16 Muestra Syfy. Día 2 “Hackterrorismo en La noche nipona”

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La segunda jornada de la Muestra presenta en pase matinal la proyección del clásico La Familia Addams, una sinergia interesante con el musical del Teatro Calderón. Esta sesión suele ser destinada a familias y de temática infantil, que el grueso de asistentes que salen del cine a las 4 de la mañana no pueden ver. Resulta inquietante que se haya mantenido el sistema de retirar entradas gratis en taquilla en vez de usar el bono, después de la mafia de reventas del año pasado con Jurassic Park (puedes releer lo ocurrido en la crónica de 2018 en https://www.mundoplus.tv/blogs/cine/2018/03/13/muestra-syfy-2018-iv-mandangueo-al-maximo-nivel/#more-8976).

La programación impide que asistamos al pase nostálgico, como antaño hacía Phenomena por las tardes. Pero eso no va a restar el hype y entramos a ver Compulsión. Es la hora de comer, y la sala cruje, literalmente. Señores alopécicos sacan de sus mochilas los bocatas preparados por sus madres, rasgando el papel de aluminio y agitando bolsas de plástico. Al lado, un burgués se da un homenaje y compra nachos con queso. Todos le miran en un gesto de admiración y envidia. Los ruiditos y aromas de estas ardillas traviesas no cesan, y provocarían un ictus a alguien con trastorno obsesivo compulsivo; el civismo brilla por su ausencia entre los mandanguers, y echando un vistazo a las salas al salir, los regueros de basura dan ganas de llorar.

E igualmente estresante es Compulsión, la cinta española acompaña a una muchacha que descubre la infidelidad de su marido. Decide seguirlo para espiar sus tropelías y descubre el pastel. Al intentar emboscarlo en la casa de campo donde lleva a sus escorts, se encuentra con que el tipo es un psicópata serial killer e intenta matarla. Afortunadamente la difusa moralidad de su esposo, votante de Vox, comienza a generarle dudas y un conflicto que ella explotará. Compulsión crea un relato intrigante con muy pocos recursos, personajes y un espacio limitado, respetando el tiempo del espectador. Sencilla pero efectiva, not bad.

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A continuación Prospect, la única aportación de ciencia ficción del día, es el desarrollo del cortometraje homónimo escrito por los mismos creadores. La búsqueda de oro del lejano Oeste se ha trasladado a la minería espacial: un padre y su hija se sumergen en un viaje en busca de fortuna, haciendo prospecciones de unas extrañas y valiosas gemas. No libres de peligros, encontrarán en su camino otros colonos y forajidos con los que disputarán los botines. El diseño de producción recrea un ambiente retrofuturista, gastado y oxidado, con tecnología vintage que rememora al steampunk de Bioshock, con especial ahínco en un diseño notable de naves, trajes espaciales, una atmósfera letal y buena dosis de conceptos científicos. Sin embargo, este western galáctico avanza a paso lento, como los propios astronautas en entornos hostiles, la acción se torna intimista en detrimento de lásers y explosiones, y los personajes resultan flemáticos y en esencia, planos. Los espacios vacíos de la trama parecen intencionados, sugiriendo más que mostrando, para que cada cual los rellene con su imaginación. El esfuerzo estético ameniza el espíritu contemplativo de Prospect, una “gema” a digerir para los fans del scifi western. Línea final del “prospecto”: puede provocar acidez.

Las sesiones van sucediéndose con puntualidad, mejorando las colas de años pasados. A su hora comienza Dragged Across Concrete, un thriller policíaco protagonizado por Mel Gibson y Vince Vaughn. Un pelotazo de dos horas y media del director de las insignes Bone Tomahawk y Brawl on Cell Block 99. Dos policías son suspendidos de servicio cuando se filtran grabaciones de sus irregularidades, estilo comandos black ops. Una trama que por principio no encaja en ninguna categoría aceptable del festival, y su presencia chirría y desafina el tono imperante de fantasía y terror. Un modo de rellenar la parrilla, igual que el film rellena sus 159 minutos de intrascendentes diálogos entre los compañeros polarizados, arquetipos de poli blando, poli duro del cine noir. Posee algunos momentos de tensión poderosos, así como el ocasional uso de la extrema violencia resulta estimulante, y las sorpresas la convierten en ocasiones en un viaje impredecible, desembocando en una media hora final disfrutable, llena de suspense y decisiones morales. Sin embargo sus cimientos de basan en la banalidad, no justificando la dilatación temporal y las divagaciones. Una película que no despertaría por sí misma el mismo interés, si no fuera por tres rostros conocidos, una galería de vanidades fallida.

