“Sherlock”. Temporada 3: resumen y review

sherlockreview3Habiendo finalizado la tan ansiada tercera temporada de Sherlock, hacemos un repaso a lo que ha sido este huracán de historias y sucesos de los que esperábamos obtener respuesta y que también nos han dejado con muchos más interrogantes…sobre todo uno. (Contiene spoilers)

Dos años tuvimos que esperar para conocer la respuesta a uno de los misterios más complejos que nos planteó la historia de las series de la televisión en mucho tiempo. Todos recordamos cómo nuestro detective privado favorito tuvo que hacer frente a su archienemigo más peligroso, en uno de los cara a cara más increíbles que nos ha dado el entretenimiento visual en años en una serie. Una escena que recordaremos comenzaba con la canción “Staying alive” siendo escuchada por James Moriarty esperando encontrarse con Sherlock en lo alto de una azotea. Sin ahondar demasiado en el resto de la escena, remarquemos que es uno de los guiones más cuidados que podremos ver, muy pulido; cada “toma” está superado por el mejor “daca” de cada personaje. Un enfrentamiento verbal y sobre todo intelectual que derivará en la única posible salida de Sherlock disponible: su propia muerte, tras el suicidio de Moriarty, el único que podía retirar la orden de matar a los pocos aunque más cercanos amigos de Holmes, amenazados por hombres de Moriarty.

Grabados en la retina y en nuestros oídos quedan las palabras de Sherlock a Watson desde la cornisa del hospital, instándole a que no deje de mirar (obviamente para asegurarse de que todo sale bien) y esperando por nuestra parte que todo se solucione satisfactoriamente hasta que vemos a Sherlock saltar al vacío de manera irrevocable. Dos años de teorías, conspiraciones, elucubraciones y demás pesquisas para intentar averiguar cómo sobreviviría de ese salto al abismo (y más sabiendo que existiría una tercera temporada).

sherlock2review3Tras dos años de espera debido a las apretadas agendas de sus protagonistas por fin obtuvimos respuesta… ¿o no?

La tercera temporada comienza de una forma vertiginosa haciendo un review del salto destapando cómo Sherlock logró evadir la muerte que prometía el final de la caída: un arnés con una cuerda elástica le deja a dos metros del suelo volviendo a elevarse y entrando por una de las ventanas donde espera Molly, compinchada con Sherlock, y el uso del cuerpo de Moriarty inerte con una máscara de látex con los rasgos faciales de Holmes, sumado a la intervención por parte de un hipnotizador para hacer que Watson “trague” la farsa. Todo muy…elaborado, tal vez demasiado. Y en efecto, sólo es una teoría de Anderson, ahora dedicado en cuerpo y alma a limpiar el nombre de Sherlock que él mismo ayudó a manchar.

 Por su parte Watson ha intentado rehacer su vida tras la muerte de su mejor amigo, ha seguido hacia adelante, no sin dejar un poco de lado a la Sra. Hudson en pos de su vida sentimental. Ha conocido a una media naranja con la que ahora es feliz: Mary Morstan.
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A partir de aquí todo dará un vuelco al volver a la vida de todos los londinenses un Sherlock exiliado en algún lugar de Eurpoa del Este con cierta “ayuda” de su hermano mayor. Hay que apreciar la forma en la que Holmes se presenta a Watson mientras éste cena con su futura prometida; la escena es bella, preciosista, con una comicidad contenida a la vieja usanza, la música…los encargados de elaborar esta escena sabían lo que querían y cómo lo querían. Una cosa muy curiosa es lo que Watson dice en un momento todavía lleno de ira y rabia contra su amigo: “No me importa cómo lo hiciste. ¿Por qué”.

