“Paraíso”: Konchalovsky desnuda el periodo más negro de la historia

paradise_01La idea de Paraíso, la última película de Andrei Konchalovsky, es soberbia en su sencillez. Aparte de cualquier posible simbolismo que queramos buscarle plantea un hecho histórico verificable: el intento, – uno de tantos, tal vez el más sangriento de todos–  de crear un paraíso en la tierra, y lo hace a través de tres personajes que representan otras tantas actitudes: la del que impulsa el sueño, la del que colabora en su imposición y la del que se opone a él y acaba por convertirse en su víctima.

Helmut es un aristócrata alemán, heredero de una estirpe secular, heroica y convencida de su designio. Helmut representa el idealismo más exacerbado, el que considera inaceptable la realidad chata de la derrota y de la miseria, el que sólo es capaz de vivir en el sueño. Por eso Helmut es de los que se lanzan en brazos de los visionarios, de los voceros del mundo por venir, de los oportunistas que predican la llegada del  nuevo hombre y del reino milenario.

Jules representa las antípodas de Helmut,  es lo que se dice un pobre hombre. El ejemplo más claro del cinismo absoluto, no aquel que deriva de una actitud filosófica ante la moral imperante, sino el que carece de cualquier tipo de actitud moral previa a los actos. Jules es un colaborador del Régimen, de cualquier régimen, pues lo mismo le da uno que otro con tal de que garantice su bienestar. Como colaborador es mediocre, puesto que su eficacia nunca va más allá de su interés particular. Si Helmut es el impulsor del Infierno Jules es uno de tantos que mantienen vivas sus llamas, sin pregones ni alharacas, con una simple  y discreta tarea de fogonero.

Entre uno y otro Olga representa la vida en su vertiente despreocupada, mundana e incluso frívola. Con esa frivolidad inconsciente de la sociedad entreguerras que no veía, o no quería ver venir lo que se avecinaba. Con esa frivolidad de cualquier sociedad, clase o individuo que sólo ha conocido la comodidad. Olga es también la inocencia, la torpeza, la heroicidad a tropezones, el miedo. Es, en definitiva, el ciudadano vulnerable, ciego a los acontecimientos, sobre el que caerán las fuerzas destructivas desatadas.

kinopoisk.ruEn un entorno gris, en un plano fijo frontal, los tres personajes declaran ante un interrogador invisible. Se suceden los testimonios, los intentos de justificación, los recuerdos, entre escenas de tres vidas que en un momento determinado se cruzan para sellar un destino común.

Ciertas obras resultan dolorosas de contemplar por la lucidez descarnada que emanan. No se avienen a pacto alguno con aquel que las contempla; lejos de ser creaciones destinadas a apaciguar el espíritu muestran una visión de la realidad sin filtros, por muy cruda que ésta sea, y se mueven con la siempre difícil pirueta de buscar a toda costa la comprensión de la naturaleza humana, sin emitir juicio alguno, como la mirada  de un muerto, más allá del bien o del mal.

Paraíso es una obra de madurez rotunda, formalmente impecable, apoyada, como suele ocurrir en el cine del director ruso, en unas interpretaciones intensas. Es aparte de una gran película, un documento que es compendio de todo aquello en lo que es capaz de convertirse el ser humano cuando se deja arrastrar por los sueños de perfección.

El siglo XX queda resumido en aquel grabado de Goya que reza: “el sueño de la razón produce monstruos” o como lo definió el historiador Eric Hobsbawn “la era de los extremos”. Nunca, como en la primera mitad del siglo, la búsqueda de la perfección generó tanto dolor, nunca antes fueron sacrificados tantos inocentes en aras de un futuro supuestamente mejor. Lo peor de todo es que aún hoy en día el ser humano sigue dándole vueltas a la dichosa utopía, fijando la atención en el horizonte, en el punto lejano, mitificado por lo indefinible, y  sin ser capaz de ver la calzada repleta de cadáveres que conduce a su imposible realización.

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Dice Helmut, en uno de los fragmentados monólogos que son a la vez confesión y justificación, que tal vez la humanidad no está preparada para la perfección. Es cierto, la perfección es un absoluto que resulta ajeno a la naturaleza humana, y a la que únicamente somos capaces de aproximarnos como idea; su realización conduce indefectiblemente al desastre. la Historia, nos ha enseñado, si es que puede enseñarnos algo, que en esa complicada ecuación en la que se trata de encajar al hombre y a lo perfecto el hombre tiene siempre las de perder, con frecuencia la vida y siempre a manos de otros hombres.

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