“El Círculo”: los trapos sucios se lavan en Internet

Circle05Hay películas que bajo su apariencia ligera, incluso vulgar, esconden interesantes ideas. Son pasatiempos con enjundia, pelis de tarde de domingo que dejan el mentón levantado y la mirada en ángulo superior, señal inequívoca de que uno rumia pensamientos.

Bajo la dirección de un anodino  James Ponsodlt, y con los mediáticos Emma Watson y Tom Hanks como protagonistas, El Círculo esconde una reflexión, (bastante superficial, de acuerdo, pero lúcida) sobre el fenómeno imparable y en ciertos aspectos disparatado de las redes sociales.

El Círculo está basada en el, al parecer, Best Seller de Dave Eggers que él mismo vierte a guión, y narra la pérdida de virginidad reticular de una adorable Emma Watson desde el momento en que entra en plantilla de una empresa llamada “El Círculo” (¡Uy!) hasta que se convierte en una de sus más activas colaboradoras. Y nos lo cuenta con sencillez y encomiable afán pedagógico: partiendo de la inocencia, pasando por las fases de desconfianza, asimilación y entusiasmo, para, por último, desembocar en la paranoia y la decepción. Esa claridad es de agradecer, sobre todo un domingo por la tarde.

Al director le falta un pelín de mala hostia y una melena de personalidad para llegar a convertir la sospecha que pronto arraiga en el espectador en miedo, dejándonos por ello un thriller liviano, tan light, de hecho, como la artificiosa y edulcorada realidad empresarial que nos cuenta.

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Las Redes sociales comparten con las sectas muchos puntos en común, si bien una diferencia notable es la notoriedad de su cabeza visible o pensante. Mientras que la secta promueve el culto a la personalidad, a UNA personalidad, la red social diluye el protagonismo entre sus integrantes, que por ser millones adquieren así la efímera porción de gloria que antaño estaba reservada a los héroes.

Tal vez por no ser tiempos heroicos o porque estos nunca hayan existido, la gloria, en tiempos de Internet, se ha convertido en algo bastante pobre de contenido y con una vida breve. Seguiremos cantando durante siglos la cólera del pélida Aquiles, pero las hazañas de cualquiera que se hace una foto con el culo en pompa frente al Aconcagua es más que probable que sólo duren hasta el siguiente clic de ratón. Sic Transit Gloria Interretis.

Pero la necesidad de héroes está ahí, anidada en el ADN de nuestra especie, o mejor dicho, en la esencia misma de nuestra cultura. Y las Redes Sociales, con su capacidad de amplificación y difusión, no han hecho más que multiplicar exponencialmente ese deseo tan humano de intervenir, modificar o alterar la existencia del resto de congéneres.

El problema es que en ese afán viral de protagonismo ¿Dónde están los límites? ¿Dónde el balanceo conformista de cabeza o el claro aplauso se convierten en sospecha? ¿Dónde el conocimiento y la transparencia pasan a ser control y sometimiento? ¿Dónde la difusión y el intercambio hacen peligrar la necesaria intimidad del individuo?

Vivimos en una sociedad adolescente que avanza a coletazos, como los renacuajos. Por fortuna nuestra cola es una atavismo condenado a desaparecer en la edad adulta por estar hecha de sentimentalismo y por impedir el desarrollo de otras partes más útiles. La imagen de un niño varado en una playa sacude las conciencias y pone de manifiesto una oculta poesía épica en Internet; hasta que la foto de otro niño, esta vez entre ruinas, nos hace olvidar al primero.

Dice Byung-Chul Han en su pequeño gran ensayo “En el enjambre” que hoy no tenemos ninguna esfera privada, pues no hay ninguna esfera donde yo no sea ninguna imagen, donde no haya ninguna cámara. En El Círculo esta reflexión se convierte en un eslogan: “Los secretos son mentiras” que en un tiempo como este, de aforismos condensados en 147 caracteres es indicativo del terreno en el que nos movemos y se mueve la película. Mientras la cándida Emma se deja arrastrar por el entusiasmo que supone recibir a diario a miles de mindundis que le dicen lo maravillosa que es, se va filtrando la sospecha de que todo ese palmeo de lomos va a tener una contrapartida un tanto turbia.

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Tom Hanks, como todos los buenazos del cine tiene un perfil siniestro que, a poco que se lo trabaje, da para un canalla reconcentrado. Esos ojillos de no haber roto un plato en su vida pueden transmitir toda la falsedad de un mundo como el nuestro,  donde aparecer en una foto acariciando un bebé actua como las capas de antaño: suele ocultar una arma filosa.

En cuanto a Emma Watson hace tiempo que dejó de ser la Brujilla de la varita y el flequillo montaraz para convertirse en una prometedora actriz. Por ahora con tendencia a explotar su aire de buena chica, de vecinita mona y un poco ingenua.  Tiene por delante muchos años, esperamos, para romper con ese estereotipo y poder optar a otros papeles.

El Círculo habla de los beneficios y peligros de las Redes Sociales, de los potenciales daños que pueden causar. También habla de la implantación actual, de lo inevitable de su avance. En ese sentido es una película sin vocación ludista: no va contra el tiempo –nuestro tiempo– sino que alerta, o más bien juguetea con las posibles maneras que tendrá de seguir condicionando nuestras vidas.

Se trata de una película demasiado amable para presentar siquiera un rudimento de distopía. En este sentido cualquier episodio de Black Mirror habría ido muchísimo más lejos, pero tal vez en esa contención, en esa falta de posicionamiento al convertir la amenaza en peligro y en terror, resida el principal interés de la propuesta; parece decirnos:
Esto es lo que hay chavales. Pase lo que pase acabaréis por levantaros entusiasmados para aplaudir o denostar la última aplicación de vuestro smartphone, aunque con ello estén entrando en vuestras vidas, en vuestras conversaciones íntimas, en vuestras pajas, en vuestras mentiras.
Como si nada.

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