“Sleepy Hollow”, un pueblo al que (de momento) estamos deseando volver

sleepyhollowfestival2013Cuando descubrí que “Sleepy Hollow” tendría adaptación televisiva, reconozco que fui de los que se echaron a temblar. Hay un largo precedente de películas que triunfaron en la gran pantalla y fracasaron estrepitosamente al llegar a televisión. Y hacerlo con una historia tan icónica como esta no era nada fácil, especialmente con el referente de la magistral película de Tim Burton tan reciente en la memoria colectiva.

Pero esta nueva versión del clásico de Washington Irving convence. Muchos (entre los que me incluyo, reconozco) hubiésemos preferido una aproximación más adulta, más oscura o más arriesgada, incluso. Pero teniendo en cuenta que se emite en abierto en Estados Unidos había que hacer ciertas concesiones.

Una de ellas, dar un giro a la historia. En este “Sleepy Hollow”, Ichabod Crane (Tom Mison) resucita en el siglo XXI gracias a la brujería. Con él regresa también el jinete sin cabeza, que es nada menos que uno de los cuatro jinetes del Apocalipsis. Junto con una teniente de policía (Nicole Beharie) receptiva a creer en fenómenos paranormales, Ichabod tratará de detenerlo.

Creada por Roberto Orci y Alex Kurtzman, responsables de “Fringe”, todo apunta a que la serie tendrá un toque procedimental, con la resolución de un caso diferente por semana, pero sin perder de vista la historia central, la lucha de los dos personajes principales por detener su apocalíptico destino. En la medida que sean capaz de hacerlo de forma equilibrada podrán mantener el interés del espectador.

Ya tiene ciertos aspectos a su favor. Es una serie de aventuras sin excesivas pretensiones, con un tono ligero y divertido. Y el producto funciona. En gran parte gracias a la química entre sus dos protagonistas y los continuos guiños cómicos por las reacciones de Ichabod ante lo que se encuentra en un mundo desconocido (y demasiado evolucionado tecnológicamente) para él.

Pero Sleepy Hollow también me pone alerta y me impide entregarme rendidamente a sus pies. El piloto, con un ritmo frenético en sus 45 minutos, nos hace preguntarnos si podrán mantener ese listón tan alto en sucesivas semanas. ¿Y hasta cuándo? Porque la historia podría no dar para mucho tiempo sin estirarla de forma absurda, como hemos visto tantas otras veces antes.

Yo, por el momento, seguiré visitando “Sleepy Hollow”. Me ha dado motivos suficientes para hacerlo. Pero ojo, todo tiene un límite. Espero que no tenga que mentar pronto a la Reina de Corazones de Alicia en el país de las maravillas (ella lo diría mejor que yo) y pedir a sus responsables “que le corten la cabeza”.