“El Mentalista” ha vuelto, y parece que con energías renovadas

Cuando el pasado mes de mayo finalizaba la tercera temporada de “El Mentalista” con la supuesta muerte de John “El Rojo” a manos del protagonista, se ponía punto y final a una temporada larga y en mi opinión soporífera, de una de las series de mayor éxito en la televisión norteamericana. Ahora cuando llevamos dos episodios de la cuarta entrega, parece que la serie recupera el pulso y ha vuelto a despertar el interés que al menos por mi parte había perdido.

Cuando un procedimental se convierte en previsible, hace que cada episodio sea una repetición del clásico “planteamiento, nudo y desenlace”. Como ya vengo comentando en artículos anteriores, el procedimental se ha puesto de moda a niveles nunca vistos. Su mayor ventaja es sin duda la serialidad de las tramas, que hace que cualquier espectador pueda perderse un episodio sin temor a quedarse colgado con alguna trama vista en anteriores entregas. La rentabilidad está asegurada, y el riesgo es nulo para la cadena que apuesta sobre seguro por un producto que puede llegar al mayor número de público.

Frente a los procedimentales que apuestan por un reparto coral y con escasas referencias a la vida privada de sus protagonistas, de los que son exponentes claros las sagas de “C.S.I.” y “Ley y Orden”, nos encontramos a los que tienen un protagonista, al que el adjetivo peculiar se les quedaría corto. En este segundo grupo se sitúa sin lugar a dudas Patrick Jane, el personaje protagonista de “El Mentalista”.

La arrolladora personalidad de Patrick Jane aglutina todo lo que ocurre en “El Mentalista” y para bien y para mal hace que el resto de personajes queden en segundo plano. Cuando esto ocurre sino presentas unos guiones, es decir unos casos que estén a la altura del intelecto del protagonista, la serie se vuelve predecible. Es lo que mi opinión ocurrió en la tercera temporada de la serie. Si en las dos primeras te podías dejar sorprender por los trucos y la sonrisa del protagonista, en la tercera temporada todo se volvió predecible y falto de emoción y sorpresas. Durante veintidós episodios asistimos sin inmutarnos a la facilidad con que Patrick Jane resolvía casos mientras bostezaba tumbado en el sofá de la sede de la Brigada Criminal. Y salvo sus interesantes enfrentamientos con el siempre inquietante Pruitt Taylor Vince (y no lo digo por su estrabismo) y alguna aparición de los acólitos de John “El Rojo”, la tercera temporada parecía una repetición de episodios ya vistos que no presentaban sorpresas para el espectador.

Todo eso cambio con el episodio doble que cerraba la temporada. Con un Patrick Jane más desatado que nunca, cuatro sospechosos de ser el topo de John “El Rojo”, una operación para desenmascararlo que daba al traste con una boda y un final que enfrentaba al protagonista con su archienemigo (genial Bradley Whitford). Sin embargo era evidente que John “El Rojo” no podía morir y así se ha demostrado en el inicio de la cuarta temporada que parece como digo en el titular, haber regresado con energías renovadas.

En los dos primeros episodios de la recién estrenada temporada nos hemos encontrado a Patrick Jane encarcelado por el asesinato de John “El Rojo” y con el equipo suspendido por la operación llevada a cabo para descubrir al topo en la Brigada Criminal. Como era lógico descubrimos la persona a quién mató no era más que otro de los acólitos del asesino que sigue jugando con el protagonista. Además vemos como gracias a lo que mejor se le da al protagonista, es decir engañar y mentir, consigue rehabilitar a toda la unidad para volver a trabajar juntos. ¿Previsible? Es posible. Pero en mi opinión la serie en esta nueva temporada ha vuelto a recuperar el pulso y el interés. El descubrimiento de que el supuesto John “El Rojo” y su pareja eran almas gemelas del crimen y se dedicaban a secuestrar a niñas o la forma de desestabilizar al equipo que ha sido asignado Jane son al menos dos claves para demostrar que “El Mentalista” parece que no se ha estancado.

Esperemos que la serie mantenga este nivel a lo largo de la nueva temporada y que no retome su actitud de encefalograma plano que había mantenido el año pasado. Para ello quizá haya que convertir la relación entre Patrick Jane y John “El Rojo”, en algo parecido a la que mantenían Samantha Waters y Jack, el psicópata asesino que mató a su marido (¿os suena?), en la serie “Profiler”. Creo que ayudaría y mucho a mantener la tensión de la serie. Quizá aquella relación era más insana y retorcida pero Jack y John “El Rojo” tienen mucho en común, aunque a veces este último parece que ha sido poseído por la mente diabólica del Profesor Moriarty. Habrá que estar atentos y como dice el protagonista al final de cada capítulo: “No se pierdan el próximo episodio”.

2 pensamientos en ““El Mentalista” ha vuelto, y parece que con energías renovadas

  1. Pues yo prefiero las series con capítulos con “planteamiento, nudo y desenlace” que las insufribles tramas que hacen durar años.
    En todo caso acepto las miniseries porque sabes que van a acabar, pero esas series de tres mil capítulos que acabas dejando por aburrimiento…

  2. Yo prefiero las series que me entretengan y me hagan pasar un buen rato y si ya me dicen algo, mejor que mejor. No estoy en contra de los procidementales, todo lo contrario. Me encantan. Soy un seguidor acérrimo de Sherlock Holmes en papel y en su traslación la pequeña pantalla. Genial la nueva serie británica protagonizada por Benedict Cumberbatch. Pero me empiezan a aburrir los procidementales que empiezan a ser demasiado autocomplacientes y creo que “El Mentalista” ha tenido ese problema. Un gran audiencia y un protagonista con carisma han hecho que el fondo de la serie, sus casos y lo que lo rodea hayan flojeado. Espero que esto cambie. Y que esto también pase con “Castle” que flojeo mucho el año pasado, por mucho encanto que tenga Nathan Fillion y eso que en mi opinión la tercera temporada tuvo hasta 5 episodios que se salían de la media. La serialidad y lo autoconlusivo no es excluyente mientras se haga un producto de calidad. Y estoy de acuerdo, el gran problema en general de las series, es el provocar el aburrimiento del espectador estirando un producto que sin duda, con un menor número de episodios hubiera funcionado mucho mejor.

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