#NocturnaMadrid2019 Crónica de los días 2 y 3 de la VII edición del Festival Nocturna Madrid

koko

Nocturna sigue su curso con una genial adaptación del cuento El corazón delator, de Edgar Allan Poe: el corto El rastro del cazador. La narración avanza en forma de monólogo voice over, nos metemos en los pensamientos esquizoides de una mujer, que planea un crimen y no puede soportar el ruido que hacen los latidos de sus víctimas. Filmado en blanco y negro, con una fotografía muy cuidada que inspira escalofríos, David Salgado firma una perla de horror gótico, ideal para presentar a neófitos la atmósfera de las leyendas de Poe.

Cortometraje que es preámbulo de Luz, película colombiana en la que seguimos al pastor religioso de una comunidad, en plena selva andina. Alejados del mundo moderno, en una sociedad casi tribal, este autoproclamado profeta y señor hace y deshace con el pueblo a su antojo, mediante falsas profecías, explotando su fe ciega. Un poder sustentado en la superstición, pero con pies de barro, pues no tardarán en cuestionar su autoridad y supuesta conexión con lo divino. Una temática que nos recuerda a los colonos católicos de La bruja, o la congregación de aldeanos, ahogada por normas de El bosque. Rodada en entornos naturales, comedida en cuanto a su producción, Luz no trata de los paisajes externos sino de los internos. Un ensayo  de cómo proyectamos nuestra propia motivación en causas externas, y vivimos a través de cualquier voluntad que decimos no ser la nuestra (Dios), pero sí, es la voz del subconsciente que se abre camino. El pueblito de Luz es un microcosmos que enseña cómo ciertos individuos han utilizado la religión para someter a iguales durante la historia, amparados en un poder mayor, y explotando la ignorancia ajena.

Un tema central es cómo el miedo al diablo no es algo abstracto, a una criatura informe, un carnero… es el miedo a que obre a través de nosotros mismos y hacer el mal con nuestras propias manos. Aparte de estas reflexiones que quedan durante y tras la proyección, que ciertamente no es apasionante, más bien rozando lo soporífero, -la mente tiene tiempo para volar- Luz tiene un futuro muy oscuro y no aporta gran cosa más que un aborto a cuchillo oxidado.

diavolo

Hablando del diablo, prosigue la tarde con Il signor diávolo. En un pequeño pueblo de la campiña italiana de los años 50, se produce un crimen, un niño ha matado a un vecino, influido por el capellán. Casualmente, es hijo de una familia muy influyente, así que el Ministerio envía a un inspector a averiguar lo sucedido, y analizar la implicación de la Iglesia en el asunto. En la primera mitad de la película, accedemos al caso a través de un dossier, mientras el protagonista lo lee durante su viaje. El set up de la historia es brillante, imaginemos una pandilla de críos a lo Stranger Things, pero en vez de enfrentarse a entes de otra dimensión, pongamos al diablo en su lugar. En la trama comienzan a suceder varios eventos a cual más blasfemo y misterioso; es de destacar el atrevimiento de algunas escenas hacia lo sagrado. Kevin Spacey orinando en el Cristo estaría orgulloso. Es lidiando con lo paranormal y lo maldito cuando el film brilla. El catolicismo imperante de la sociedad italiana, crédula de estas energías y seres malignos, con su fe ferviente, dota al ambiente de veracidad, la amenaza no se cuestiona como fantasía o duda, sino como real. Y nos sentimos un vecino más. Sin embargo, esta magia se desvanece cuando el detective llega al pueblo, y todo se torna más humano y profano. Una trama de investigación que no engancha tanto como la de los niños, y en cierta medida entierra todo lo construido, convirtiéndose en un capítulo de pesquisas de Colombo parroquial, que no es indigno, pero no tan estimulante como podría.

Es el turno de los últimos cortometrajes del día, póker de españoles cómo no. En El fin de todas las cosas, una chica convive con una pariente en una mansión victoriana, que la cuida al quedar huérfana. La tensión de su relación se hace insostenible, a la vez que la niña tiene costumbres peculiares y algo macabras. Bello de ver, actuaciones comedidas y terror con un toque clásico, de buen gusto. Por otra parte, Tu último día en la Tierra linda entre la ciencia ficción y la comedia. Un hombre recurre a una organización clandestina para viajar en el tiempo, y poder ver a su amada una vez más… Salvo porque pretende cambiar el pasado. La producción puede no estar al máximo nivel, y por momentos los disfraces hace que parezca un festival de furros, pero esta cutrez, casi intencionada, lo hace adorable, el tono de la cinta es realmente divertido y tiene ideas muy originales. De los mejores del festival, su visionado es más que recomendable.

zorro

Llega el turno de Z. Una familia vive feliz su vida, hasta que un día, el hijo empieza a hablar a un amigo invisible, al que llama Z. Lejos de ser una fase pasajera, se torna en una obsesión, que sobrepasa los límites de la imaginación para convertirse en algo auténtico… Y es que Z es un tulpa, como llaman los tibetanos, a una criatura creada con el pensamiento, que se convierte en real y autónoma, fuera del control de su creador. Este giro de tuerca hace de Z una aportación de valor al género de fantasmas, al acercarlo a lo cotidiano, porque, ¿quién no ha tenido o conocido alguien con un amigo imaginario alguna vez? Ya no necesitas un tablero ouija ni hacer rituales complejos, tus fantasías son otro elemento a temer. Como dijo Rhonda Byrne en El secreto, el pensamiento atrae cosas y puede moldear la realidad. Este espíritu manipulará al niño y lo volverá perverso… Partiendo de este singular concepto, Z nos deja imágenes y sonidos perturbadores dentro del hogar, presentando un poltergeist bully digno de temer. Al director Brandon Christensen le encanta usar jumpscares, ruidos estridentes y caras y formas diabólicas para estremecernos (James Wan ha creado escuela). Pero el interés y el suspense no decae en ningún momento, debido a las trastadas del espíritu, que no da tregua ni tiene piedad. Todo aderezado con una subtrama psicológica, sobre la potencial locura, una reflexión sobre los límites de la realidad y la percepción, pues si algo sucede en nuestra mente, ¿es menos real?

