16 Muestra Syfy. Día 1: Luces y sombras

puppet

Los alrededores del Palacio de la Prensa rezuman algo especial todos los años. El callejón del C&A abandonado, lleno de basura. Los camperos que hacen cola sentados, comiendo en el suelo como mendigos, desde una hora antes que empiece la proyección, y la fauna local que siente el impulso de preguntar: ¿y esto para qué es? En la esperanza de que regalen algo. Hipsters miopes vapeando y treintañeros numales con camisetas de anime rodeando la manzana son la batseñal de que la Muestra ha vuelto a la ciudad. En esta catedral de sueños rendimos un culto que pronto destronará el de Ostara en el equinoccio de primavera: el nerdismo mandanguer.

Uno aprende algunas técnicas después de asistir 7 años a esto, y una de ellas es que matarse por hacer cola es igual de fútil que llorar por tener el sida: morirás igualmente. Puedes llegar el último, con el pase comenzado, esquivar a los ansiosos que reservan filas enteras con abrigos y mochilas para sus amigos invisibles imaginarios, que siempre sobran buenas butacas, al menos en la sala 2, la sala del silencio, y la sala 3, la sala abandonada, para quien quiera ver la peli a solas, estirar las piernas y quizá llevarse una cita de Tinder y pasarlo pirata. Hay un ahínco en señalar que son las salas de los tristes, de los muertos en vida. Quizá uno va madurando y se va avinagrando con la edad, pero para lograr inmersión de verdad, se necesita silencio, concentración, comunión. A la sala 1, de la mandanga, de la libertad de comentar las películas, hemos asistido en las sesiones golfas, para amenizarlas si resultan ser un bodrio, sacar algunas risas y huir del sueño. Con bastante pesar, este año los buenos comentaristas han caído en combate, y han quedado los retromonguer más descafeinados del lugar. El ingenio de Juan Carteras en John  Carter, que te sacaba una carcajada ha dado paso al lerdismo, leer gritando los créditos, descalificaciones (para ejemplo: “Leticia tómate la medicación”) y comentarios racistas fáciles. Un lugar en el que se escucha “Maricón de mierda, A fregar zorra, Mata a ese puto negro”, pues como que es muy 2007 y da pereza (dijo el buenista que hace chistes sobre el VIH). Como se diría en Forocoches: no me tiro a la sala 1 ni con el nepe de otro.

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Pero la organización facilita un visionado agradable, que comienza con In fabric. En una boutique de moda de lo más misterioso, se vende un vestido con un trasfondo siniestro y maldito: todo el que luzca el vestido, morirá, como su dueña original. La prenda se pasea por los hogares, acechando y nutriéndose de la angustia de sus propietarios. La atmósfera onírica convierte a In fabric es una película pausada aunque hipnótica, con ambientes bizarros, con momento memorables, como rituales de magia sexual explícitos, retahílas de personajes con un rico mundo interior enigmático, y un trasfondo esotérico que le dan valor añadido. Situaciones de sueño y pesadilla, la sensación de mezcla y olvido, vividas en el mundo real, con reminiscencias de La semilla del mal y Twin peaks. Todo eso es In fabric.

A continuación se emite un capítulo de la serie Curfew (Toque de queda), del patrocinador Sky y protagonizada por Sean Bean, que no debió leer el guión antes de firmar. Se trata de la película Death Race, adaptada a serie, añadiendo zombies a la fórmula (nunca sobran) en la que el gobierno pone a un puñado de forajidos a disputar una salvaje carrera en la que el ganador recibe la libertad. Un ambiente lleno de acción, motores y balas, con toques de Fast & the Furious y 28 días después en un ambiente ochentero distópico.

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Mientras se sube el anuncio a Wallapop regalando el código de 3 meses de Sky que venía con el bono, entramos a Elizabeth Harvest. Un científico millonario trata de hallar la cura para la dolencia de su esposa, que muere por una rara enfermedad. Para ello, la clonará en 6 especímenes y contratará a la médica más reputada del campo. Los diversos experimentos con cada una de las mujeres irán desencadenando oscuros sentimientos en su marido, que cambiará la esperanza por el sadismo, sometiéndolas a un macabro juego de manipulación y abusos, confinadas en una mansión de lujo, hasta que uno de los clones se desvía de su guión y comienza a descubrir la verdad… Desde el punto de vista de Elisabeth, la trama de los clones será el menor de los secretos de la casa. Elizabeth Harvest conquista con su estética desde el primer minuto, gracias a la arrebatadora belleza de Abbey Lee, su protagonista y exmodelo de Victoria’s Secret. Se abusa de primeros planos, pero lo bello es digno de ser admirado y Sebastian Gutierrez, el director venezolano, lo sabe. Esta actriz, entre ambientes de lujo, el interior de la mansión, coches deportivos y joyas, resulta en un espectáculo estético de opulencia y éxito. La trama aporta intriga y tensión bien dosificadas, y los varios giros de guión son perturbadores. El mito actualizado de un Pigmalión exasperado y demasiado exigente con sus Galateas. De las mejores películas de clones, compartiendo ideas de La isla u Oblivion.