Es suficiente para ir preparándonos de que no habrá una explicación oficial sobre cómo fingió su muerte el detective. Ya más adentrados en el episodio nos encontramos con unas subtramas, unas historias secundarias a las que nos tendremos que ir acostumbrando. Recordemos que cada capítulo tiene una duración aproximada de 90 minutos que dan para mucho y necesita de algo más que dar vueltas a una sola historia, aunque algunos lo agradeceríamos. Así pues nos topamos con la historia del esqueleto que no nos lleva a ninguna parte, únicamente para hacernos ver que Sherlock no puede pasar sin su otra mitad. La trama principal por la que Holmes vuelve a Londres es porque Mycroft tiene información de que va a haber un gran atentado terrorista próximamente, la cual no sabemos si se trata de la trama principal de la temporada (esperamos un enemigo) o una de las subtramas. Pero cuando John es secuestrado y todos comenzamos a pensar lo que lo que nos ronda por la cabeza desde antes de comenzar el capítulo, (Moriarty continúa vivo de alguna forma) vemos que el atentado terrorista es la historia principal del capítulo, y ambas historias el secuestro de John y el atentado en Londres, aunque no tengan nada que ver, transcurren casi paralelamente.

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Rápidamente Mary corre en busca de la ayuda de Sherlock tras recibir un mensaje cifrado y ambos se ponen en camino para salvar al compañero del detective que a punto está de morir abrasado en una hoguera ante la mirada atónita de un buen número de espectadores…pero no sólo los presentes están observando, unos ojos tras unas gafas visualizan la escena, analizándola, diseccionando la acción que transcurre mientras Sherlock consigue salvar a su amigo y compañero Watson. Parece que alguien se ha interesado por la pareja de detectives. Pero no sabremos más en este episodio acerca del hombre misterioso.

 Sin duda de lo más remarcable del episodio es lo que la historia principal nos ofrece, intentando descubrir cómo y quién cometerá el atentado terrorista de Londres. Sherlock y Watson descubrirán quién está detrás de ello, y cómo lo hará; uno de los vagones de una de las líneas de metro ha sido robado y situado bajo el parlamento con una gran carga explosiva. Los dos amigos y detectives no saben cómo desactivarla…o eso parece, ofreciéndonos una clara imagen de lo que sucederá en cuanto el artefacto haga explosion: un parlamento y Big Ben explosionando espectacularmente. Pero antes de que todo se resuelva, de manera satisfactoria para todos, obtenemos un flashback por parte de Sherlock, que desvela a Anderson cómo hizo para fingir su muerte en una de las metáforas o símiles más acertados de la historia de la televisión. Anderson representa lo que los espectadores hemos sido durante dos años, una persona ávida de respuesta a la gran pregunta de cómo Sherlock consiguió morir y resucitar.

Según el relato de Holmes, todo estaba orquestado, todo era un truco de magia, puro teatro y puesta en escena; cada uno de los viandantes estaba contratado (incluso el oportuno ciclista que atropella a John que era lo único obvio que teníamos pensado los espectadores) la calle cerrada, y quien realiza el salto es un cadáver con la fisionomía parecida a Sherlock, un hombre al que Moriarty usó para tender la trampa de que era el secuestrador de los niños en el último capítulo de la segunda temporada, siendo sustituido una vez en el suelo por el propio Sherlock y reteniendo el pulso así mismo para cuando John hiciera lo propio de su profesión como médico. Todo ello en un movimiento que el propio Sherlock describe “como las agujas de un reloj” mientras John se aproxima por la izquierda, todos los actores desaparecen por el lado contrario. Tras la explicación pertinente a Anderson, éste no termina de creerlo expresando dudas, inquiriendo en que no podía ser tan “fácil”, lo que él buscaba era lo que todos buscábamos, algo espectacular, rimbombante, lleno de detalles sorprendentes y rebuscados.

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Así pues termina la explicación sobre cómo Sherlock sobrevivió a su propia muerte, con un Anderson enloquecido ante su muro de investigación expresando que no era posible que así fuera y exclamando posibilidades de “¿pero y si…? representando lo que todos hemos hecho durante estos años y cómo reaccionaríamos ante una explicación que no nos convencería. Así nos deja la opción de creer que eso fue lo que ocurrió…o sólo una artimaña más de Sherlock para zanjar el tema. Que el espectador tome la decisión de lo que quiera creer.

