar sobre la investigación que les atañe. Para Patrick Jane, el mentalista que asesora al equipo capitaneado por Teresa Lisbon, el té es como el respirar. Cada vez que entra en una casa para hablar con la familia del fallecido u se dispone a interrogar a algún sospechoso, en su mano nunca ha de faltar una pequeña taza humeante que desprende un hipnótico aroma que hace hablar hasta al más celoso de su intimidad. Da igual que sea en bolsita o a granel, él no es tan estricto como sus otros dos compañeros de mesa.

Para ellos, el té ha de hacerse en una tetera a una temperatura que oscile los 50º – 90º, porque si no perdería el color y aroma característicos. Y bajo ninguna circunstancia en bolsita, sería un sacrilegio, y más para un escocés que se crió tomándolo a las cinco de la tarde. Para Donald Mallard, el forense del NCIS, después de tantas horas en compañía de cadáveres que crean más preguntas que respuestas, la preparación de este brebaje le sirve para desconectar de las atrocidades que ve a diario. Le otorga una puerta de escape a tiempos pasados en los que conoció a alguna joven princesa, trabajó como doctor en un campo de prisioneros de guerra o estudió en la Universidad de Edimburgo. Unos minutos de relax que le sirven para ver con otros ojos los misterios ocultos debajo de una huella dactilar o un rastro de sangre.

La tercera en discordia es la reina de corazones, Hetty Lange. Bajo su batuta se mueve la división de operaciones encubierta que realiza la marina de los EE UU. Cada día con sus decisiones salva la vida a cientos de personas en todo el mundo. Es por eso, que no es de extrañar que necesite una buena taza de té para mantener la mente despejada y alerta ante nuevos imprevistos. Ya sea para dar una advertencia o un consejo, siempre que se tercie no pierde la ocasión para abrir su armario, y coger uno de los tantos botes que tiene para preparar una infusión de hiervas, que a buen seguro le dio algún príncipe o curandero asiático.

Todos aquellos intrusos que rompen con la serenidad de su particular habita terminan siendo cazados y llevados ante la corte. O sino que se lo pregunten al compañero de trabajo de la joven que fue encontrada en el maletero de un coche, a la contramaestre que mató al teniente por una saca de dinero o los traficantes de armas que robaron las bombas nucleares. Así pues, es mejor esperar una invitación a la fiesta del té.