“Okko, el hostal y sus fantasmas”, es un cautivador anime sobre la superación, la amistad y la hospitalidad sincera

okko1El pasado viernes 31 de mayo llegó a nuestros cines “Okko, el hostal y sus fantasmas”, película de animación (sí, de ese género minusvalorado por muchos llamado anime), basado en una novela infantil y dirigida por Kitaro Kosaka. Un ejemplo de que la buena animación tiene cabida en nuestras carteleras, gracias en este caso a una película emocionante (que no lacrimógena) llena de mensajes positivos, sobre la superación ante la adversidad.

En esta película de Kitaro Kosaka, director que ha trabajado durante años a las órdenes del genio Miyazaki, acompañaremos a la joven Okko después de perder a sus padres en un accidente automovilístico. Esta tragedia marcará a la protagonista que se trasladará a vivir con su abuela quien dirige un ryokan  (una  posada  tradicional  japonesa) en una conocida zona de  aguas  termales.  Allí, Okko descubrirá que tiene el “don” de ver a fantasmas (tranquilos, nada que ver con “El sexto sentido”) ligados de alguna manera al lugar y a las personas que allí viven y que la ayudarán a acostumbrarse a la vida del ryokan, a superar la tragedia sufrida y a convertirse en la aprendiz de su abuela.

Reconozco que tengo un poco abandonado el mundo del anime y que mi época noventera de alquilar series y películas en los videoclubs del barrio (sí, antes hacíamos eso), junto a esas tardes de fin de semana en casa devorando sesiones continuas en el videocomunitario quedan muy lejos. Es cierto que he podido ver alguno de los últimos éxitos del anime, pero no tantos como me hubiera gustado. Así que ha sido todo un placer disfrutar de una película como “Okko, el hostal y sus fantasmas”, realizada con técnicas de animación tradicional y en la que se ve reflejado el cuidado trabajo de su director, un Kitaro Kosaka que ha participado en producciones tan reconocidas como “El viaje de Chihiro” o “El castillo ambulante”.

okko2“Okko, el hostal y sus fantasmas” es una película sencilla, llena de buenos sentimientos en la que vemos como una niña que ha quedado huérfana tras un accidente de tráfico es capaz de encontrar su lugar en el mundo. Una joven Okko que al principio se encontrará fuera de lugar en su nuevo hogar, en plena naturaleza, un sitio idílico (de ensueño), alejado del bullicio de la gran ciudad donde anteriormente vivía con sus padres. En este lugar será capaz de sobreponerse al dolor (que siempre está ahí), con la ayuda de los fantasmas que por allí deambulan, y siendo participe del día a día del trabajo en el ryokan que regenta su abuela. Un pequeño hostal, sencillo, de trato familiar y cuyo valor principal es la hospitalidad hacia sus clientes, donde todos son iguales, sin distinción.

La película de Kosaka apuesta por unos valores llenos de optimismo (frente a la dialéctica negativa que impera hoy en día) que el propio director ha expresado que desea que les llegue a los niños y jóvenes que la vean y que así crezcan con pensamientos positivos sobre el mundo. Sobre todo, porque “Okko, el hostal y sus fantasmas” nos enseña que la vida sigue y que si sufrimos un revés hay que buscar nuevos alicientes, una motivación, una pasión por la que seguir adelante. Y la protagonista es capaz de encontrar todo eso, gracias a la amistad y a la asunción de responsabilidades, en un mundo donde lo fácil es echar balones fuera y vivir del cuento. Algo que está película es capaz de contradecir enseñándonos que el trabajo duro no está reñido con el disfrute personal, si lo que haces te apasiona.

“Okko, el hostal y sus fantasmas” es un relato fantástico que aboga por la bondad y la hospitalidad sincera, en unos tiempos llenos de egocentrismo y egoísmo. Con un ritmo pausado, pero para nada aburrido, el film de Kosaka nos muestra el paso de la inocencia a la visión adulta, sin que eso signifique que se pierda la ilusión por vivir ni la imaginación para seguir construyendo mundos de ensueño. Si en los cines de tu ciudad tienes la suerte de que proyecten está película, ve a verla con tus hijos, con tus nietos o tus sobrinos. Será una bonita experiencia que compartir con ellos, en una época en la que no abundan películas que se acerquen al público de forma tan sincera y emotiva.

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