Entramos en el segundo capítulo, con menos cabos sueltos, y esperando al menos por parte de quien escribe estas líneas obtener lo que tuvo de los segundos capítulos de anteriores temporadas: que no aportaban nada a la trama general de la temporada. Pero en este caso no será así como veremos más adelante en el tercer capítulo.

El gran día ha llegado. Watson y Mary van a contraer matrimonio y Sherlock será el padrino de su compañero, lo que supondrá un problema a la hora de empatizar socialmente mediante el discurso en la celebración. Pero aún así, muy bien resuelto al estilo Sherlock. Su discurso será un compendio de halagos hacía su mejor amigo y compañero hilvanado con los relatos de la resolución (no en todos los casos) de los casos más variopintos a los que se hayan tenido que enfrentar.

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Cómo decía anteriormente parecía que íbamos a obtener un capítulo puente como estábamos acostumbrados en las anteriores temporadas. De entre todas las historias de los casos que aceptaron y Sherlock relata a los invitados, hay una que nos va llevando de la mano y nos adentra más y más en lo que va a desembocar en la boda. El caso en sí, consiste en el asesinato de un miembro de la guardia real en la ducha, donde nadie ha entrado ni salido, y no existe arma homicida, convirtiéndose así en un caso sin resolver.

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Entre tanto uno de los invitados de la boda tiene una presencia especial, pues se trata de un antiguo compañero de John cuando estaba en el ejercito, ahora recluido en casa tras un ataque sufrido en el que todos murieron menos él. Al principio del capítulo vemos como este personaje se engalana con su traje militar, y como es habitual los realizadores de la serie juegan al despiste y la primera impresión que nos ofrece es que puede ser un enemigo en potencia para nuestros amigos, sobre todo para Watson en el día más importante de su vida. Nada más lejos como podremos comprobar en la resolución del caso, tan sorprendente como siempre. Como conclusión el capítulo por sí sólo no se sustentaría como historia propia, pero como ya mencionamos anteriormente, esta vez forma parte de un hilo argumental continuista con detalles que forman parte de un arco mayor el cual abarca con toda la temporada. Pero una vez más más el saber hacer de los creadores y realizadores hace que cada capítulo brille con luz propia como el cuadro que más destaca en un museo, digno de admiración, bien acabado, cual pintura de Monet, de cerca la forma que compone el trazo es inapreciable, pero a la distancia adecuada, podemos captar todo lo que representa en conjunto.

Y llegamos al tercer y último capítulo de la temporada, del que esperamos un broche a la altura de la anterior temporada. Y aquí es donde para mi comienza un poco una debacle argumental, que perdonamos por el amor incondicional que le tenemos al carismático personaje detectivesco y el mundo que le rodea. La presencia y aparición del nuevo archienemigo de Sherlock nos pone en alerta para activar nuestra comparación con carismático y difunto…Moriarty. Por muy serio, elegante y poderoso que se muestre este nuevo némesis no llega a la altura del primero.

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Sí es cierto que son polos opuestos, Moriarty usaba la locura, la fuerza bruta mediante explosivos y planes urdidos desde la locura más absoluta; mientras que Charles Augustus Magnussen es delicado, y usa su prepotencia conjunta con el poder de la información. Esa es su gran baza, la información comprometida de los demás, un magnate de la información.

