Ciega a citas, la apuesta de Cuatro para la sobremesa.

ciega a citas 3Cuatro ha apostado por una serie española para sus sobremesas, una alternativa a las infinitas repeticiones de series de exito o a las trasnochadas telenovelas de otros canales.

Después de varias semanas leyendo sobre esta serie, a la que se ha tildado de fresca, con buenos actores que resultan creibles y con la que en teoría podríamos identificarnos cualquier mujer, decidí verla.

Lo único salvable para mi en esta esperpéntica serie es el papel de Elena Irureta, que en las ocasiones en las que no me sacaba de quicio, me hacía reir por su disparatado y exagerado comportamiento.

La idea del patito feo parece infalible, desde Cenicienta a Bridget Jones, se nos vende que la felicidad de las mujeres depende de su delgadez y su aspecto físico. “Ciega a citas” sigue esta línea.

La protagonista, Lucia (Teresa Hurtado de Ory), una chica del montón, que ha roto con su novio y ha comenzado a trabajar en un programa de radio matinal; se enfrenta con su madre, al recibir la noticia de la boda de su hermana pequeña.

Irene, una “modélica” estudiante de medicina, alta, rubia y delgada se va a casar, en nueve meses, con un partidazo. Con motivo de la boda se produce una refriega entre la madre y Lucía que termina en una apuesta absurda y humillante.

Si Lucia acude a la boda más delgada, mejor vestida y con un novio, se queda con la casa de la playa de su abuela. Esto la lleva a un sinfín de citas a ciegas, de las que encima se ve obligada a hablar en su trabajo en la radio. La emisora, a punto de cerrar por sus bajas audiencias, explota la situación personal de Lucia, creando un consultorio sentimental, en el que la protagonista mantiene a los oyentes al día de sus venturas y desventuras.

El argumento, aunque bastante previsible, podría dar como resultado situaciones hilarates y rocambolescas que nos arrancasen unas cuantas carcajadas.

Eso no ocurre con Ciega a citas, las tramas son burdas, insípidas; carecen de interés y profundidad. El guión está falto de ese toque de ironía e irreverencia que en mi opinión, necesita toda buena comedia. Los diálogos son demasiado largos y anodinos, difíciles de manejar, faltos de agudeza. Incluso los diálogos entre madre e hija carecen de la beligerancia y mordacidad, que se podría esperar de una madre tan “petarda” y entrometida.

Por último sólo me queda hablar un poco de los personajes, bastante estereotipados y encorsetados.

La protagonista, Teresa Hurtado, aunque no termina de convencerme, aporta a su personaje una amabilidad y delicadeza que son de agradecer.

En  mi opinión, la mejor de la pelicula es Maruchi, como ya he comentado, es la madre de la protagonista, encarnada por una Elena Irureta, con un papel muy distinto al que nos tiene acostumbrados. Es una madre tremendamente pesada, superficial e incluso en ocasiones grotesca. La actriz aporta la acidez y la dulzura justas a su personaje.

Otro de los protagonistas es el eterno aspirante a galán Octavi Pujades. De nuevo, este hombre me demuestra que para ser buen actor hace falta algo más que ser guapo. Guapo, lo es, desde luego, pero su belleza es lo único bueno que aporta a esta serie.

Otro de los misterios de esta serie es ¿Qué hace Belinda Washington de actriz? y sobre todo ¿Qué hace interpretando a una especie de mujer fatal?

Lo cierto es que esperaba encontrar en esta serie un producto entretenido y divertido como alternativa a las tertulias/gallinero, dramones y telenovelas típicas de nuestras sobremesas; pero, al menos por ahora no me ha convencido. Nadie espera a esas horas una serie con unas tramas dignas de Homeland, pero si un poco más de brío e ingenio.