upgrade

Suele ser raro que el primer día se presente uno de los platos fuertes, y así fue la sorpresa con Upgrade. En un ambiente futurista, Grey, un hombre anclado a las viejas costumbres, queda tetrapléjico tras una paliza y su vida, arruinada. De la mano de un inesperado mecenas, aparentemente filántropo, la solución para volver a caminar se le ofrece en forma de chip: Stem. El implante de esta tecnología biomecánica en su espina dorsal reconectará el cerebro con el resto del cuerpo. Sin embargo, el chip es tan avanzado que posee inteligencia y consciencia propia, comparte los sentidos de Grey y disfruta de la experiencia humana más de la cuenta… Upgrade es un film sensacional, una verdadera oda al género cyberpunk, en su planteamiento y ejecución. La producción nos lleva a ambientes futuros fríos y deprimentes, bladerunnianos; la historia resulta apasionante e inteligente, la acción frenética y bellamente coreografiada, temas como el tratamiento de la discapacidad, las capacidades humanas ampliadas, la sociedad distópica con un detalle asombroso hacia las frivolidades futuras, y la inversión de roles al fin de la humanidad como accesorio y no protagonista… Aderezado con un ritmo vertiginoso y la especial relación que surge entre la identidad orgánica y cibernética. En este apartado, Upgrade es lo que Venom soñó con ser. Stem resulta ser un personaje invisible pero demasiado carismático, con una moralidad con la que empatizar, en apariencia. Solo esperemos que las geniales aportaciones de esta cinta se integren en el juego Cyberpunk 2077, la que puede ser obra cumbre del género.

Otra de las rarezas de esta edición se encuentra en un cambio de programación de última hora. El programa suele ser cerrado, pero el jueves se anunció la adquisición de Gintama, la adaptación live action del manga japonés. Se contraprogramó a la vez que la española El año de la plaga. El dilema es breve ya que aunque nada está por encima de ESPAÑA, Japón no decepciona tanto, el film ha batido récords de recaudación y el manga es realmente popular. Iluso de mí.

Antes de la película se proyecta el cortometraje Cerdita, una obra española que aborda el bullying infantil. Una chica con sobrepeso intenta darse un baño en la piscina a escondidas, pero es descubierta por la pandilla de chicas populares y es puteada hasta límites insospechados. Pero encontrará un inesperado aliado, y se hará justicia kármica. Un relato sobre la España profunda, de los pueblos, primitiva, en los que puedes hacer y deshacer a tu antojo cual animal, y cómo un depredador puede sentir compasión de una presa que no es de su antojo, como esos memes emotivos de un león reposando junto a un corderito. Al igual que el Universo puede ser despiadado, también brota la misericordia en las circunstancias más extrañas. Siempre hay un pez más grande.

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Gintama nos traslada a un Japón alternativo, invadido por alienígenas que masacraron a los samuráis e ilegalizaron las espadas. Sin embargo quedan varios samuráis renegados que se rebelan y conservan su espada, eludiendo a la justicia. El protagonista, Gintoki, es uno de ellos, y sobrevive como mercenario de fortuna, realizando recados y misiones. Cierto día comienzan a producirse asesinatos con una espada maldita, y los propietarios le piden que la encuentre. En su viaje le acompaña su grupo de amigos, aunque su ayuda es anecdótica, a modo de comparsas cómicas. Con ese pretexto de fondo, Gintama es de principio a fin un despropósito y un festival de vergüenza ajena. Contiene muchas referencias a otros animes que los fans apreciarán, pero carece de alma propia. La búsqueda de la espada es un hilo al que agarrarse entre sucesiones de sketches ridículos, de humor infantil y bochornoso. Realmente parece escrito por niños de 10 años, con chistes de pedos, señores con disfraces de cosplay de Aliexpress, golpes gratuitos a lo comedia hack & slack, efectos visuales penosos y una hora de relleno en la que no hay avance alguno (como buen manga, tiene que haber paja a cascoporro).  La evolución de la acción consiste en que los personajes acaben arrinconados en una situación sin salida, haya una explosión aleatoria, y cambien de escena sucesivamente, sin pies ni cabeza. Todo orbitando y reforzando este peculiar concepto de comedia nipona, que en Occidente pueden disfrutar aquellos a los que les ha caído una maceta en el cráneo siendo bebés y los que se quedaron sin oxígeno al demorarse demasiado en nacer. Un humor repetitivo que agota, por muy receptivo que sea el espectador.

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La jornada se remata con Puppet Master: The Littlest Reich. En la Alemania nazi, André Toulon, un científico artesano macabro, crea unas marionetas autómatas, equipadas con armas letales para liquidar personas. Una suerte de agentes encubiertos, diseñados para infiltrarse en los hogares en forma de juguetes y liquidar a los judíos y demás enemigos de la raza aria. Una convención actual reunirá todas las marionetas conservadas para subastarlas, y un antiguo poder las reanimará, degenerando en una carnicería, una orgía de asesinatos de los asistentes, que tratarán de sobrevivir y parar la maldición.

Puppet Master es simplemente sensacional, toma los originales Pequeños Guerreros de Joe Dante, les pone uniformes nazi, y presenta una turba de variedad racial para que den rienda suelta a su variopinto arsenal. Las muertes están rodadas de forma escatológica con todo detalle, los lanzallamas derriten las caras, los brazos amputados por torsión, las entrañas desparramadas… El gore es indispensable para que sea realista, pero se encuentra aderezado con toques de comedia negra. Las minúsculas marionetas haciendo tropelías a humanos adultos resulta desternillante, porque se trata de una violencia caricaturizada. Aunque hay sobradas muy tochas, la apariencia de los muñecos enseguida le quita peso, satirizando la muerte. Mi favorita es la del señor orinando, un dron nazi le corta la cabeza con las aspas, cae al váter, y se enfoca su pene orinando en su rostro. Esta es la tónica, humor negro bastante oscuro, y puede que sea uno de los perturbados que criticaba antes con Gintama. Pero ofrece una diversión genuina de serie B, los muñecos tienen unos diseños tétricos, más mala leche que Chucky, la tensión del survival horror es palpable y no escatima en litros de sangre. Los protagonistas son una panda de freaks adorables, y fuera de las escenas violentas, el humor siempre está presente. Muy satisfactoria en todos los sentidos, se respira el amor por el género, las ganas de ofender y ser políticamente incorrecta en cada fotograma.

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