El laboratorio de las maravillas

abby

Lewis Carroll imaginó un mundo de fantasía y extravagancia donde todo era posible. A través de una madriguera, Alicia se encontró con un sombrerero loco que celebraba su no cumpleaños junto a una liebre, una baraja de cartas que se apresuraban en pintar las rosas blancas en rojas, o un conejo que siempre gritaba ¡llego tarde!. Un país de las maravillas que escondía más respuestas que preguntas.

En la vida real no existe ningún lugar tan extraño a la par que especial que pueda competir con él. Sin embargo, una joven criminóloga de pelo negro, con tatuajes que pintan su cuerpo como si fuera un lienzo, y con una vestimenta fuera de lo común, recuerda a aquellos personajes entrañables que revoloteaban por la mente del escritor inglés.

Cuando sólo era una niña fue capaz de resolver su primer caso con apenas un peluche y una etiqueta descolorida. Desde entonces, ha obrado su magia en cientos de casos relacionados con su particular país de las maravillas: El astillero de la marina de los Estados Unidos. Como si de la fiesta del té se tratará, su laboratorio siempre es una locura en el que la música y el Caf-Pow!, su bebida preferida, nunca han de faltar. Con la ayuda de sus más fieles ayudantes: El espectrómetro de masas, la sala de balística o el sistema AFIS, consiguen derrotar a todas las Reinas de Corazones que pretenden salirse con la suya.

No cabe duda de que a primera vista este genio de la ciencia forense desconcierta y deja sin palabras a todo aquel que le conoce. Sus collares de perros, sus botas con plataforma y sus dos coletas, son lo que la distinguen del resto de personas que conforman su universo. Un universo en el que ella es el corazón que mueve el engranaje que conforma el NCIS.

Detrás de su apariencia de gótica se esconde una persona ingenua que hasta hace poco no sabía que el Titanic se hundió, que juega todos las semanas en una liga de bolos con sus amigas las monjas, que acude a un centro para mayores en el que juega al bingo, y que ama a los animales. Diferente, así es esta cerebrito que descansa de las largas horas de trabajo en un ataúd. Sin embargo, a pesar de su desbordante alegría, a Abby Sciuto todavía le queda por resolver el caso más importante de su vida: Quiénes son sus padres biológicos.