Una semana en Córcega: aceptable remake de una comedia de los 70

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La ligereza es una cualidad nada desdeñable. Cierta dosis de despreocupación y, si me apuran, de frivolidad cada tanto no hacen daño. Sobre todo para evitar caer en la enfermedad de darse demasiada importancia, que conduce sin remedio a aburrirse y a aburrir al prójimo. Dos terribles males. La gracia de un Tiepolo habla tanto de la desconcertante naturaleza humana como los atormentados claroscuros de un Caravaggio; puede que incluso más. Pero la levedad tiene la desgracia tanto en la vida, como en el arte de que a pesar de estar presente con la misma proporción que la intensidad se le presta, por parecer menos trascendente, una menor atención.

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