“Los Europeos”: el final del verano, el final de una ilusión

loseuropeoscriticaSe acaba el verano. Sí, técnicamente no lo hará hasta el próximo 21 de septiembre, pero el mes de agosto se agota, con todo lo que eso significa. El verano, esa época de ilusiones, de luz y de color como decía la canción, de playas kilométricas y de amores de verano. Ese verano que esperábamos con ganas tras largos meses de estudio o de trabajo. Esos veranos ya tan lejanos. Se hace raro hablar ahora de esos veranos, con la que está cayendo. Y, quizá enlazando con el desencanto y la desazón que nos embarga estos días, viene ni que pintado el estreno de “Los Europeos”, la nueva película de Víctor García León. Una película que retrata un verano de otra época, pero que en el fondo es el mismo que podríamos haber vivido en cualquier momento de nuestras vidas.

loseuropeoscritica2“Los Europeos” nos narra la historia de Miguel Alonso (Raúl Arévalo), que se gana la vida como delineante, y Antonio (Juan Diego Botto), el hijo vividor y caradura de su jefe, que lo arrastra a veranear a Ibiza, lejos de la capital y de las ataduras del franquismo. Ambos acuden a Ibiza, a esa isla mítica, a ese lugar del que todo el mundo habla y asegura que es tan fácil ligar con europeas. La película de Víctor García León en su comienzo aparenta ser como esas comedias del llamado landismo, que contaban historias de españoles pardillos que acudían en masa a las playas españolas para ligar con europeas y, demostrar así que el aperturismo de la dictatura era una realidad. Acercando a España a Europa con el sol, la playa y el macho ibérico. Pero, si miramos más allá de esa primera impresión, nos encontraremos con un relato que nos aleja de esas historias de folclore y pandereta. Porque “Los Europeos” se aparta del camino aparente para mostrarnos un verano de autodescubrimiento que se mueve entre la luz y el amargo desencanto. Con unos personajes protagonistas que no son unos pardillos ni mucho menos, sino más bien unos tipos que de formas diferentes viven atrapados en su propia dictadura. Ya sea el pobre y endeudado Miguel o el casquivano y hedonista Antonio. Los dos, aunque no lo reconozcan abiertamente, saben cuál es su destino y no son capaces de separarse de él, ya sea por miedo o simple comodidad.

loseuropeoscritica3Proyectada en el Festival de Málaga el pasado 28 de agosto, “Los Europeos” que adapta la novela homónima del gran Rafael Azcona (reeditada en 2006 por Editorial Tusquets), con guion de Bernardo Sánchez y Marta Libertad Castillo, es un relato sobre amores de verano y la perdida de la inocencia. No es una historia romántica al uso, sino más bien un retrato doloroso del primer amor y de las oportunidades perdidas. En un trasiego en el que las noches y los días se confunden y se solapan, “Los Europeos” en su primera mitad de metraje es una película llena de luz, de mar, de sol y de playa. Aunque, tras esa imagen idílica se filtra un tono amargo, de pesadumbre y de hastío. Una amargura que poco a poco se va apoderando de la película en su segunda parte. Un desencanto que va calando como el que te quedaba cuando llegaba el final del verano y sentías el cambio de estación. Esos días de verano que cada vez eran más cortos y los sueños dejaban paso a la cruda realidad.

loseuropeoscritica4Entre fiestas, salidas nocturnas, ligues de una y mil noches, y chupitos de absenta, “Los Europeos” nos lleva de viaje a una época que bien podría ser cualquiera que pudieramos imaginar. La película de Víctor García León está en ambientada en los años cincuenta de nuestro país, previos al aperturismo franquista y al boom del turismo. Pero, esta historia bien podría situarse en cualquier momento, en cualquier lugar y en cualquier verano. Porque, tanto el personaje de Miguel como el de Antonio (que gran interpretación la de Juan Diego Botto), representan dos formas de encarar la vida, aparentemente opuestas pero que en el fondo no son tan diferentes. Pero, es cuando Odette (Stéphane Caillard) entra en su mundo de ocio y diversión, ese destino que parecen tener ambos marcado amenaza con romperse. Aunque solo es una apariencia, una ilusión, una canción de verano que se pierde en nuestro recuerdo.

loseuropeoscritica5La presencia de Stéphane Caillard, con su belleza y su naturalidad se apodera de la película cada minuto en el que aparece.  Su personaje es un soplo de aire fresco que se lleva por delante la amargura y el desencanto que transmiten Miguel y Antonio. El primero, incapaz de ocultar su miedo a la vida y sin ver más allá de ese destino que se ha autoimpuesto. Y, el segundo, porque debajo de esa fachada de fiestero y caradura, se esconde un hombre chapado a la antigua, consciente de sus deberes de hombre (con todos los matices que queráis) y que en el fondo envidia la oportunidad que tiene Miguel, aunque es consciente de sus propias limitaciones.

loseuropeoscritica6En un verano como el que hemos vivido, atípico (y me quedo corto) se mire por donde se mire, el visionado de “Los Europeos” aumenta esa desazón que muchos venimos sintiendo durante estos meses. Una historia con un trasfondo amargo, en la que acompañamos a unos personajes que más allá de arquetipos, dan forma a lo que, en algún momento cualquiera, muchos de nosotros podemos haber vivido y sentido. Y, pesar de todas mis palabras, la película de Víctor García León que este lunes se estrena en Orange TV, se pasa en suspiro, como esos veranos que han quedado grabados en tu memoria y que sin darte cuenta llegaban a su fin. Un final amargo sí, pero que llegaba tras haber abierto los ojos a otros mundos desconocidos de los que disfrutamos sin descanso. “Los Europeos” es un recordatorio de lo que pudo ser y no fue, pero también es un aviso de que seguir el camino menos fácil puede llevarnos a recuperar esa ilusión que una vez perdimos.

El verano se acaba y, por muy triste que suene, siempre hay un nuevo amanecer que disfrutar.

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