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El jueves tiene el honor de abrir cartel Koko-di, Koko-da. La nueva propuesta sueca de bucle temporal, cual día de la marmota, o la reciente Happy Death Day. Una pareja va de excursión a hacer una acampada, pero en el bosque encuentran a una procesión clown de tres pirados que los acosan, humillan y asesinan. Al morir despiertan en el día anterior, sin recuerdos y sin poder romper el ciclo… Atrapados en este infierno, explotarán todas las posibilidades y caminos para escapar. La película ocupa demasiado tiempo en presentar la premisa, con montajes dadaístas y escenas disparatadas metidas con calzador. El trío demente tararea una cancioncilla infantil a modo de banda sonora, con la intención de resultar aberrante, pero termina siendo cargante. Aunque siempre divierte ver las divergencias de este subgénero y cómo salen del laberinto temporal los protagonistas, en esta ocasión deja un regusto a bufonada y a sinsentido, perdiéndose entre parajes sentimentaloides y chaladuras sin gracia.

A nivel de cortometrajes, encontramos la primera pieza internacional, The last well, una historia de ciencia ficción, en la que el agua es un bien muy escaso, y se trapichea con ella en la clandestinidad, lejos del control del gobierno. Un diseño de producción muy cuidado, grandes dosis de acción, unos actores sobresalientes y en definitiva una observación sagaz del futuro que nos espera, ya que todos los pronósticos económicos auguran escasez de agua en los próximos años…

Respecto al plantel español, Casa muestra la visita a un piso vacío de una agente inmobiliaria y una pareja. Pero el horror llega enseguida a la vivienda, pues contempla el suicidio de los visitantes. ¿O ha estado sola todo el tiempo? Casa es una denuncia social muy elegante a la lacra de los desahucios, que deja pisos en manos de los bancos. Eso sí, no siempre vacíos. Termina el día con Hawaii, sobre un taxista jubilado que sueña con Hawaii, y que incomprensiblemente, se ha colado en la proyección, sin ser de género. Lo que no sería un problema si no fuera una pérdida de tiempo; no hay buenas palabras para él. Sin ser tedioso, no aporta nada especial. ¿Relleno descarado? ¿Llena un vacío de la programación? No marco puntuación en la papeleta del voto del público.

finale

Y por fin llega uno de los grandes momentos del festival, con un film que remonta el nivel. Es Finale, presentada in situ por su director, Søren Juul Petersen, muy afable, que ofreció un coloquio a la salida. La producción danesa nos sitúa en una gasolinera, mientras dos dependientas hacen el solitario turno de noche. Se enfrentan a varios frikis y al aislamiento, dado que esa noche hay un gran partido de fútbol, y ni familia ni policía estarán alerta. Serán grabadas y atormentadas en un juego de sustos y bromas, que termina con su secuestro para la emisión de una película snuff online en directo. En medio de torturas y laceramientos gore, Finale adopta una estética circense (la figura del payaso loco asesino no falla) adaptada a la narrativa de concurso televisivo, con secciones y etapas cual Humor Amarillo, y reality show online, escuchando las propuestas y votos de la audiencia vía chat. Unos verdugos anónimos que sustentan el entramado de esta organización criminal, detrás de la que hay gente muy poderosa. Las cintas de Alcasser ahora se han convertido en señal en directo via Periscope, una suerte de suscripción Netflix a los contenidos más turbios de la deep web. El juego con payasos y la lucha por la supervivencia muchas veces recuerda a 31, de Rob Zombie, siendo esta última más inspirada y sangrienta para lo explícito que requiere el género snuff, y hereda elementos visuales de Hell Fest, retransmitiendo muerte en directo, y, a su perturbada manera, creando arte para paladares extravagantes, que no quieran mancharse las manos.

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Cierra la noche Amigo, película española de Oscar Martín. Un muchacho lleva consigo a su mejor amigo a su casa del pueblo, para cuidar de él tras quedar paralítico. Llegando a desvivirse por él y ser su esclavo, el cuidado no siente ningún agradecimiento por el cuidador, sino odio por rencillas del pasado. Su relación será un tira y afloja, que detona cuando el cuidador sufre un brote psicótico, en mitad de una tormenta a lo El resplandor, y su compasión se convierte en insidia. Quien bien te quiere, te hará llorar. Nos encontramos aquí una historia similar a Papel, piedra o tijera, de cuidado perverso al discapacitado, en la que es ganadora la argentina. Aunque Amigo cuenta con una actuación genial de Javier Botet, con su cuerpo grimoso desnudo y reptante, le falta la mala baba de la primera. Con algunos toques de humor, el guión es irregular, no termina de explotar en ningún momento, y salvo algún plano secuencia eterno y estresante, no es una historia memorable. Las eternas presentaciones y peloteos varios del equipo muestran a todas luces que es la gran favorita de la organización, y se llevará más de un premio.

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