#MuestraSyfy 2017 (III): La muestra del amor… impuro

31 snobs satanic

Empieza el sábado en la muestra y nos perdemos el pase matinal de la nominada al Óscar La vida de calabacín para descansar. No porque sea un pase lleno de familias y tenga niñofobia; la programación no da tregua y hay que estar frescos para la mandanga nocturna, el alma del festival. ¡Mis respetos a quienes estuvieron en Callao de 12:00 a 00:00! Vosotros levantaréis España.

neighbor

Entramos a las 16:00 con The good neighbor, ya ni siquiera hay cola, se puede ir entrando y cogiendo sitio según se llega. Hoy este aspecto irá más fluido, bravo. En la película acompañamos a dos amigos que organizan un experimento sociológico con su inquietante vecino, un ermitaño que apenas sale de casa, del que sospechan lo peor. Colocan cámaras y micros ocultos en su casa a lo Gran Hermano, con cierta intención de conseguir fama, para vigilar sus reacciones a las bromas y sustos que le preparan. La fantasía de cualquier cineasta voyeur o psiquiatra, cumplido. La película adopta ocasionalmente formato de found footage, alternando la realización con las cámaras de vigilancia. Nos sumergimos con ellos en esta vigilia, y esque espiar es un atractivo transgeneracional (La vida de los otros / El show de Truman / Hello Neighbor), mezcla de suspense y emoción. Sin embargo el perverso juego mental tiene efectos imprevistos en la psique del hombre… Todo ello aderezado por una gran banda sonora. La muy recomendable cinta critica la ambición por sobresalir de la masa, y plantea ¿hasta dónde estarías dispuesto a llegar por un millón de visitas en Youtube?

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Sin dilación entramos a ver I’m not a serial killer, protagonizada por Christopher Lloyd, aka Doc, y Max Records. Max encarna a un joven sociópata en terapia, que aprende e intenta controlar sus impulsos violentos (piromanía, maltrato animal, etc). Su personalidad le hace diferente en el instituto, pero este transtorno tiene una gran ventaja: identifica, por su comportamiento, al asesino en serie que tiene atemorizada a la ciudad. Sin embargo, este asesino no es humano, sino una combinación del mito del vampiro con Frankenstein, que mata por alargar su existencia. Le hará saber que conoce su secreto y entrarán en un juego persecutorio para ver quién es más inteligente y merece sobrevivir: sólo puede quedar uno. Esta es la premisa, pero la relación entre personajes no tiene suficiente fuerza, no se consigue una sensación real de peligro, se siembra una subtrama romántica sin fruto y el metraje resulta alargado de más. Más bien floja.

pet

A continuación se proyecta Pet, con Dominic Monaghan, aka Charlie de Lost. Un empleado de una perrera se encuentra con su crush del instituto, intenta seducirla, pero se le da de pena. Ante la negativa de la chica, empieza a stalkearla y acosarla, hasta que un día tiene la idea de secuestrarla y enjaularla en los sótanos de la perrera, haciendo honor al título, como su mascota. El muchacho, ingenuo, creerá que habrá alguna clase de síndrome de Estocolmo, pero la chica tiene una fortaleza oculta y encarrilará la situación, aprovechando que está enamorado de ella y el influjo que tiene sobre él. Ella está en la jaula, pero el prisionero es él. De nuevo, el tema es una pugna por ver quién tiene la mente más fuerte. Interesante y con buenos giros y algo de gore, reconduce la muestra por los derroteros de perversión habituales: en este punto ya se ha superado el nivel del viernes.

enano nazi

La cola crece considerablemente en el siguiente pase, 31 de Rob Zombie, muchos acuden al reclamo del director. Ambientada en el 31 de octubre de 1976, una compañía “circense” viaja por carretera por la América profunda. En cierto momento el camino está cortado y son secuestrados: unos snobs millonetis patrocinan toda la artimañana. Diseñan un juego en el que los raptados deben sobrevivir hasta el amanecer a sus truculentas pruebas y viciosos compinches. La película intenta histriónicamente ser lo más oscura, sucia y perturbadora posible, con efectos de sonido quemados y desagradables, imágenes pasadas de rosca, entre ellas esvásticas, un enano nazi, gente medio viva troceada y violada, una organización sectaria a lo Eyes Wide Shut, mujeres vilipendiadas, amputaciones y mil disparates más. Zombie es un esteta de lo enfermizo. Como el propio eslogan presume: te folla la mente. Un juego de supervivencia que nada tiene que envidiar a Saw en el apartado de violencia extrema, incluso llevando la repugnancia al siguiente nivel. La cuenta atrás y la dificultad in crescendo de los adversarios, rotando como números de circo, resulta muy estimulante, al igual que las personalidades de los villanos. Ante este desolador panorama, surge una triste anécdota. En mi misma sala, dos filas por detrás, una mujer grita y sale apresurada. Acto seguido llegan unos azafatos que piden salir a un señor. Esta procesión es acompañada por gritos de la mujer de “¡Cerdo!” y “¡Asqueroso!”. Toda una leyenda urbana se formó alrededor del suceso: la paja del Syfy, que el señor se había sacado el cimbrel. Pero no. Los sucesos serían esclarecidos al día siguiente: el tipo sentado a su lado empezó a meterle mano durante la orgía sangrienta. Fue identificado y expulsado. La organización de la muestra actuó impecablemente, y como diría Dolera, el machismo ataca en cualquier lugar y en cualquier momento. Difícil, y duro, pensar que a alguien le pueda excitar que corten a una joven moribunda con motosierra, y agreda a otra persona. La realidad fílmica traspasó la pantalla esa noche.

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Con la impresión en el cuerpo, da comienzo el último pase del sábado: Scare Campaign. Un programa de televisión de sustos de cámara oculta es exigido a elevar el listón de sus bromas, ante una ola de vídeos snuff que le roban popularidad en Youtube, rodados por una logia de enmascarados. Las bromas “blancas” con espíritus tienen que dejar paso a algo más truculento. Diseñan entonces el guión más enrevesado de la temporada en un alejado psiquiátrico abandonado. Se hace un juego de matrioskas, en el que primero se hace una broma, que se convierte en susto para una de las actrices. Pero más tarde surgirá un nuevo nivel: un topo en el equipo de grabación les traicionará, y todos estarán en una “broma” mayor, un programa dentro de otro programa… El formato es una mezcla entre MTV Pranked y pelis snuff caseras en Mini DV. Se refleja el ansia de la televisión por conseguir e igualar los clickbaits de Internet. Con reminiscencias a Game, los espectadores somos engañados junto con los personajes, y la progresiva escalada desde sustos inocentes a los verdaderos asesinatos es muy disfrutable (y acongojante).

Termina el día con la sensación general de que se ha mantenido un nivel muy bueno de media. La compañía es muy agradable en el 99% de asistentes, se crea cierto ambiente familiar. Pero el tiempo pasa volando en la sala y ya sólo queda un día. Es deprimente antes de que termine, como cuando intentas posponer una serie o un libro. Terminarlo deja cierto vacío… pero aquí el tiempo es inexorable. Toca resignarse y afrontarlo con una sonrisa, ¡como si de la despedida de un familiar a punto de ser desconectado se tratase! ¡Al tito Syfy le queda un día! ¡¡Oh no!!

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