El Festival de Cine Europeo de Yangón cierra sus puertas

Sule

Finaliza el Festival de Cine Europeo en su 27ª edición. Una oportunidad de poder recordar recientes películas (para aquellos que las vieron en su momento) o de descubrir (para el resto) que ahí fuera hay algo más que superheroes enfundados en lycra dándose de bofetadas. Ha sido una semana entretenida, con una selección para todos los gustos y con representación de 17 paises.

Alguna película se ha quedado en el tintero de la crítica como la checa Cosy Dens, la Portuguesa Mother Knows Best o la israelí Apple from the desert, pero de momento uno no puede multiplicarse. En un futuro próximo quien sabe. Del resto doy buena cuenta a continuación.

aseriousgame

A serious game (Pernilla August, Suecia, 2017)
Al parecer lo mejor del festival estaba reservado para los últimos días. A serious game es no sólo una buena película, sino una gran película. Tanto que prefiero extenderme y dedicarle algo más que unas pocas lineas. El link está aquí.

Amy-Winehouse

Amy (Asif Kapadia, Reino Unido, 2015)
En el campo de las películas documentales AMY narra a lo largo de dos horas la corta, azarosa, intensa y a la postre triste vida de Amy Winehouse, y consigue lo que propone: que nos emocionemos contemplando el ascenso y caída del ídolo, desde su adolescencia hasta su brusco y temprano final.

Quien se consideró siempre a sí misma una cantante de jazz y como tal llevó una vida bastante jodida, se nos muestra tal cual era: la niña judía del norte de Londres, desgarbada y con voz de diosa, que arrastró sus carencias afectivas como quien arrastra una cojera, tropezando por todas partes, y metiéndose en todos los lodazales a su paso, ya fuese en forma de novio ponzoñoso o de botella de ginebra. El documental muestra varias cosas notables: la intromisión permanente y obsesiva de la cámara en su vida, la fragilidad del personaje, y lo estremecedor de un talento tan natural que era capaz de surgir sin aparente esfuerzo incluso en momentos terribles, o tal vez gracias a ellos ; como ella misma comentó “a veces es necesario algo malo para obtener algo bueno”

Un desperdicio de muerte, que no de vida, y se acaban de cumplir siete años desde que murió.

perfectosdesconocidosit

Perfetti sconosciuti (Paolo Genovese, Italia, 2016)
Parte de una idea de guion impecable para una comedia de enredo. Un grupo de viejos amigos se reúnen en casa de uno de ellos y, por esas cosas que tiene el alcohol y el “¿A que no te atreves?”, se lanzan a un juego muy peligroso: Durante la velada los teléfonos móviles  de cada cual se dejan, a la vista de todos, sobre la mesa y cualquier llamada que llegue se pone en común. La intención de todo esto es demostrar que no existen secretos entre los verdaderos amigos, pero ¡Ay! Vaya si existen.

La historia está llevada con buen ritmo, es divertida, interpretada con frescura y tiene giros inesperados que van enmarañando la trama y convirtiendo aquel grupo inicial de colegas en una camada de chacales. Es una película ideal para una tarde de verano, en una sala al aire libre y a poder ser, con una copa y un amigo cerca para intercambiar miradas cómplices.

Si ustedes quieren perder amistades y demostrar lo imbécil que se puede llegar a ser  pongan en práctica este juego y luego me cuentan. Alex de la Iglesia acaba de hacer un remake, no sea que a las actuales generaciones de cinéfilos la versión italiana se les haya quedado vieja e incomprensible.

 

Breaking the limits (Lukasz Palkowski, Polonia, 2017)
La película narra con tono ligero no exento de crudeza la peripecia vital de Jerzy Gorski, al que ya pueden correr a buscar en la wikipedia. Un drogota en la Polonia de los años 70 no debía de ser cosa de broma aunque en la narración de Palkowski no falta el humor y cierto tono desenfadado. El caso es que Gorski no sólo logró dejar ese submundo de jeringuillas y cucharas “imprernadas (sic) de heroína” que cantaban los Chichos, sino que además se puso a entrenar como una bestia parda y acabó imponiendo un nuevo record mundial en la prueba de Ultraman, esa salvajada en que se nada, se pedalea y se corre como si nos persiguiera Hacienda.

Entre medias la consabida historia de amor que sirve a todo hombre que se precie para dejar atrás sus demonios familiares y sentar cabeza.

The-Wave

La ola (Roar Uthaug, Noruega, 2015)
Perfecta película pasarratos que da lo que ofrece, sin quitar ni añadir nada. Tiene la estructura típica de las películas de catástrofes con su presentación de personajes, su paraje natural idílico y ese exceso de confianza tan humano y tan imbécil que suele desembocar en una saturación de la morgue. Dado que en este tipo de historias una vez vista una vistas todas, es mejor entretenerse analizando particularidades. Limitémonos a cuatro por no pasarnos de graciosillos:

1- Mira que son impresionantes los fiordos noruegos y mira que te entran pocas ganas de visitarlos después de ver la película.

2- Es un hecho: el cine convierte en interesante cualquier profesión. Aquí el protagonista es geólogo, pero podría ser embalsamador, que iba a resultar igual de atractivo. La cosa más difícil de creer de la película no es el tsunami de 80 metros, sino que el geólogo deje su trabajo, por mucho que quiera a su familia.

3- ¡También es mala follá!  Justo el día que te vas del curro se desmorona la montaña que has estado monitoreando durante meses; tanto cultivar un divorcio para nada.

4- Al único que sabe nunca le creen. Una de las máximas de este género es el síndrome de ¡que viene el lobo! Da igual que el lobo te esté comiendo la pierna, no te cree nadie.

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