Segunda jornada del Festival de Cine Europeo de Yangón

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Se inicia la segunda jornada del EFFY con un puñado de películas para todos los gustos.

Abre la jornada Aus dem Nichts (In the Fade, Alemania, 2017) de Fatih Akin, una historia, con guión del propio Akin, ideológicamente comprometida en mostrar el ascenso de la xenofobia en Europa y sus consecuencias extremas. El problema de los extremos es que sitúan la realidad en una raya próxima a lo inaceptable, que como se sabe es primo hermano de lo increíble. Y así, con su trazo grueso, en apariencia veraz, la película se desliza hacia otro peligro: el de convertir la advertencia ante el odio rampante en un panfleto, hecho rematado por la estadística de fin de cinta.

Lo paradójico de todo esto es que se desvía el foco de atención, y se corre el riesgo, como en mi caso, de alejarnos del drama humano encarnado por una Diane Kruger siempre estupenda como actriz, haga lo que haga y aunque traten de afearla por exigencias del guión.

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Sigue la estremecedora Under Sandet (Land of mine, Dinamarca, 2015),  una historia para pasarse todo el tiempo con la mano delante de los ojos a modo de pantalla. Tal vez se trate de una manía personal, pero de todos los empleos posibles en el mundo, incluyendo mamporrero, maquillador de cadáveres, buzo o trapecista, el de artificiero es el único que no podría hacer nunca. La película fue, en su momento, candidata a los Oscar por Dinamarca, y ahí va el argumento, sin destripar nada.

Acaba la Segunda Guerra Mundial y las playas de Dinamarca tienen más minas que el resto de Europa junta. A algún lumbreras de Berlín se le ocurrió pensar que el día D iba a ocurrir ahí, y ahora, finalizada la guerra, hay que limpiar ese desastre y qué mejor que utilizar para tan loable fin a prisioneros de guerra alemanes, la mayor parte niños. Como las únicas minas que ha visto la muchachada del tercer Reich son las de carbón de Silesia, y como en la postguerra no andaban sobrados de comida mejor que los limpiadores trabajasen al borde del desmayo, para motivar más.

Ya podemos imaginar que con estos mimbres la historia va de pasarlo MUY MAL con primeros planos de manos temblorosas hurgando en la arena y desenroscando detonadores…Una película bien construida y con una tensión de esas que te quitan años de vida.

Under sandet (Martin Pieter Zandvliet, DK/DE, 2015)

Y la astracanada del día llega con la proyección de la austriaca Egon Schiele (Dieter Berner, 2016), de la que podría decirse lo siguiente: “sublime, desgarradora desde el primer fotograma, una obra maestra absoluta” y también esto otro: “una infamia cinematográfica, la mayor tomadura de pelo del año”. No se asusten, AÚN no padezco esquizofrenia, la explicación es bien sencilla. Horas antes de su proyección en el imponente edificio del Instituto Goethe de Yangón se anunció su retirada del cartel. La razón: la censura no la consideró una película aceptable según sus criterios de decencia.

En casos como este uno se pregunta si la inteligencia humana está en retirada desde el siglo XVIII y ha abandonado cualquier puesto de responsabilidad pública para refugiarse en la soledad del creador. Y no nos engañemos, no es cuestión de censura o no censura. La censura no es el mayor problema de este país, a lo sumo un reflejo del doble lenguaje político imperante, que de cara al ciudadano vende modernidad mientras sigue controlando el poder con los mismos mecanismos que emplea desde hace medio siglo.

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El problema en este caso es del censor. Del censor a cargo de dar el Nihil Obstat a la programación del Festival, un censor tan indolente que espera hasta el último día para verse la película y decidir que hay demasiada teta desbordada y que aquello puede causar desazón en la moral pública. A este censor, desconocido, me gustaría que lo pusieran de patitas en la calle, y que acabase faenando de bracero en un arrozal del delta del Irrawady por incompetente. Pero me temo que no, los gobiernos corruptos no sólo generan desidia institucional, sino que dicha desidia es la esencia misma de su supervivencia.

De modo que se quedan ustedes sin reseña, y es una pena, porque uno es un gran admirador del pintor vienés y hubiese disfrutado viendo narrada en la pantalla sus azares.

Está prevista una segunda proyección para el domingo 30, pero barrunto que las mismas razones para censurarlas habrá hoy que dentro de una semana, y tal vez es mejor así, porque tras repasar el trailer no me cabe duda de que íbamos a encontrarnos con imágenes explícitas de la vida y obra de un pintor polémico, famoso por sus escandalosos desnudos, que son de una hermosa honestidad, y que por ello, y conociendo la práctica habitual en los cines de Myanmar, el pobre proyeccionista se iba a pasar las dos horas de película como un árbitro de tercera regional, con la tarjeta  siempre en la mano tapando las faltas, mientras los espectadores no nos enterabamos de nada de lo que ocurre en la pantalla.

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