Y es a partir de este punto donde comienza una carrera llena de sorpresas a raíz de que Sherlock quiera recuperar una información importante para una clienta. Lo que todo comienza con un caso de un alto cargo del gobierno británico, termina por entramar a alguien muy cercano a nuestros amigos. De esta forma asistimos a otro de esos momentos cumbres de la serie cuando los realizadores vuelven a jugar con nosotros en una escena en la que Magnussen se encuentra siendo víctima a punta de pistola por un desconocido (aún esperamos en cierta manera que el difunto Moriarty aparezca de alguna forma). Mary (ahora Watson) no es quien decía ser. Ella es quien sujeta la pistola contra Magnussen en una escena que se resolverá como pocas en la serie pero siempre con esa sorpresa que deja boquiabierto al espectador. Sin entrar en muchos detalles, Mary resulta convertirse en un cliente de Sherlock, su aparición en la vida de Watson no fue casualidad, y aquí es donde entran en juego todos los detalles que Sherlock nos desvelará recopilados de los anteriores capítulos, esos detalles que se nos pasan por alto, o inadvertidos o que consideramos insignificantes pero que como siempre en esta serie, tienen una razón de ser. Mary tiene unos conocimientos excesivos en ciertos temas junto a unas habilidades extraordinarias lo que se traduce en la deducción final de Sherlock: Mary era una espía y Magnussen tiene en su poder información que ésta quiere recuperar.

Obviamente todo esto sucede a través de una sucesión de metáforas visuales realmente impactantes, cómo el sótano de Sherlock, el último escalón al final de la escalera en el piso más bajo de su alma, que simboliza su muerte.

Tras urdir un plan para recuperar la información perteneciente a Mary llega el último acto. Decepcionante para unos, sorprendente para otros. El hecho de Magnussen no posea un lugar físico con información en dicho estado, sino que se trate de un palacio mental, personalmente no me sorprendió en exceso. Sí lo hizo en cierto modo el desenlace final, ¿cómo arrebatar a alguien una información que sólo está en su cabeza? Matándolo. En una escena llena de tensión donde las fuerzas de seguridad británica rodean a los detectives y Magnussen (Sherlock entrega a Magnussen el portátil de Mycroft a cambio de que le muestre su inexistente bóveda donde guarda toda la información) Sherlock cruza la última línea que le quedaba por traspasar. Una que ya se anunció en el primer capítulo de la serie: Sherlock es un sociópata, pero como el remarca “bien integrado” y tras una felicitación navideña a modo de frase para imprimir en una camiseta, acaba por disparar un bala a la cabeza de Magnussen con la pistola que John lleva en su chaqueta.
Todo parece un sueño, algo irreal, Mycroft y John quedan estupefactos, y hasta aquí todos esperamos que la imagen desaparezca con un fundido en negro para dejarnos pensar durante el transcurso de la realización de la segunda temporada.

Nada más lejos y creo que aquí se pierde un poco de misterio, el capítulo continúa, explicando que Sherlock será exiliado de Inglaterra para una misión, quedando libre de cárcel en principio por los buenos “amigos” que tiene en las altas esferas. Sherlock y Watson se despiden de la forma más sentimental posible que ambos ofrecen por cada lado y terminamos viendo como Sherlock embarca en un avión ante la mirada de Watson y Mary. Un final un tanto frío para un final de temporada de esta serie para lo que nos tiene acostumbrados.

O tal vez no. Escuchando los primeros compases del tema principal con los títulos de crédito, éstos se interrumpen cual señal de emisión pirateada. Ante la atenta mirada de nuestros amigos Lestrade, Molly, la Sra. Hudson… al televisor asistimos a la aparición en imagen (lo que todos esperábamos desde el comienzo de esta temporada) de la mayor mente criminal, de todos los tiempos, el asesor criminal James Moriarty. Con su siempre gracioso uso de la tecnología aparece en las pantallas de todo Londres repitiendo una y otra vez la frase: ¿Me echabas de menos? Otra frase a añadir al resto que la serie ya ha hecho famosa como “I am Sherlocked”.

Y esa es la cúspide de la temporada, a lo que los creadores nos tienen acostumbrados, a devanarnos los sesos con la pregunta “¿cómo?” que nos rondará hasta el comienzo de la siguiente temporada. El metraje del capítulo no termina sin una vez más dirigirse a nosotros como parte de la historia, apareciendo Moriarty dirigiéndose hacia nosotros mismos haciéndonos la misma pregunta “¿me echabais de menos? La única pregunta a la que tenemos respuesta como espectador: sí.

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