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La presencia española del día vuelve reforzada en forma de cortometraje con El escarabajo al final de la calle. En un pueblo, la hija de la pescadera, al abrir los peces, tiene visiones del futuro. Así augura la muerte de un vecino, Amadeo, al cual deciden tratar como un rey hasta que le llegue la hora al final de la semana. Pero por una distracción, se equivoca de destinatario de la profecía… Este maravilloso corto nos traslada a la sociedad rural, a la mentalidad de los pueblos, y consigue hacernos partícipes de sus rituales y costumbrismo. Puede considerarse una heredera espiritual de R.I.P., otro corto en el que un difunto resucita y debe morir para el entierro, por el bien de la reputación de la familia y el qué dirán, compartiendo el tema de que hay que tener muy poca vergüenza para no morirse cuando toca. El discurso se redirige hacia cumplir lo que esperan de ti, la fina barrera entre el amor y el odio, y la muerte en vida mediante el desdén de tus iguales. Una obra muy divertida y bien pensada como retrato de la sociedad.

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No pudo haber mejor preludio para el buque insignia del día: Nación salvaje. La película muestra a modo de capítulo de Black Mirror inminente cómo las redes sociales y los teléfonos cambiarán la sociedad. A través de hackeos de cuentas de los vecinos de la localidad de Salem, los más oscuros secretos de personalidades relevantes salen a la luz. Las fotos y mensajes comprometidos expuestos son los nuevos chismes a lo Pretty Little Liars. La población, en una histeria colectiva de buenismo y doble moral, cada vez tendrán la piel más fina, criticando y condenando aspectos cotidianos. Cuando la polémica de si tener fotos de tu hija en la bañera son consideradas pedofilia, se abre un interesante debate sobre la mirada y cómo es esta la que construye el erotismo, a través de la subjetividad. Las cosas se salen de madre con grupos vecinales organizados a modo de justicieros urbanos camisas marrones, buscando al hacker responsable de las filtraciones. Falsos rumores conducirán a la pandilla de chicas protagonistas, que tendrán que resistir el acoso de las masas, cual caza de brujas posmoderna. Assassination Nation es una alegoría inteligente de lo que pasará cuando los gobiernos y agencias no puedan garantizar la intimidad, y las comunidades se conviertan en Fuenteovejunas de turbas furibundas. De gran coherencia y realismo, es una reflexión sociológica, una advertencia de lo que está por venir, aunque no podamos hacer nada para evitar este destino. Y cómo envueltos en tanta tecnología, retomamos fácilmente nuestras raíces de manada tribal, contagiados por el fervor de los crueles y reptiles, en lo que puede ser el colapso de la sociedad occidental. Pero, envuelta en un ambiente de boom sexual adolescente de instituto, su aportación más memorable es recordarnos que los tipos que no se bajan al pilón hoy día son unos sociópatas. Nación salvaje se estrena en cines el 29 de marzo.

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El broche de oro del día es One Cut of the Dead: la producción nipona narra el proceso del rodaje de una película de zombies de bajo presupuesto, con el desafío de ser una única toma, en directo. La audiencia desconoce este reto, y se nos presenta el producto final, con unas taras evidentes dignas de serie Z, pero rebosante de encanto Sigma 95. Es cuando termina esta película “falsa” dentro de la película global, cuando se nos presenta la argucia, y presenciamos el making of detrás de cámaras, disfrutando de todas las dificultades que surgen en el rodaje, a modo de La noche americana de Truffaut, grabando entre bambalinas. Terriblemente ingeniosa y divertida, rezuma amor por hacer cine, y el pasmo ante la cutrez risible de la primera parte da paso a la emoción del caos de la producción, atrayendo el interés hacia la consecución del objetivo, por el que todo el equipo se desvive; la lucha por hacer un arte volátil y efímero que se escurre de su control como arena entre los dedos. En su drama está nuestra comedia. Además, el hecho de jugar en dos niveles hace que la segunda parte destaque sobremanera, al sobrepasar las expectativas que se depositan en el film, somos engañados pero recompensados con una epifanía que hace que el cómputo global sea brillante.

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