“Big Bang”, un alegato por el frikismo

Cuaderno de bitácora: fecha estelar 20121227. Ha pasado casi una semana del previsto fin del mundo, supuestamente anunciado por los mayas hace siglos, y aquí seguimos. ¿Es una señal de los dioses de Krynn para darnos una segunda oportunidad? Tal vez, pero como bien dijo el Maestro Yoda “Vive el momento, no pienses; siente, utiliza tu instinto, siente La Fuerza”. Así debemos pensar, los que seguimos las aventuras de nuestros frikis favoritos de la televisión. Porque aunque “Big Bang” ha perdido la frescura de sus primeras temporadas, aún hay razones para que sea una de las mejores series del año.

He de reconocer, que no seguí en sus inicios el estreno de “Big Bang”, y que hasta hace un par de años o tres, sino me falla la memoria, no comencé a engancharme a esta pandilla de frikis inadaptados sociales. Para que luego digan que las múltiples repeticiones de Neox y TNT no sirven para nada.

En sí, “Big Bang” rompía con la comedia clásica, no en su formato de duración ni tampoco en su utilización de multicamaras, para eso está ya “Modern Family”. En mi opinión, se presentó como un soplo de aire fresco tras años de sequía de la comedia tradicional, una vez que llegaron a su final “Friends” y “Frasier”. Cuatro amigos, que no saben nada de relaciones sociales, que viven en su mundo particular de juegos de rol, de cómics y ciencia, de series de ciencia-ficción y fantasía, y de partidas de “Halo”. Unos genios incomprendidos, a los que una ingenua chica de Nebraska ayuda a salir y descubrir otra vida. ¿La vida real?

Si revisionamos las primeras temporadas de “Big Bang”, y ocasiones tenemos gracias a los maratones de TNT, nos encontramos con una serie que contenía múltiples referencias a la cultura popular y al frikismo más acérrimo. Todo salpicado, de momentos más o menos románticos, de la relación entre Penny y Leonard. Pero eran sobretodo, esos momentos frikis, esas referencias a la cultura popular, las que conseguían enganchar a generaciones diversas.

Así si echamos la vista atrás, podemos recordar la fiesta de disfraces a la que Sheldon acude disfrazado de efecto Doppler; esa genial escena en la que los cuatro amigos, tras comprar Leonard la máquina del tiempo a tamaño real de la película “El tiempo en sus manos”, parodian un viaje en el tiempo; o el episodio dedicado al anillo de “El Señor de los anillos” y la transformacion de Sheldon en Gollum. Estos son sólo unos pocos ejemplos, muchos de los que leáis este pequeño artículo recordaréis muchos más, incluidos los cameos de Will Weaton, Stan Lee, Kate Sackhoff (“Battlestar Galactica”), Charlie Sheen o del cofundador de Apple, Steve Wozniak, entre otros.

Sin embargo, y algún pero había que poner a la serie, todo no podía ser perfecto, como he indicado al principio, “Big Bang” ha perdido frescura. Es cierto que las audiencias la siguen apoyando en Estados Unidos, superando los 18 millones de espectadores cada semana. Pero tener grandes audiencias, no es sinónimo de calidad, y no es el momento de recordar grandes series que se han quedado en el camino por ser incomprendidas por las grandes masas de audiencia.

Si digo que ha perdido frescura, me refiero al aspecto que me enganchó a ella, su puro frikismo. Es cierto también, que los personajes deben evolucionar y no estancarse pero en muchos momentos de las dos últimas temporadas, “Big Bang” se ha convertido en una comedia romántica en la que un grupo de amigos se reunen con sus parejas, y en las que nos encontramos con diferentes situaciones llenas de equívocos y malentendidos, que finalizan en la reconciliación de las parejas. Y bueno, que queréis que os diga, para ver comedias románticas ya hay otras series.

Aún así, sigo siendo un seguidor de esta pandilla entrañable que consigue, aunque sea repetido, que me pare a ver un episodio de sus aventuras. Sólo por eso, ya “Big Bang” puede ser una de las series del año.

Larga vida y prosperidad.