“Blanco en Blanco”: la oscuridad del ser humano

blancoenblancoEl cine lleva más de un siglo siendo un espectáculo maravilloso con el que viajar a mundos lejanos, conocer otras realidades o reivindicar situaciones injustas. Ahora, en medio de una pandemia que no ha acabado (aunque haya muchos que no parecen entenderlo), los estrenos en salas hay que celebrarlos. Porque el cine es ese lugar mágico en el que el tiempo se detiene y, al que desde hace más de un siglo acudimos para aislarnos del mundo para disfrutar de un espectáculo que nos lleve lejos. Como lejos nos lleva, nada menos que hasta Tierra de Fuego “Blanco en Blanco”, la nueva película de Théo Court, que nos muestra a través de un relato nada fácil de digerir, los más bajos instintos del ser humano y como estos no siempre aparecen en primer plano.

blancoenblanco2Estrenada en nuestros cines el pasado 31 de julio e inspirada en las fotos de la matanza del pueblo Selknam a finales del siglo XIX, “Blanco en Blanco” se presenta con apariencia de película documental (aunque en el fondo no lo sea), en la que el espectador mira a través de una ventana de los hechos que se narran. La ausencia de música en casi todo el metraje aumenta esta sensación tan realista como perturbadora que nos transmite el film. Una película de por sí inquietante, que sitúa la acción en un lugar de belleza perturbadora pero donde solo sobrevive el más fuerte o el más cruel. Hasta este último rincón del planeta llega Pedro (Alfredo Castro), para inmortalizar a través de sus fotos, el matrimonio del poderoso latifundista, Mr. Porter. Un hombre del que no conocemos nada, del que solo se intuye su presencia y su poder. Un poder que ejerce con mano de hierro en unas tierras que pretende “limpiar” de la presencia del pueblo Selknam. Este exterminio de los nativos va acompañado de su fijación enfermiza por conseguir sus orejas como trofeos, cuya obtención incentiva entre sus trabajadores.  Y, pesar de toda esa violencia que se menciona, está apenas se intuye y se nos muestra a cuenta a gotas, casi en la lejanía, fuera de plano casi siempre. Siendo aún más perturbador para el espectador por la frialdad deshumanizada de la que somos testigos.

blancoenblanco3El fotógrafo (interpretado de forma magistral por Alfredo Castro) es testigo primero y parte después, de todo lo que allí sucede. Y, nosotros le acompañaremos en este viaje a los infiernos helados de Tierra de Fuego. Allí conocerá a la futura esposa de Mr. Porter, una niña llamada Sara por la que se obsesionará. Una obsesión que lo atará a este rincón del mundo, una obsesión por capturar su belleza pura e inocente. Es el fotógrafo quien nos guía, a través de sus silencios y sus miradas, que dicen más que mil palabras, por ese viaje al lado más salvaje y más oscuro del ser humano. Con un ritmo lento y pausado, la narración avanza casi sin que pase nada o eso parece porque alrededor de este intruso en tierra extraña que es este retratista, tendrán lugar hechos deleznables, ejemplos de la barbarie, de la violencia del “hombre civilizado”. Asesinatos, violaciones, vejaciones, en nombre del progreso y la cultura occidental. Pero, todo ocurre como comenté antes, casi en segundo plano (muchas veces solo veremos las consecuencias), y cuando se nos presenta a cámara el director lo hará de forma fría y desapasionada. Algo que lo hace aún más brutal e impactante si cabe.

blancoenblanco4Presentada como un neowestern o un western anticolonialista (los adjetivos se los dejo a los más expertos), “Blanco en blanco” es una película que nos traslada a un momento y a un lugar en el que el hombre es desposeído de cualquier virtud que le hiciera merecedor de caminar por este planeta. Y, todo ambientado en un paisaje de extremada belleza, pero a la vez brutal e inhóspito que aumenta la sensación de vacío y abandono de los protagonistas. Con apenas diálogos, los hechos, las miradas y las acciones son los verdaderos motores de la narración, en las que el silencio inunda los extensos páramos de Tierra de Fuego. Una metáfora palpable de la decadencia del ser humano que fue capaz de llevar a cabo en aquel momento un genocidio del pueblo Selknam.

blancoenblanco5“Blanco en blanco” es un relato descarnado de un hecho histórico que nos habla de los desmanes del colonialismo contra las poblaciones indígenas. Y, aunque estamos ante una narración guionizada, la película de Théo Court en ciertas fases parece más un documental en el que el fotógrafo es nuestro guía por aquel tiempo y aquel lugar. La casi ausencia de música, salvo la aparición de unos inquietantes violines en el primer tercio de la película, confieren al relato ese tono realista y de documental que nos sitúa como espectadores secundarios de un drama salvaje.

blancoenblanco7Rodada a lo largo de cuatro semanas, con dos etapas divididas entre el frío e inhóspito territorio de Tierra del Fuego (Chile) y la isla de Tenerife, “Blanco en blanco” no es una película fácil de ver. Tanto por su forma narrativa como por lo que cuenta. Aquí podríamos entrar en la eterna discusión entre lo comercial y lo artístico. ¿Quién determina uno u otro adjetivo? ¿Puede subsistir uno sin el otro? En ese aspecto, el cine es tan universal que hay películas para todos los gustos y colores, ya sea más comercial o más de festivales. Porque sí, “Blanco en blanco” ha recibido multitud de premios en su recorrido por diferentes festivales: Premio al Mejor Director de la Sección Orizzonti y el Premio FIPRESCI de las Secciones Paralelas en la 76 edición de la Mostra de Venecia, Gran Premio de la Sección Oficial de Ficción de la 32 edición del Festival Cinélatino Rencontres de Toulouse, Premio FIPRESCI en la 41 edición del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana y el Premio Especial del Jurado en la 26 edición del Festival Internacional de Minsk (Bielorrusia). Su éxito es indiscutible.

blancoenblanco6En definitiva, “Blanco en blanco” nos invita a reflexionar sobre el pasado y como los hechos que quedan fuera de foco también existen, aunque no aparezcan en la foto ni en los titulares de prensa. En esa reflexión, se pervierte el camino del héroe que en esta ocasión realiza un recorrido desde la luz hacia la oscuridad del alma. Una oscuridad que se hace presente cuanto más luminoso es el paisaje y, que nos lleva como espectadores a conocer un territorio hostil y salvaje, el del alma del ser humano cuando este pierde toda su humanidad.

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